Después de una interrupción voluntaria del embarazo no existe una forma correcta de sentirse. Hay quien nota sobre todo alivio y sigue con su vida sin mirar atrás. Hay quien siente tristeza, o una mezcla de emociones que no termina de entender. Y hay quien no siente nada especial y se pregunta si eso es normal. Todas esas experiencias son válidas. Este artículo no pretende valorar la decisión ni decirte qué deberías sentir, sino acompañarte a entender lo que te pasa por dentro, cuidar de ti y saber cuándo puede venirte bien hablarlo con alguien.
Ninguna emoción está de más
Una interrupción voluntaria del embarazo puede vivirse de maneras muy distintas según el momento vital, las circunstancias, la relación con la pareja o las propias creencias. Algunas reacciones frecuentes:
- Alivio. Para muchas personas es la emoción principal, sobre todo si la decisión estaba clara. Sentir alivio no significa ser frívola ni insensible.
- Tristeza o nostalgia. Puede aparecer aunque estés segura de haber decidido bien. Estar triste no implica arrepentirse.
- Ambivalencia. Sentir a la vez calma y pena, o certeza y dudas, es muy humano. Las decisiones importantes rara vez son emocionalmente puras.
- Rabia. Hacia las circunstancias, hacia otra persona o hacia una misma, por haber tenido que pasar por esto.
- Indiferencia. Hay quien no siente un gran impacto emocional. Tampoco eso es un problema.
Las emociones pueden cambiar con el tiempo. Lo que sientes la primera semana puede no ser lo mismo que sientas meses después, y eso tampoco dice nada malo de ti.
Cuando la emoción no encaja con lo que «se espera»
Alrededor del aborto circulan ideas contrapuestas sobre cómo debería vivirse. Desde unos sitios se da por hecho que tiene que doler; desde otros, que no debería afectar en absoluto. Esas expectativas pueden hacer que te sientas rara sientas lo que sientas. Si te alivia, quizá temas parecer fría; si te entristece, quizá temas que se interprete como arrepentimiento o como que te equivocaste.
Una idea que ayuda: las emociones no son veredictos. Sentir pena no convierte la decisión en un error, y sentir alivio no la convierte en algo trivial. Puedes estar en paz con lo que decidiste y, aun así, necesitar un tiempo para procesarlo.
Si lo que predomina es un sentimiento de culpa que no se va, que te lleva a castigarte o a repasar una y otra vez lo ocurrido, puede ayudarte leer sobre cómo afrontar la culpa. Y si sientes que hay algo malo en ti por lo que has vivido, el artículo sobre la vergüenza crónica puede darte otra mirada.
El secreto y la soledad
Muchas personas viven esta experiencia sin contársela a casi nadie. A veces por intimidad, a veces por miedo a ser juzgadas, a veces porque el entorno no lo entendería. Mantenerlo en privado es un derecho, y no tienes que dar explicaciones. Pero el silencio total puede pesar si necesitas hablarlo y no encuentras con quién.
Algunas ideas por si quieres compartirlo:
- Elige a quién. No hace falta contarlo a todo el mundo. Basta con una o dos personas que sepas que te escucharán sin sermones.
- Di qué necesitas. «No quiero opiniones, solo que me escuches» ayuda a que la otra persona sepa cómo estar contigo.
- No te debes justificaciones. Si alguien empieza a cuestionar tu decisión, puedes cortar la conversación con amabilidad y firmeza.
La pareja y las personas cercanas
Cuando hay pareja, cada uno puede vivirlo de forma distinta y en momentos distintos. Uno puede querer hablar y el otro pasar página rápido; uno puede sentirse aliviado y el otro triste. Esas diferencias no significan necesariamente que algo vaya mal, pero conviene hablarlas para que no se conviertan en distancia o reproches. Si os cuesta hacerlo sin discutir, la comunicación asertiva en pareja ofrece pautas útiles.
Si la decisión se tomó en desacuerdo, o si sentiste que la otra persona no estuvo a la altura, es normal que aparezcan resentimiento o decepción. Y si estás sola en esto, también es legítimo que te duela no haber tenido apoyo.
Fechas y recuerdos que vuelven
Hay personas a las que, pasado el tiempo, ciertos momentos les remueven: el aniversario, alguna fecha que para ti quedó marcada, un embarazo cercano o una conversación sobre hijos. Si te ocurre, no significa que no lo hayas superado ni que te arrepientas. Es la memoria haciendo su trabajo. Reconocerlo, darte un poco de espacio ese día o hablarlo con alguien de confianza suele ayudar más que forzarte a no pensar en ello.
Si en algún momento lo que sientes se parece más a un duelo, aunque la decisión fuera tuya, puede servirte leer sobre el duelo perinatal. Ese artículo habla de pérdidas no buscadas, pero algunas de sus ideas sobre el dolor que el entorno no ve pueden resonarte. Cada historia es distinta y no tiene por qué encajar en ninguna etiqueta.
Cómo cuidarte en los días y semanas siguientes
- Escucha a tu cuerpo y a tu ánimo. Date permiso para descansar, también emocionalmente.
- Sigue las indicaciones de tu equipo sanitario para cualquier duda física: es quien mejor puede orientarte.
- Limita la exposición a debates. Si las discusiones en redes o en medios te afectan, puedes alejarte de ellas un tiempo.
- Mantén rutinas sencillas. Comer, dormir, moverte un poco y ver a gente que te hace bien sostiene más de lo que parece.
- Escribe lo que sientes si no te apetece hablarlo. Ponerle palabras ayuda a ordenarlo.
Cuándo puede ayudarte un psicólogo
No todas las personas necesitan apoyo psicológico tras una interrupción voluntaria del embarazo, y no necesitarlo es perfectamente normal. Pero puede ser útil si:
- La tristeza, la ansiedad o la culpa se mantienen en el tiempo y no mejoran.
- Te cuesta dormir, concentrarte o retomar tu vida cotidiana.
- Te sientes muy sola o no tienes con quién hablarlo.
- La experiencia ha removido otros temas: la relación de pareja, el deseo o no de ser madre, vivencias anteriores.
- Notas que te juzgas con dureza o que el tema se ha vuelto un secreto que te pesa.
Un buen acompañamiento psicológico no cuestiona tu decisión ni te dice cómo debes sentirte: te ofrece un espacio confidencial para entender lo que vives a tu ritmo.
Si en algún momento sientes que no puedes más o aparecen pensamientos de hacerte daño, llama al 024 (atención a la conducta suicida, gratuito y 24 h) o al 112 en caso de urgencia.
Si quieres hablarlo con alguien, en Viving puedes encontrar psicólogos de psicología clínica y sanitaria que te acompañen online, con respeto y sin juicios.