Antes, cuando una relación terminaba, dejabas de ver a esa persona salvo que coincidierais por casualidad. Ahora, si no se toma ninguna decisión activa, su vida sigue apareciendo en el móvil: una foto nueva, un «visto hace 2 minutos», una historia en la que sale con gente que no conoces. Las redes sociales han añadido una capa entera al duelo de pareja que hace veinte años no existía, y gestionarla mal puede alargar mucho el proceso de superar una ruptura.

Por qué mirar su perfil engancha tanto
Revisar el perfil de una ex pareja después de la ruptura no es simple curiosidad: tiene un componente muy parecido al de una conducta compulsiva. Cada vez que se mira, hay una expectativa de encontrar algo —una señal de que está mal, una señal de que está bien, una señal de que se acuerda— y esa incertidumbre es precisamente lo que mantiene enganchada la conducta, de forma parecida a cómo funciona el scroll infinito en cualquier red social. El alivio que produce mirar dura minutos; el coste emocional, en cambio, suele durar mucho más.
Es importante no interpretar esta conducta como un signo de debilidad: el diseño de las redes sociales está pensado precisamente para generar ese tipo de enganche, y funciona igual de bien tanto si lo que se busca es una notificación como si es información sobre un ex.
Qué hacer con las fotos compartidas
No existe una única forma «correcta» de gestionar las fotos de la relación, pero sí conviene decidir de forma activa, en lugar de dejar que sigan apareciendo entre los recuerdos automáticos del móvil o en las redes. Algunas opciones intermedias que suelen funcionar mejor que los extremos —borrarlo todo de golpe o dejarlo todo tal cual— son: mover las fotos a una carpeta oculta en lugar de eliminarlas (permite decidir más adelante, con menos carga emocional, qué hacer con ellas), desactivar los recuerdos automáticos de esa fecha en el móvil, y despublicar en redes las publicaciones más íntimas si generan comentarios o preguntas incómodas de terceros. Lo urgente no suele ser borrar el pasado, sino dejar de tropezarse con él sin haberlo decidido.
Dejar de seguir, silenciar o bloquear: no es lo mismo
Estas tres opciones se confunden a menudo, pero cumplen funciones distintas. Silenciar mantiene el contacto activo pero oculta su contenido del propio feed, una opción discreta si hay contactos en común y no se quiere que la ruptura se note. Dejar de seguir (unfollow) retira la conexión pública sin bloquear del todo el acceso mutuo, y suele ser la opción más equilibrada cuando no hace falta cortar toda comunicación. Bloquear corta el contacto por completo en ambas direcciones, y es la opción más recomendable cuando ha habido una ruptura muy dolorosa, cuando hay contacto no deseado insistente, o cuando alguna de las dos personas necesita protegerse de forma clara. Ninguna opción es «la madura» por definición: la más adecuada es la que de verdad ayuda a bajar la ansiedad de revisar el perfil, no la que mejor quede de cara a los demás.
Los perfiles de amigos en común y las cuentas nuevas
Hay dos vías indirectas por las que suele colarse la información no deseada, y conviene tenerlas en cuenta además del perfil directo del ex. La primera son los perfiles de amistades en común: aunque se haya bloqueado o dejado de seguir a la expareja, sus publicaciones pueden seguir apareciendo etiquetadas o comentadas en cuentas de personas cercanas, así que a veces hace falta silenciar también esas cuentas durante un tiempo. La segunda son las cuentas secundarias o de «cotilleo» creadas expresamente para poder seguir mirando sin que la otra persona lo note; usarlas suele ser una señal clara de que la revisión del perfil se ha vuelto compulsiva y de que las herramientas de bloqueo ya no bastan por sí solas.
Cuándo esto se parece a un contacto cero parcial
Mantener el contacto activo en redes sociales mientras se intenta cortar el contacto en la vida real es una de las formas más habituales de sabotear, sin darse cuenta, un proceso de contacto cero. Si la decisión ha sido cortar comunicación directa, mantener las redes abiertas suele ser la grieta por la que se cuela el contacto indirecto: mirar sus historias, comentar indirectamente, dejar «me gusta» esperando una respuesta. El contacto cero funciona mejor cuando se aplica también a las redes, no solo al teléfono y los mensajes.
Qué hacer si no consigues dejar de mirar
Si después de varias semanas sigue costando mucho no revisar su perfil, y esa revisión viene seguida de tristeza, rabia o un bajón de ánimo notable, puede ayudar poner límites más estrictos de forma temporal: silenciar notificaciones de esa persona y de amistades comunes, borrar temporalmente la aplicación del móvil en lugar de solo la cuenta, o pedir a alguien de confianza que revise si hay contenido preocupante en lugar de hacerlo uno mismo. Si el proceso de superar la ruptura no avanza pasadas varias semanas, o la revisión compulsiva del perfil no baja de intensidad, conviene hablar con un profesional en lugar de esperar a que se resuelva solo.
Un psicólogo especializado en rupturas puede ayudar a poner límites realistas y a trabajar lo que hay debajo de esa necesidad de seguir mirando. En Viving puedes consultar con psicólogos online para acompañar este proceso.