Mordiscos en la escuela infantil: por qué muerden los niños y qué hacer

Niño pequeño de espaldas apoyado en una caja de madera blanca con lunares de colores, junto a un tractor de juguete
Entre el año y los tres años, los niños aún están aprendiendo a compartir, esperar y poner palabras a lo que sienten.

«Hoy ha mordido a un compañero». Pocas frases de la escuela infantil inquietan tanto a unos padres. Y si es al revés, y tu hijo vuelve a casa con la marca de unos dientes en el brazo, la sensación tampoco es agradable. Los mordiscos son muy habituales entre los niños de uno a tres años y, aunque resultan llamativos, en la mayoría de los casos forman parte de una etapa del desarrollo. Entender por qué ocurren te ayudará a reaccionar con calma, a colaborar con la escuela y a dejar de lado la culpa. En este artículo repasamos las causas más frecuentes, qué hacer en el momento, qué evitar y cuándo conviene pedir orientación.

Por qué muerden los niños pequeños

Un niño de esta edad no muerde por maldad ni porque «sea agresivo». Muerde porque todavía no tiene otras herramientas para expresar lo que le pasa. Estas son algunas de las razones más comunes:

  • Falta de lenguaje. Quiere un juguete, quiere que el otro se aparte o está enfadado, pero no sabe decirlo. El mordisco es rápido y eficaz.
  • Frustración. Otro niño le ha quitado algo, no le dejan subir al tobogán o está harto de esperar. La emoción le desborda.
  • Exploración. Los más pequeños exploran el mundo con la boca. A veces muerden para ver qué pasa, sin intención de hacer daño.
  • Molestias en la boca. Algunos niños muerden más cuando tienen la boca sensible. Si tienes dudas sobre esto, consúltalo con tu pediatra.
  • Cansancio, hambre o sobreestimulación. Un aula llena de ruido y niños a última hora de la mañana es terreno abonado para los conflictos.
  • Llamar la atención. Si morder provoca una reacción muy intensa en los adultos, el niño puede aprender que es una forma de conseguir que le miren.
  • Cambios en su vida. La llegada de un hermano, una mudanza o el propio inicio de la escuela pueden aumentar la tensión y, con ella, los mordiscos.

Cómo reaccionar en el momento

Lo que hagas justo después del mordisco importa. La idea es cortar la conducta, atender al niño que ha recibido el mordisco y ayudar al que ha mordido a entender lo que ha pasado, todo ello con calma:

  • Separa con firmeza y sin gritos. Un «No, morder no. Hace daño» dicho con voz seria y tranquila es suficiente.
  • Atiende primero al niño mordido. Así tu hijo ve que morder no le da protagonismo y, de paso, observa cómo se cuida a alguien que ha sufrido daño.
  • Pon palabras a lo que ha ocurrido: «Estabas enfadado porque quería tu coche. Puedes decir "mío" o venir a buscarme».
  • Ofrece una alternativa. Enséñale qué puede hacer en lugar de morder: apretar un cojín, decir «no», pedir ayuda a un adulto.
  • Si quiere, que repare. Llevarle un trozo de papel para secar las lágrimas o acariciarle el brazo ayuda a desarrollar empatía. No le obligues a pedir perdón de forma mecánica.

Lo que conviene evitar

Hay respuestas muy extendidas que no ayudan y que pueden empeorar las cosas:

  • Morderle de vuelta «para que sepa lo que se siente». El mensaje que recibe es que morder es aceptable cuando lo hace un adulto, y además le asusta y daña la confianza.
  • Castigos o gritos. A esta edad no relaciona bien el castigo con lo que ha hecho y solo aumenta el malestar.
  • Etiquetarle. Frases como «es un mordedor» o «es malo» pueden acabar formando parte de cómo se ve a sí mismo.
  • Largos sermones. Un niño de dos años no puede seguir una explicación extensa; lo breve y claro funciona mejor.

Hablar con la escuela infantil

Los mordiscos son algo con lo que las educadoras están muy familiarizadas, así que la colaboración con la escuela es clave. Algunas ideas para que esa conversación sea útil:

  • Pregunta cuándo y en qué situaciones suele morder: ¿al llegar?, ¿antes de comer?, ¿al compartir juguetes? Saberlo permite anticiparse.
  • Acordad una forma común de reaccionar, para que en casa y en el aula reciba el mismo mensaje.
  • Comparte si ha habido cambios recientes en casa que puedan estar influyendo.
  • Si tu hijo es el que recibe los mordiscos, pregunta qué medidas están tomando para protegerle y cómo le están acompañando. Es razonable que te preocupe, pero recuerda que la escuela no suele dar el nombre del otro niño, precisamente para evitar etiquetas entre familias.

Si los mordiscos coinciden con las primeras semanas de escuela, puede que tu hijo esté aún en pleno periodo de adaptación a la escuela infantil, una etapa en la que la tensión emocional suele estar más alta.

Y si tu hijo es el mordido

Ver una marca de dientes en la piel de tu hijo produce enfado y ganas de protegerle. Es comprensible. Aun así, conviene recordar que el otro niño también está aprendiendo y que, en otra etapa, el que muerde podría ser el tuyo. Ayuda a tu hijo a poner palabras («Te dolió, ¿verdad? Puedes decir "no" y buscar a la seño») y transmítele seguridad. Si los mordiscos se repiten mucho o ves que va con miedo a la escuela, háblalo con calma con las educadoras.

La culpa de los padres

Muchas madres y padres de niños que muerden sienten vergüenza o culpa, como si fuera la prueba de que algo hacen mal en casa. No es así. Morder es una conducta muy frecuente en esta etapa y no dice nada malo de tu forma de criar. Lo que sí está en tu mano es cómo respondes a partir de ahora. Si la culpa te pesa más de la cuenta, puede ayudarte leer sobre cómo afrontar la culpa constante.

Con el tiempo, a medida que el niño adquiere lenguaje y aprende a esperar, los mordiscos suelen desaparecer. Si tu hijo ya es mayor y lo que te preocupa son los golpes o empujones en el colegio, la situación es distinta: te lo explicamos en el artículo mi hijo pega en el colegio: qué puede haber detrás y qué hacer.

Cuándo pedir ayuda profesional

Conviene consultar si los mordiscos son muy frecuentes y no disminuyen con el tiempo pese a una respuesta coherente, si continúan cuando el niño ya se expresa bien con palabras, si van acompañados de otras dificultades (rabietas muy intensas, problemas de sueño importantes, aislamiento) o si la situación está generando mucho malestar en casa o en la escuela. En el artículo sobre cuándo la conducta de un niño necesita valoración tienes más señales orientativas.

Un psicólogo infantil puede ayudarte a entender qué está comunicando tu hijo con su conducta y a encontrar estrategias para el día a día. En Viving puedes contactar con psicólogos especializados en infancia y adolescencia que te acompañen en esta etapa.

Preguntas frecuentes

¿Es normal que un niño de dos años muerda?

Sí, es una conducta frecuente entre el año y los tres años. Suele estar relacionada con la falta de lenguaje, la frustración o la exploración, y tiende a desaparecer a medida que el niño aprende a expresarse.

¿Qué hago cuando mi hijo muerde a otro niño?

Separa con calma y firmeza, atiende primero al niño mordido, pon palabras a lo que ha pasado y ofrece a tu hijo una alternativa, como decir no o pedir ayuda a un adulto.

¿Sirve morderle para que aprenda que duele?

No. Morder de vuelta le transmite que morder es aceptable cuando lo hace un adulto, le asusta y daña la confianza. Funciona mejor una respuesta breve, firme y tranquila.

¿Cuándo debería preocuparme por los mordiscos?

Si son muy frecuentes y no disminuyen con el tiempo, si continúan cuando ya se expresa bien con palabras o si van acompañados de otras dificultades, conviene consultar con un psicólogo infantil.

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