Tu pareja pasa horas jugando a videojuegos: cómo hablarlo sin discutir

Una persona de espaldas, sentada en un sofá gris verdoso, levanta un mando de consola en cada mano frente a un televisor colgado en la pared
Jugar puede ser un buen momento de descanso; el problema aparece cuando no queda tiempo para nada más.

Llega la noche, cenáis, y tu pareja se va al sofá con el mando o se encierra frente al ordenador con los cascos puestos. Tú te quedas con la sensación de que la casa está en silencio aunque estéis los dos. Jugar a videojuegos es un ocio tan legítimo como leer, ver series o hacer deporte, y para muchos adultos es una forma de desconectar o de mantener amistades. Pero cuando ocupa casi todo el tiempo libre, puede dejar a la otra persona en segundo plano. Este artículo va de eso: cómo distinguir el ocio de la desconexión, cómo plantearlo sin convertirte en quien controla y qué señales merecen una consulta.

Ocio legítimo o desconexión de la relación

Lo primero es quitarle peso moral al asunto. Los videojuegos no son un ocio «infantil» ni peor que otros. Tu pareja puede jugar varias horas a la semana y que la relación esté perfectamente. La pregunta útil no es cuánto juega, sino qué espacio queda para vosotros.

Algunas diferencias que pueden orientarte:

  • Ocio compatible: juega en ratos acordados, puede parar si surge algo, sigue habiendo tiempo compartido y el juego no sustituye las conversaciones.
  • Desconexión: el juego ocupa casi todas las tardes y fines de semana, cuesta que pare para cenar o acostarse a la vez, y los planes en común se van reduciendo sin que nadie lo haya decidido.

Muchas veces no es el videojuego en sí, sino lo que representa: una forma de evitar el cansancio, el estrés o incluso conversaciones pendientes. Lo mismo podría ocurrir con el trabajo o con el móvil, como explicamos al hablar del phubbing en la pareja.

Sentirte en segundo plano

Lo que suele doler no es la consola, sino la sensación de que hay algo más interesante que tú. Quizá le hablas y responde con monosílabos, o los planes del fin de semana dependen de si tiene una partida con sus amigos. Con el tiempo, esto puede generar tristeza, rabia o una sensación de soledad aunque viváis juntos, algo que describimos en el artículo sobre sentirse solo en pareja.

Es importante que no te quites la razón a ti mismo: sentirte desplazado es una experiencia válida, aunque tu pareja no lo haga con mala intención. Pero también conviene mirar si el desequilibrio va más allá del juego. A veces, el videojuego es la parte visible de un reparto desigual de tareas, que acaba en carga mental para quien se ocupa de todo mientras el otro desconecta.

Cómo plantearlo sin hacer de madre o de padre

Una de las trampas más comunes es acabar en un papel de control: recordar la hora, apagar la tele, quejarse en tono de reproche. Ese papel desgasta a quien lo ejerce y hace que el otro se sienta tratado como un niño, lo que suele llevar a defenderse en lugar de escuchar.

Algunas ideas para que la conversación funcione mejor:

  • Elige otro momento. No en mitad de la partida ni cuando ya estás enfadado. Mejor un rato tranquilo, sin pantallas delante.
  • Habla de ti, no del juego. «Echo de menos nuestras noches juntos» funciona mejor que «siempre estás con la maldita consola».
  • Pide algo concreto. Por ejemplo, cenar sin pantallas, reservar una tarde a la semana para un plan juntos o acordar una hora para acostaros a la vez.
  • Muestra interés. Preguntar a qué juega o qué le aporta no significa darle la razón; ayuda a que no se ponga a la defensiva y a entender qué necesita.
  • Negociad, no impongáis. Un acuerdo que los dos aceptáis tiene más posibilidades de cumplirse que una norma dictada.

Si te cuesta plantearlo sin que acabe en discusión, puede ayudarte leer sobre cómo pedir lo que necesitas en pareja.

Buscar puntos de encuentro

No se trata de elegir entre el juego y la relación. Algunas parejas encuentran equilibrio integrando el ocio de uno en la vida común: jugar juntos de vez en cuando, compartir una afición nueva o simplemente estar en la misma habitación haciendo cosas distintas, pero sin aislarse. Otras prefieren espacios bien separados: horas de juego acordadas y tiempo de pareja protegido.

También ayuda revisar el tiempo compartido en general. Si la relación ha entrado en piloto automático, el videojuego puede ser solo un síntoma. Recuperar pequeños rituales, como salir a pasear o cocinar juntos, puede tener más efecto que discutir sobre las horas de juego. En el artículo sobre la rutina en la pareja hay ideas para ello.

Cuándo puede ser algo más

No corresponde a la pareja ponerle un nombre clínico a lo que pasa. Pero sí hay señales que merecen tomarse en serio y, quizá, consultar con un profesional:

  • Deja de cumplir con obligaciones importantes, como el trabajo, los estudios o el cuidado de los hijos.
  • Duerme muy poco de forma habitual por jugar hasta tarde.
  • Se irrita mucho cuando no puede jugar o cuando se le interrumpe.
  • Gasta dinero en el juego de forma que genera problemas o lo oculta.
  • Parece usar el juego para no pensar en algo que le hace sufrir, como un problema laboral, una tristeza persistente o ansiedad.
  • Intenta reducirlo y no lo consigue.

Si observas varias de estas señales, lo más útil es hablarlo desde la preocupación, no desde la acusación: «te noto agotado y me preocupa que no duermas» abre más puertas que una etiqueta. Un psicólogo puede valorar qué está pasando y si hay algo de fondo que conviene atender.

Si lo que te preocupa es el uso que hace un hijo, la situación es distinta y tiene otras claves; en ese caso puedes leer cuándo preocuparse por el uso de videojuegos de tu hijo.

Puede ser buena idea pedir ayuda si las conversaciones sobre el juego acaban siempre en discusión, si uno de los dos se siente solo o resentido de forma persistente, si la relación se ha convertido en una convivencia sin intimidad o si alguna de las señales anteriores os preocupa. La terapia de pareja ofrece un espacio para hablar de necesidades distintas sin culpabilizar, y la terapia individual puede ayudar a quien juega a entender qué le aporta y qué está evitando, si es el caso.

Si queréis trabajarlo con acompañamiento, en Viving podéis encontrar psicólogos especializados en pareja que os ayuden a encontrar un equilibrio entre el ocio de cada uno y el tiempo compartido.

Preguntas frecuentes

¿Es normal que mi pareja juegue a videojuegos todos los días?

Jugar es un ocio legítimo para muchos adultos. Más que las horas, importa si queda espacio para la relación y si puede parar cuando hace falta.

¿Cómo decirle a mi pareja que juega demasiado sin discutir?

Elige un momento tranquilo, habla de cómo te sientes en lugar de criticar el juego y propón acuerdos concretos, como cenar sin pantallas o reservar tiempo juntos.

¿Cuándo preocuparse por el uso de videojuegos en un adulto?

Si deja obligaciones importantes, duerme muy poco, se irrita mucho cuando no juega, gasta dinero que no puede o intenta reducirlo sin conseguirlo, conviene consultar con un profesional.

¿La terapia de pareja puede ayudar con este problema?

Sí. Ofrece un espacio para hablar de necesidades distintas sin culpabilizar y para buscar un equilibrio entre el ocio de cada uno y el tiempo compartido.

Ver psicólogos en Viving →

Seguir leyendo