Cuando el colegio o el instituto confirma que tu hijo va a repetir curso, es normal que en casa se mezclen muchas emociones: decepción, enfado, preocupación por su futuro y, a menudo, una buena dosis de culpa. Mientras tanto, tu hijo puede estar sintiendo vergüenza, miedo a perder a sus amigos o la sensación de que es «el tonto de la clase». La forma en que la familia viva esta noticia influye mucho en cómo la vivirá él. Repetir no tiene por qué ser un fracaso que le marque; puede ser una pausa para recolocar piezas, si se acompaña bien.
Lo que siente un niño o un adolescente que repite
Aunque a veces lo disimulen con indiferencia o con frases como «me da igual», la mayoría de los chicos y chicas que repiten lo pasan mal. Estas son algunas de las emociones más frecuentes:
- Vergüenza ante los compañeros, la familia extensa o los vecinos que preguntan «¿y qué tal el curso?».
- Tristeza por separarse de su grupo, sobre todo si sus amigos pasan de curso y él se queda en otra clase, con niños más pequeños.
- Sensación de incapacidad, la idea de que no vale para estudiar o de que es menos listo que los demás.
- Rabia contra profesores, contra el sistema o contra sí mismo.
- Miedo a defraudaros y a que cambie la imagen que tenéis de él.
En la adolescencia, el peso del grupo es enorme, así que perder la clase de siempre puede doler tanto o más que la propia repetición. En niños más pequeños, lo que más suele pesar es la sensación de haber hecho algo mal.
La culpa de los padres y cómo no trasladarla
Muchas madres y padres se preguntan qué hicieron mal: si no le ayudaron lo suficiente con los deberes, si no detectaron antes las dificultades, si la separación, el cambio de casa o el trabajo les tuvo demasiado ausentes. Es humano hacerse estas preguntas, pero conviene no quedarse atrapado en ellas. Una repetición casi nunca tiene una sola causa, y buscar culpables, dentro o fuera de casa, no ayuda a tu hijo a afrontar el próximo curso.
Tampoco ayuda que tu decepción o tu ansiedad se conviertan en el centro. Si el niño percibe que sus padres están hundidos o enfadados entre sí por su culpa, cargará con un peso extra. Date permiso para sentir lo que sientes, hablarlo con tu pareja o con alguien de confianza, y luego acercarte a tu hijo con la mayor serenidad posible.
Cómo contárselo y cómo hablar de ello
Si eres tú quien le da la noticia, o si tenéis que hablar de ella después de saberla, algunas claves pueden ayudar:
- Elige un momento tranquilo, sin prisas y sin hermanos u otras personas delante.
- Separa lo que ha pasado de quién es él. «Este curso no ha salido bien» es muy distinto de «eres un vago» o «no vales para estudiar».
- Escucha su versión. Pregúntale qué cree que ha pasado y qué le ha resultado más difícil. A veces aparecen datos que no conocías: problemas con compañeros, dificultades para entender a un profesor, agotamiento, desmotivación.
- Valida sus emociones: «Entiendo que te dé vergüenza y que te duela separarte de tus amigos».
- Ofrece un plan, no solo un juicio: «Vamos a pensar juntos qué podemos cambiar para que el año que viene sea distinto».
Pactad también qué contar a los demás. Ayudarle a preparar una respuesta corta para quien pregunte («voy a repetir para afianzar cosas») le da seguridad y evita que se sienta expuesto. Y pedid a la familia extensa que evite comentarios del tipo «a ver si espabilas».
Entender qué hay detrás antes de exigir más esfuerzo
Antes de pedir «más horas de estudio», merece la pena entender por qué el curso no ha salido. Las causas pueden ser muy distintas: dificultades de aprendizaje como la dislexia, problemas de atención, un bache emocional, acoso escolar, falta de hábito de estudio, una etapa de desconexión típica de la adolescencia o una mezcla de varias. Si sospechas que hay una dificultad específica, puedes leer sobre dislexia y autoestima o sobre el TDAH infantil, y comentarlo con el centro.
Si el problema de fondo es más bien que ha perdido las ganas, que nada le interesa y que se ha desenganchado de los estudios, te puede servir el artículo sobre el adolescente desmotivado con los estudios. Hablar con el tutor o la tutora y con el equipo de orientación del centro también es clave: ellos pueden aportar información sobre cómo ha ido el curso y qué apoyos tiene sentido poner en marcha.
Aprovechar el año: de la pausa a la oportunidad
Repetir puede convertirse en un año útil si no se plantea como «más de lo mismo». Algunas ideas para que lo sea:
- Cambiar el método, no solo el esfuerzo. Organizar un horario realista, aprender técnicas de estudio o buscar apoyo en las materias concretas que más cuestan.
- Poner metas pequeñas y alcanzables, y reconocer los avances, no solo las notas finales.
- Cuidar la vida social. Mantener el contacto con sus amigos de siempre fuera del aula y animarle a conocer a sus nuevos compañeros con alguna actividad compartida.
- Recuperar la confianza. Ver que entiende cosas que el año anterior le costaban puede ser muy reparador. Señálaselo cuando ocurra.
- Equilibrar. Que todo gire en torno a los estudios suele ser contraproducente. El deporte, las aficiones y el descanso también sostienen el rendimiento.
En algunos casos, la familia se plantea si es mejor que repita en otro centro para empezar de cero. Es una decisión que conviene valorar con calma y con el chico o la chica; si finalmente cambia, el artículo sobre cambiar de colegio te dará pistas para acompañar esa adaptación.
Cuándo pedir ayuda profesional
La mayoría de los chicos y chicas que repiten se recolocan con el tiempo y el apoyo adecuado. Pero conviene consultar con un psicólogo si observas que:
- Se muestra triste, irritable o apagado durante semanas y no remonta.
- Habla de sí mismo con mucho desprecio («soy un inútil», «no sirvo para nada»).
- Se aísla de sus amigos o se niega a ir al centro.
- Aparece mucha ansiedad ante los exámenes o bloqueos que antes no tenía.
- Los conflictos en casa por los estudios se han vuelto constantes y el vínculo se resiente.
Un profesional puede ayudar a entender qué hay detrás del bajo rendimiento, a trabajar la autoestima y a que la familia recupere un clima más sereno. Si crees que tu hijo, o vosotros como padres, necesitáis ese apoyo, en Viving encontrarás psicólogos especializados en psicología infantil y juvenil que pueden acompañaros en este curso tan particular.