Primero fueron unas zapatillas concretas, porque «todos las llevan». Luego una mochila de una marca, un juego, unas cartas coleccionables. Ahora es el móvil, y el argumento de siempre: «Soy el único de la clase que no tiene». Muchos padres se ven atrapados entre el deseo de que su hijo no se sienta distinto, el bolsillo y la sensación de que ceder una y otra vez no le está enseñando nada bueno. Querer lo que tienen los demás es algo muy humano y muy frecuente en la infancia. La cuestión no es eliminar ese deseo, sino ayudar a tu hijo a entenderlo y a manejarlo. Veamos cómo.
Por qué los niños quieren lo que tienen los demás
Detrás del «yo también lo quiero» rara vez hay solo capricho. Los niños se comparan constantemente con sus iguales porque así aprenden quiénes son y dónde encajan. Tener lo mismo que los demás les da una sensación de pertenencia: no quedarse fuera de la conversación, del juego del recreo o de la foto del grupo.
A esto se suma un entorno que empuja con fuerza. La publicidad, los vídeos de otros niños abriendo regalos o las tendencias que se extienden por las redes hacen que el deseo aparezca más rápido y con más intensidad. En los más mayores, influye también ese miedo a quedarse fuera de lo que viven los demás, lo que se conoce como FOMO. Y cuando un niño se siente inseguro, los objetos pueden convertirse en una forma de sentir que vale lo mismo que los demás.
Envidia: una emoción que también se puede educar
Muchos padres se alarman cuando ven a su hijo envidioso, como si fuera un defecto de carácter. Pero la envidia es una emoción más, como la tristeza o el enfado, y todos la sentimos en algún momento. Lo que marca la diferencia es qué hacemos con ella.
En lugar de reñirle por sentirla («no seas envidioso»), ayuda ponerle nombre: «Parece que te da rabia que Lucas tenga esa consola y tú no». Que el niño se sienta comprendido no implica que vaya a conseguir lo que pide. Pero sí le enseña que puede hablar de lo que siente sin avergonzarse, y eso facilita que más adelante lo gestione mejor. Si con los adultos también os pasa, puede interesarte el artículo sobre la envidia entre amigos: los niños aprenden mucho de cómo lo manejamos nosotros.
«Todos lo tienen»: cómo responder sin sermones
Es probablemente la frase más repetida. A veces es verdad y a veces se refiere a dos o tres compañeros. Discutir si «todos» son todos no suele llevar muy lejos. Funciona mejor:
- Preguntar qué significa para él. «¿Qué crees que cambiaría si lo tuvieras?». A veces descubres que lo que busca es jugar con un grupo concreto o dejar de sentirse diferente.
- Explicar vuestros motivos con sencillez. «En casa decidimos así por esto» es más claro que un discurso sobre el consumismo.
- No ceder solo por la presión. Si cada «todos lo tienen» acaba en compra, el niño aprende que insistir funciona.
- Buscar alternativas. Si lo que quiere es participar en un juego, quizá hay formas de hacerlo sin el objeto concreto.
En el caso del móvil, la decisión tiene implicaciones que van más allá del deseo de encajar. Hay ideas concretas en el artículo sobre el primer móvil de tu hijo: cuándo y cómo dárselo.
Tolerar la frustración de no tenerlo todo
Escuchar un «no» y sobrevivir a ello es un aprendizaje importante. Los niños que siempre consiguen lo que piden lo tienen más difícil después para esperar, esforzarse o aceptar que las cosas no salen como quieren. No se trata de negar por negar, sino de que el «no» forme parte de la vida con naturalidad.
Cuando le digas que no, espera el enfado o la tristeza, y acompáñalo sin cambiar la decisión. Es normal que proteste. Si sus reacciones son muy intensas en muchas situaciones, no solo con los objetos, puede ayudarte leer sobre la baja tolerancia a la frustración en niños.
Hablar de dinero en familia
Muchos niños no tienen ni idea de lo que cuestan las cosas ni de dónde sale el dinero. Hablar de ello con naturalidad, adaptado a su edad, les ayuda a entender que los recursos son limitados y que en una familia se eligen prioridades. Algunas ideas prácticas:
- Dar una paga pequeña y dejar que decida en qué gastarla, incluso si se equivoca.
- Ahorrar juntos para algo que desea mucho, para que viva el valor de esperar y conseguirlo.
- Hacerle partícipe de decisiones sencillas: comparar precios en el súper o elegir entre dos planes.
- Explicar, sin dramatizar ni cargarle de preocupaciones adultas, que hay cosas que ahora no son posibles.
Transmitir valores sin sermonear
Los discursos sobre el consumismo suelen entrar por un oído y salir por el otro. Los valores se transmiten mucho más por lo que ve en casa: cómo hablan los adultos de lo que compran, si se valora más tener que hacer, si se dedica tiempo a planes que no cuestan dinero. Pasar una tarde en el parque, cocinar juntos o hacer una excursión enseña más que cualquier charla.
También ayuda reconocer sus cualidades más allá de lo que tiene. Un niño que se siente valioso por lo que es necesita menos los objetos para sentirse parte del grupo. Si notas que su autoestima depende mucho de tener lo mismo que los demás, el artículo sobre el niño con baja autoestima puede darte pistas.
Cuándo pedir ayuda profesional
Querer cosas es normal. Conviene consultar si el deseo de tener lo de los demás genera un malestar intenso y continuo, si tu hijo se siente excluido o rechazado por sus compañeros, si las negativas provocan reacciones muy desbordadas o si aparecen conductas que te preocupan, como coger cosas que no son suyas para conseguirlas. Un profesional puede ayudaros a entender qué necesidad hay detrás y a acompañarle mejor.
Si quieres orientación, en Viving puedes encontrar un psicólogo especializado en infancia y adolescencia con quien hablarlo desde casa.