Tienes fiebre, te duele todo y lo único que te apetece es que alguien te traiga un caldo y te pregunte cómo estás. En cambio, tu pareja sigue con su rutina, se agobia cuando le pides algo o desaparece justo cuando más le necesitas. Puede ser una gripe, una operación o una mala racha más larga, y la sensación es parecida: estás enfermo o enferma y te sientes solo o sola dentro de la relación. Este artículo trata de esa experiencia, de por qué puede ocurrir y de cómo hablarlo sin convertir el malestar en una batalla.
Por qué duele tanto que no te cuiden
Estar enfermo nos vuelve vulnerables. Dependemos más de los demás, tenemos menos energía para hacer las cosas solos y necesitamos sentir que alguien nos sostiene. Por eso, cuando la persona con la que compartes la vida no responde como esperabas, la herida va más allá del momento: puede despertar preguntas sobre si cuentas para tu pareja o si podrías apoyarte en ella en algo más serio.
Esa reacción es comprensible y no conviene minimizarla. Pero antes de sacar conclusiones sobre la relación, merece la pena entender qué ha pasado, porque detrás de un cuidado que no llega puede haber razones muy distintas.
Expectativas distintas de cuidado
No todo el mundo entiende lo mismo por cuidar. Para unas personas, cuidar es estar cerca, preguntar a menudo y ocuparse de todo. Para otras, es dejar espacio y no molestar. Hay quien, cuando enferma, quiere compañía y mimos, y hay quien prefiere que le dejen en paz. Si cada uno da lo que a él le gustaría recibir, es fácil que el otro se sienta desatendido o agobiado.
Algunos malentendidos frecuentes:
- Tu pareja cree que lo mejor es no interrumpirte mientras descansas, y tú lo vives como abandono.
- Tu pareja se centra en lo práctico, como comprar medicinas o ir a trabajar para cubrir lo de casa, y tú echas en falta presencia.
- Tu pareja espera que pidas lo que necesitas, y tú esperas que se dé cuenta sin decirlo.
Lo que traemos de nuestras familias
Cómo se cuidaba en casa cuando éramos pequeños suele marcar lo que esperamos y lo que sabemos dar. Si en tu familia cuando alguien enfermaba todo giraba a su alrededor, es probable que esperes algo parecido. Si en la familia de tu pareja la consigna era «no te quejes, que no es para tanto», puede que no sepa muy bien qué hacer, o que la enfermedad ajena le genere incomodidad.
También hay personas a las que ver a alguien querido enfermo les despierta mucha ansiedad, quizá por experiencias pasadas con enfermedades graves en su entorno. En esos casos, alejarse puede ser una forma torpe de protegerse, no una falta de cariño. Entenderlo no hace que deje de dolerte, pero puede ayudarte a hablarlo con menos rabia.
Pedir lo que necesitas
Esperar que la otra persona adivine lo que necesitas suele terminar en decepción. Aunque pueda parecer que «si me quisiera, lo sabría», lo cierto es que muchas personas cuidan mejor cuando saben qué se espera de ellas. Algunas ideas:
- Sé concreto o concreta. «Me vendría bien que me prepares algo de cena y te sientes un rato conmigo» funciona mejor que «podrías preocuparte un poco».
- Habla de lo que sientes, no de lo que hace mal. «Me siento muy sola o muy solo cuando estoy así» abre más que un reproche.
- Hablad en frío. Cuando ya te encuentres mejor, comentad qué os gustaría a cada uno la próxima vez que alguien enferme.
- Acepta que puede cuidar a su manera. Quizá no te pregunte cada hora, pero sí se encarga de todo lo demás.
Si te cuesta pedir ayuda sin sentir que molestas, en comunicación asertiva en pareja encontrarás claves para hacerlo de forma clara y sin reproches.
Ponerse en el otro lado
A veces quien cuida también está al límite: tiene que sostener el trabajo, la casa y, quizá, a los hijos, mientras tú te recuperas. Eso no justifica la desatención, pero puede explicar que la ayuda llegue con menos paciencia de la que te gustaría. La perspectiva de quien cuida la abordamos en cuidar de tu pareja enferma, y puede ayudaros a entenderos mejor si la situación se alarga.
Cuando la enfermedad es larga o crónica, el reto es mayor y conviene reorganizar la relación con más calma. Este artículo sobre adaptarse a una enfermedad crónica puede orientaros en esa etapa.
Cuándo puede ser una señal de algo más
Un episodio aislado de torpeza no define una relación. Pero sí merece atención si el patrón se repite en otros momentos difíciles, si te sientes solo o sola también cuando estás bien, si tu pareja se burla de tu malestar o lo usa en tu contra, o si te hace sentir culpable por necesitar ayuda. Si sientes que esta desconexión va más allá de la enfermedad, quizá te sirva leer sobre sentirse solo en pareja.
Y si en algún momento tu pareja te niega atención médica, te impide ir al médico, controla tu medicación o te humilla por estar enfermo o enferma, ya no hablamos de expectativas distintas. En esa situación puedes llamar al 016, el teléfono de atención a víctimas de violencia de género, gratuito y que no deja rastro en la factura, o al 112 si hay una urgencia.
Cuándo pedir ayuda profesional
Puede ser útil consultar si esta situación te ha dejado una herida que no se cierra, si cada intento de hablarlo acaba en discusión, si sientes que no puedes contar con tu pareja en general o si tu pareja reconoce que le cuesta cuidar y quiere entender por qué. En terapia de pareja se pueden explorar las expectativas de cada uno, lo que traéis de vuestras familias y cómo construir una forma de cuidaros que os sirva a los dos.
Si quieres revisar cómo os cuidáis en los momentos difíciles, en Viving puedes encontrar psicólogos especializados en pareja y sexualidad que os acompañen a hablarlo con calma y sin culpas.