Algunas personas lo tienen claro desde siempre: quieren hijos, o saben que no los quieren. Pero muchas otras viven en un punto intermedio, incómodo y a veces silencioso. Te imaginas con un bebé y algo se ilumina; al momento piensas en todo lo que cambiaría y algo se encoge. Pasan los años, la pregunta vuelve en cada cumpleaños, en cada comida familiar, en cada anuncio de embarazo de alguien cercano. Si no sabes si quieres tener hijos, no estás haciendo nada mal. Es una de las decisiones más grandes de la vida, y es lógico que cueste.
La ambivalencia es normal
Sentir dos cosas a la vez sobre la maternidad o la paternidad es mucho más común de lo que parece. Puedes desear la experiencia de criar y, al mismo tiempo, temer perder libertad, tiempo o proyectos. Puedes no sentir un deseo intenso y, aun así, no querer cerrar la puerta. La ambivalencia no significa que estés confundido o que no te conozcas; significa que valoras cosas diferentes que, en este tema, no siempre caben juntas.
El problema no suele ser la duda en sí, sino la presión por resolverla rápido y la idea de que, si fuera lo correcto, lo sabrías con certeza absoluta. En decisiones vitales importantes, esa certeza total rara vez llega. Además, la duda suele intensificarse cuando te comparas con el calendario de los demás, algo que tratamos en el artículo sobre cumplir 30 y sentir que vas tarde.
El reloj biológico y la sensación de prisa
La conciencia del paso del tiempo añade urgencia, sobre todo a medida que se acercan ciertas edades. Esa prisa puede llevar a decidir desde la ansiedad y no desde el deseo. No vamos a entrar aquí en datos médicos sobre fertilidad, que conviene consultar de forma individual con un profesional sanitario. Lo que sí podemos decir es que separar la información médica, que es concreta, de la presión emocional, que lo tiñe todo, ayuda a pensar con más claridad.
Para algunas personas, conocer opciones que permiten ganar tiempo alivia la urgencia; para otras, añade otra decisión difícil. Si estás valorando esa vía, puede interesarte el artículo sobre la decisión emocional detrás de congelar óvulos.
La presión de la familia y del entorno
«¿Y vosotros para cuándo?», «se te va a pasar el arroz», «ya cambiarás de opinión», «no sabes lo que te pierdes». Los comentarios del entorno, aunque a menudo bienintencionados, pueden hacer muy difícil escucharte. A veces es difícil distinguir si deseas tener hijos o si deseas dejar de sentirte presionado, o si no quieres tenerlos o simplemente te rebelas ante la expectativa ajena.
Es parecido a lo que ocurre con la presión por tener pareja, de la que hablamos en el artículo sobre soltería y presión social. Poner límites a esas preguntas, con frases sencillas como «es algo que estoy pensando y prefiero no hablarlo ahora», te devuelve espacio para decidir.
El miedo a arrepentirte, en las dos direcciones
Uno de los nudos más habituales es el miedo al arrepentimiento. Y aparece en ambos sentidos: miedo a no tener hijos y lamentarlo más adelante, y miedo a tenerlos y sentir que has renunciado a la vida que querías. Ese doble miedo puede paralizar.
Algunas ideas que pueden ayudarte a mirarlo:
- Ninguna opción garantiza la ausencia de pérdida. Cualquier camino implica renunciar a otro, y eso forma parte de elegir.
- Es posible construir una vida con sentido tanto con hijos como sin ellos.
- El arrepentimiento suele ser más llevadero cuando sabes que decidiste con la información y la reflexión que tenías en ese momento.
- No decidir también es una forma de decidir, así que conviene hacerlo de forma consciente.
Preguntas que pueden ayudarte a aclararte
No se trata de encontrar la respuesta en una tarde, sino de darte material para pensar. Puedes escribir las respuestas y volver a ellas con el tiempo:
- Si nadie fuera a opinar, ¿qué te gustaría hacer?
- Cuando te imaginas dentro de muchos años, ¿qué escenas te dan paz y cuáles te inquietan?
- ¿Qué te atrae de criar: el vínculo, transmitir algo, formar una familia, la experiencia en sí?
- ¿Qué te asusta concretamente: el dinero, el cansancio, repetir lo que viviste en tu infancia, perder tu identidad?
- ¿Hay otras formas de cuidar, educar o dejar huella que también te llenen?
- ¿Tu duda tiene que ver con los hijos en sí o con el momento, la pareja o las circunstancias actuales?
A menudo, la historia familiar pesa más de lo que creemos. Si tu infancia fue difícil, el miedo puede ser a repetirla, y eso es algo que se puede trabajar.
Cuando la duda es de pareja
Si tienes pareja, la ambivalencia individual se cruza con la del otro. Puede que uno lo tenga claro y el otro no, o que los dos dudéis por motivos distintos. Es importante que cada uno explore primero su propia posición, sin presionar al otro para que decida por los dos. Si la diferencia es grande y persistente, te puede servir el artículo sobre qué hacer cuando tú quieres hijos y tu pareja no.
Cuándo puede ayudarte un psicólogo
Hablarlo con un profesional no significa que te vayan a decir qué hacer. Un psicólogo no tiene una respuesta correcta para ti; su papel es ayudarte a escuchar tus deseos, separar tus miedos de los de los demás y tomar una decisión con la que puedas vivir. Puede ser especialmente útil si la duda te genera ansiedad intensa, si afecta a tu relación de pareja, si notas que la presión del entorno no te deja pensar, o si tu historia familiar hace que el tema remueva mucho.
Una decisión así merece tiempo y un espacio tranquilo donde pensarla. En Viving puedes encontrar psicólogos que acompañan las transiciones del ciclo vital y que te ayudarán a aclararte sin juicios.