Psicólogo online para ataques de pánico

Un ataque de pánico es una subida brusca de miedo intenso que alcanza su punto máximo en pocos minutos y va acompañada de síntomas físicos fuertes: taquicardia, ahogo, mareo, sudoración, sensación de irrealidad. Es intensamente desagradable y no es peligroso. Que no lo sea no lo hace menos real, y tiene tratamiento con resultados sólidos.

Qué ocurre durante una crisis

Lo que se dispara en un ataque de pánico es el sistema de alarma del organismo, el mismo que se activaría ante un peligro real: se libera adrenalina, el corazón acelera para bombear más sangre a los músculos, la respiración se vuelve rápida y superficial, la sangre se redistribuye hacia el tronco. De ahí vienen el hormigueo en las manos, el mareo y la sensación de irrealidad. Todo eso es la reacción de alarma completa, funcionando bien, pero sin nada delante de lo que huir.

La curva tiene forma reconocible: sube muy deprisa, llega a un pico en torno a los diez minutos y baja después, porque la adrenalina se metaboliza y el cuerpo no puede sostener esa activación. Ningún ataque de pánico dura horas. Lo que sí puede durar horas es el malestar y el agotamiento posteriores, y el miedo a que vuelva.

Es muy frecuente acabar en urgencias en la primera crisis convencido de estar sufriendo un infarto. Que te digan «no tiene nada» y te manden a casa sin más explicación deja a mucha gente peor: con el susto intacto y sin entender qué le ha pasado. Entender el mecanismo no es un detalle informativo, es la primera pieza del tratamiento.

Por qué el problema no es la crisis, sino lo que viene después

Una crisis aislada la ha tenido mucha gente y no deja secuelas. Lo que convierte esto en un problema instalado es el segundo movimiento: el miedo a que vuelva. Aparece la vigilancia del propio cuerpo —cada pinchazo, cada latido fuera de sitio pasa a ser sospechoso— y aparece la evitación de los sitios donde ocurrió o donde sería difícil salir: el metro, la autovía, el supermercado lleno, el cine.

Cada vez que evitas, el alivio es inmediato y la conclusión que saca el cerebro es la equivocada: «he evitado el peligro». Así el mapa de sitios seguros se va estrechando, y en los casos que se cronifican termina en agorafobia. También cuentan como evitación las conductas de seguridad más discretas: llevar siempre el ansiolítico en el bolsillo sin tomarlo, no ir sin compañía, sentarse siempre junto a la puerta.

Ese es el motivo por el que un tratamiento serio no se limita a enseñar a relajarse: si solo aprendes a bajar la activación, refuerzas la idea de que había algo de lo que salvarse.

El tratamiento que funciona, dicho sin adornos

El trastorno de pánico es uno de los cuadros con mejores resultados de toda la psicología clínica, y el protocolo está muy bien establecido. Tiene cuatro piezas. La primera es entender el mecanismo: saber qué es la adrenalina, por qué produce cada síntoma y por qué la curva baja sola. La segunda es aprender a respirar de otra manera, porque la hiperventilación fabrica buena parte de los síntomas que más asustan.

La tercera es la exposición interoceptiva, que es la parte que distingue un tratamiento de pánico de uno genérico de ansiedad: se reproducen las sensaciones temidas de forma controlada en consulta —hiperventilar unos segundos, girar para provocar mareo, subir escaleras para acelerar el pulso— hasta que dejan de significar «me está pasando algo». La cuarta es volver, de forma gradual y acordada, a los sitios que se habían retirado del mapa.

Con este protocolo, una proporción alta de personas deja de tener crisis o pasa a tenerlas de forma esporádica y manejable, y suele hacerlo en pocos meses. Es de los pocos sitios de la salud mental donde se puede decir algo así de rotundo.

Qué no ayuda

No ayuda que te digan «no es nada, es ansiedad». Es verdad que no es peligroso y es falso que no sea nada, y esa frase suele conseguir que la persona se sienta ridícula y tarde más en consultar.

No ayuda buscar en internet la explicación de cada síntoma físico: alimenta la vigilancia corporal, que es justo el motor del problema. Tampoco ayuda usar el ansiolítico como paracaídas cada vez que sube la activación; tomado a demanda en mitad de la crisis funciona como una conducta de seguridad más y dificulta la exposición. Si tienes medicación pautada, el ajuste lo decide quien te la recetó, no tú ni el psicólogo.

Y no ayuda esperar. El pánico responde mejor y más rápido cuanto menos tiempo lleva la evitación instalada, porque hay menos mapa que recuperar.

Si hay riesgo ahora mismo

Si tú o alguien de tu entorno estáis en peligro inmediato, llama al 112. Para conducta suicida, el 024 atiende las 24 horas, todos los días, de forma gratuita y confidencial. Esta página no es un servicio de urgencias.

Preguntas frecuentes

¿Qué especialista trata el ataque de pánico?

Un psicólogo general sanitario o un especialista en psicología clínica, colegiados, con formación en terapia cognitivo-conductual. Es importante que trabajen con exposición interoceptiva: es el componente específico del tratamiento del pánico y no todos los enfoques lo incluyen. El psiquiatra entra si conviene valorar medicación o si el cuadro va acompañado de otros problemas.

¿Cuál es la raíz de los ataques de pánico?

No hay una causa única. Se combinan una predisposición biológica a reaccionar con más intensidad, un periodo previo de estrés sostenido o falta de sueño, y sobre todo una forma de interpretar las sensaciones corporales como señal de catástrofe: leer una taquicardia como un infarto inminente dispara más adrenalina, que acelera más el corazón. Ese bucle entre sensación e interpretación es lo que la terapia desmonta.

¿Es curable el trastorno de pánico?

Es de los cuadros que mejor responden a tratamiento psicológico. Con el protocolo cognitivo-conductual completo, una proporción alta de personas deja de tener crisis o pasa a tenerlas de forma aislada y manejable, a menudo en pocos meses. Dicho esto, en salud nadie serio habla de curación garantizada: lo honesto es decir que el pronóstico es bueno y que quien completa el tratamiento suele quedarse además con recursos para manejar una recaída.

¿Cuándo se terminan los ataques de pánico?

La crisis en sí se agota sola: sube deprisa, hace pico alrededor de los diez minutos y baja, porque el cuerpo no puede sostener esa descarga de adrenalina. Que dejen de repetirse ya depende del tratamiento. Sin él pueden espaciarse y volver en la siguiente racha de estrés, y a menudo la evitación se va ampliando por el camino. Con tratamiento, lo habitual es una mejoría clara en pocos meses.

¿Qué hago mientras me está dando un ataque de pánico?

Quedarte donde estás si puedes, en vez de salir corriendo, y dejar que la curva baje: irse alivia en el momento y refuerza el problema. Alarga la espiración más que la inspiración, porque la hiperventilación fabrica el mareo y el hormigueo. Y recuérdate lo que está pasando de verdad: es una descarga de adrenalina, es desagradable, no es peligrosa y va a bajar sola. Si es la primera vez y hay dolor en el pecho que no habías tenido nunca, que te vea un médico para descartar lo físico.