Un día descubres que tu hijo cierra la puerta del baño con pestillo, que tu hija ya no quiere que la veas cambiarse, o que en la ropa sucia hay un olor que antes no estaba. La pubertad llega a veces sin avisar y trae cambios en el cuerpo, en las emociones y en la forma de relacionarse. Muchas madres y padres saben que deberían hablar de ello, pero no encuentran el momento ni las palabras, y acaban dejándolo para más adelante. Este artículo te propone cómo abordar esas conversaciones con naturalidad, sin sermones y sin vergüenza.
Por qué conviene hablarlo, aunque dé apuro
Los cambios de la pubertad pueden vivirse con curiosidad o con angustia, y una de las cosas que más marca la diferencia es saber qué va a pasar antes de que pase. Una chica a la que nadie ha explicado qué es la regla puede asustarse mucho el día que le baja. Un chico al que le cambia la voz o le sale vello sin haberlo hablado puede sentirse raro o pensar que le pasa algo.
Además, si en casa no se habla, la información llegará igualmente: de amigos, de vídeos o de páginas de internet, muchas veces incompleta, exagerada o directamente equivocada. Hablar con tu hijo no evita que busque por su cuenta, pero le da un punto de referencia fiable y, sobre todo, le enseña que contigo se puede hablar del cuerpo sin que sea un tabú.
Cuándo empezar: antes de lo que piensas
No hay una edad exacta, porque cada niño tiene su propio ritmo y la pubertad no empieza igual para todos. La idea es empezar antes de que lleguen los cambios, no cuando ya están ahí. Y mejor que una gran charla única, funcionan pequeñas conversaciones repartidas en el tiempo, aprovechando ocasiones cotidianas:
- Una pregunta que hace sobre algo que ha visto o escuchado.
- Un anuncio de compresas o desodorante en la tele.
- Un hermano mayor o un primo que está pasando por ello.
- Un libro adaptado a su edad que podéis leer juntos o dejarle para que lo hojee solo.
Si tienes dudas sobre si su desarrollo va a un ritmo esperable, o algo te preocupa, consúltalo con pediatría. Es quien puede valorar lo médico y resolver dudas concretas sobre su crecimiento.
De qué hablar con chicas y con chicos
Aunque cada cuerpo cambia a su manera, conviene que tanto chicas como chicos conozcan los cambios de ambos sexos. Saber lo que les pasa a los demás reduce burlas y ayuda a entenderse. Algunos temas que suelen surgir:
- La primera regla. Qué es, por qué ocurre, que es algo normal y sano, cómo usar compresas u otros productos, qué hacer si le baja en el colegio. Preparar juntos un pequeño neceser para la mochila da mucha tranquilidad.
- El vello en distintas partes del cuerpo, y que cada persona decide qué hacer con él.
- La voz, que en los chicos puede cambiar y «gallear» durante un tiempo, algo que suele dar mucha vergüenza.
- El olor corporal y el sudor, y la importancia de la ducha diaria y el desodorante, sin convertirlo en motivo de burla.
- La piel, que puede volverse más grasa y con granos. Si le afecta mucho a cómo se ve, te puede servir el artículo sobre acné en la adolescencia y autoestima.
- El crecimiento y los cambios en la forma del cuerpo, que no van al mismo ritmo en todos los amigos.
- Las emociones: más sensibilidad, cambios de humor o necesidad de estar a solas también forman parte de esta etapa.
Usa palabras claras y correctas para nombrar las partes del cuerpo, con un tono tranquilo. Los eufemismos transmiten que hay algo de lo que avergonzarse. Si no sabes responder a algo, puedes decir «no lo sé, lo buscamos juntos» o «lo preguntamos en el pediatra».
La vergüenza: suya y tuya
Es muy normal que en esta etapa tu hijo se muestre pudoroso, se cierre en el baño o se ponga rojo si sacas el tema. Respetar su intimidad es clave: llamar antes de entrar en su cuarto, no comentar su cuerpo delante de otros, no hacer bromas sobre su pecho, su voz o su olor, aunque sean cariñosas. Lo que para un adulto es una broma inocente, para un preadolescente puede ser una humillación difícil de olvidar.
También es normal que a ti te dé apuro. Muchos adultos crecieron en casas donde de esto no se hablaba. Reconocerlo puede romper el hielo: «A mí nadie me lo explicó y me habría gustado que alguien lo hiciera, así que aunque me dé un poco de vergüenza, quiero hablarlo contigo». A veces ayuda hablar mientras hacéis otra cosa, en el coche o cocinando, sin necesidad de mirarse a los ojos todo el rato.
Si eres madre de un chico o padre de una chica
Hay familias en las que se da por hecho que la madre habla con las hijas y el padre con los hijos. No tiene por qué ser así. Un padre puede explicar la regla con naturalidad y una madre puede hablar con su hijo de los cambios que está notando en su cuerpo o en su voz. De hecho, que lo haga el progenitor del otro sexo enseña algo valioso: que estos temas no son secretos de un solo grupo.
Si eres madre o padre en solitario, o sientes que no te salen las palabras, puedes apoyarte en libros, en otro adulto de confianza de la familia o en el pediatra. Lo importante es que tu hijo sepa que puede acudir a ti con cualquier duda.
Cuerpo, redes y autoestima
La pubertad coincide con una época en la que muchos chicos y chicas pasan más tiempo en redes y empiezan a compararse con cuerpos que ven en pantalla, a menudo retocados. Hablar de que cada cuerpo cambia a su ritmo y de que lo que ven en internet no es la norma les protege. Lo tratamos con más detalle en adolescentes y autoestima corporal en redes. Y si tu hijo está preocupado por su peso, el artículo sobre cómo hablar del peso sin dañar su autoestima te puede orientar.
Más adelante llegarán otras conversaciones, como las primeras relaciones o la sexualidad. Si ya habéis hablado con naturalidad de los cambios del cuerpo, esas charlas serán más fáciles. Cuando llegue el momento, puede ayudarte el artículo sobre primeras relaciones de pareja en adolescentes.
Cuándo pedir ayuda profesional
La mayoría de los chicos y chicas atraviesan la pubertad con altibajos normales. Pero conviene consultar si observas que:
- Rechaza su cuerpo de forma muy intensa o se esconde de manera extrema.
- Deja de comer, come a escondidas o se obsesiona con el ejercicio.
- Sufre burlas por su desarrollo y está afectando a su ánimo o a su vida en el colegio.
- Se muestra muy triste, irritable o aislado durante semanas.
- Los cambios físicos te generan dudas: en ese caso, la primera consulta es con pediatría.
Si sientes que necesitas apoyo para acompañar a tu hijo en esta etapa, en Viving puedes encontrar psicólogos especializados en psicología infantil y juvenil que pueden ayudarte a abrir estas conversaciones con tranquilidad.