Últimamente escucho algo muy seguido:
“Dormí todo el fin de semana… y aun así estoy
cansada.”
Y no hablan de sueño.
Hablan de un cansancio más profundo.
Ese que no se quita durmiendo.
Cada vez veo más personas
agotadas emocionalmente. Personas responsables, trabajadoras, “funcionales”.
Personas que cumplen con todo… menos consigo mismas.
Y muchas veces lo que hay detrás tiene nombre: burnout.
No es flojera.
No es falta de disciplina.
No es drama.
Es desgaste.
Es lo que pasa cuando llevas demasiado tiempo
siendo fuerte, resolviendo todo, estando disponible para todos, sin una pausa
real.
Vivimos en una cultura que nos empuja a
producir siempre. A contestar mensajes a cualquier hora. A compararnos. A hacer
más. A ser mejores. A no parar.
Descansar incluso nos da culpa.
Entonces el cuerpo empieza a hablar: apatía,
irritabilidad, desmotivación, cansancio constante.
Y forzarnos más no ayuda. De hecho, empeora.
A veces el problema no es que necesites
vacaciones.
Es que necesitas límites.
Decir “no”.
Bajar el ritmo.
Dejar de exigirte tanto.
Entender que tu valor no depende de cuánto haces.
Algo que repito mucho es esto:
No siempre necesitas ser más fuerte.
A veces necesitas ser más amable contigo.
Porque nadie puede vivir en modo supervivencia
para siempre.
Y tal
vez hoy la pregunta no sea ¿Cómo rindo más? sino ¿Qué necesito para estar
bien?.
Preguntas frecuentes
¿Es normal dormir todo el fin de semana y seguir con la sensación de agotamiento?
Ocurre más de lo que parece. Cuando el cansancio es emocional, el sueño repara el cuerpo pero no el desgaste de fondo. Suele venir de llevar mucho tiempo resolviendo, estando disponible para todos y sin pausas reales. Por eso un fin de semana alivia poco. Si se repite semana tras semana, conviene mirar qué carga hay detrás en lugar de exigirte todavía más.
¿Esto es falta de disciplina o simple pereza?
No lo es, aunque desde fuera pueda parecerlo. El agotamiento emocional aparece justo en personas responsables, que cumplen con todo y siguen tirando cuando ya no pueden. No es flojera ni drama: es desgaste acumulado. Leerlo como falta de voluntad suele llevar a forzarse más, y forzarse más no ayuda; en muchos casos empeora la situación.
¿Por qué me siento culpable cada vez que paro?
Vivimos empujados a producir siempre, a contestar mensajes a cualquier hora y a compararnos. Con ese ruido de fondo, parar se vive como fallar. La culpa aparece porque se ha ido mezclando el valor personal con la cantidad de cosas que uno saca adelante. Separar esas dos ideas lleva tiempo, y suele ser parte de lo que se trabaja en terapia.
¿Me bastaría con irme unos días de vacaciones?
A veces ayudan y a veces cambian poco. Si al volver todo sigue igual —el mismo ritmo, la misma disponibilidad, las mismas exigencias—, el alivio dura poco. En muchos casos lo que hace falta no es descansar más, sino poner límites: decir que no, bajar el ritmo, repartir. Un profesional puede ayudarte a ver dónde tienes margen para hacerlo.
Escrito por Heyling Ordoñez Lara, profesional de la psicología en Viving
Este artículo lo ha escrito y publicado su autora desde su perfil en la
plataforma. Viving lo aloja y le da difusión, pero no lo ha
redactado ni editado, y no ha pasado revisión clínica por parte
de un tercero: cuando la pasa, lo indicamos con el nombre y el número de
colegiado de quien la firma. Puedes leer
cómo trabajamos los contenidos de salud mental.
Este texto es información general y no sustituye a una consulta. Si hay
riesgo inmediato, llama al 112; para conducta suicida, al
024, 24 horas y gratuito.