Baja tolerancia a la frustración en niños: cómo acompañarles

Manos de niños moviendo fichas de colores sobre el tablero de un juego de mesa, con las personas desenfocadas
Los juegos de mesa son una buena ocasión para practicar algo difícil: perder sin que se acabe el mundo.

Tira las fichas cuando pierde al parchís, rompe el dibujo porque la línea no le ha salido recta o se enfada muchísimo si tiene que esperar su turno. La baja tolerancia a la frustración es una de las preocupaciones más habituales de madres y padres, y también una de las que más desgastan, porque las explosiones aparecen por cosas aparentemente pequeñas y en cualquier momento del día. Aprender a tolerar que las cosas no salgan como queremos lleva años, y los adultos tenemos mucho que decir en ese aprendizaje.

Qué es la tolerancia a la frustración

La frustración es la emoción que aparece cuando algo que deseamos no ocurre, cuando nos equivocamos o cuando tenemos que esperar. Es incómoda, pero normal. Tolerarla no significa no sentirla, sino poder atravesarla sin que nos desborde por completo: enfadarse, sí, pero poder calmarse después, volver a intentarlo o aceptar un no.

Los niños pequeños aún no tienen esa capacidad desarrollada. Las rabietas a los dos o tres años forman parte del desarrollo, y la capacidad de regular las emociones se va construyendo poco a poco, de la mano de los adultos que les acompañan. Si dudas de si lo que ves es esperable para la edad de tu hijo, puede ayudarte el artículo sobre rabietas o algo más: cuándo la conducta de un niño necesita valoración.

Por qué a algunos niños les cuesta más

No hay una única causa. Suelen influir varios factores a la vez:

  • Temperamento. Hay niños más intensos emocionalmente, que sienten todo «a lo grande».
  • Autoexigencia. Algunos niños se frustran no porque no les importe, sino porque les importa demasiado hacerlo bien. El error les resulta casi insoportable.
  • Dificultades de atención o impulsividad. Esperar, frenar y pensar antes de reaccionar cuesta más cuando la impulsividad forma parte de su manera de funcionar; en ese caso puede interesarte leer cómo acompañar el TDAH infantil en casa.
  • Cansancio, hambre o sobrecarga. Un mismo niño tolera mucho peor un «no» al final de una tarde larga.
  • Experiencias previas. Si casi nunca ha tenido que esperar o casi siempre se le ha evitado el malestar, tiene menos práctica.

Qué hacer en el momento de la explosión

Cuando el niño está desbordado, no es el momento de razonar ni de dar lecciones. Su capacidad para escuchar es mínima. Lo que más ayuda es:

  • Mantener la calma (o intentarlo). Tu tono y tu ritmo le sirven de referencia. Si tú también subes la voz, la tormenta crece.
  • Poner nombre a lo que siente. «Estás muy enfadado porque querías ganar». No es darle la razón, es mostrarle que entiendes qué le pasa. Aquí tienes más ideas sobre validar emociones en lugar de invalidarlas.
  • Poner límites a la conducta, no a la emoción. Puede enfadarse; no puede pegar ni romper cosas. «Puedes estar enfadado, pero no te dejo que tires las fichas».
  • Esperar. Quedarte cerca, disponible, sin necesidad de llenar el silencio. La ola emocional sube, pero también baja.
  • Hablar después. Cuando esté tranquilo, podéis comentar qué ha pasado y qué podría hacer la próxima vez.

Cómo entrenarla en el día a día

La tolerancia a la frustración se practica en momentos tranquilos, no solo en medio de la crisis. Algunas ideas:

  • Juegos de mesa. Ganar y perder en un entorno seguro es un entrenamiento excelente. No le dejes ganar siempre: perder a veces, con tu acompañamiento, le enseña que se sobrevive.
  • Pequeñas esperas. «Termino de fregar y te ayudo». Esperas cortas y cumplidas le ayudan a confiar.
  • Valorar el esfuerzo más que el resultado. «Te ha costado, pero has seguido intentándolo» refuerza la constancia.
  • Normalizar el error. Hablar en casa de equivocaciones como algo de lo que se aprende, sin dramatizar ni ridiculizar.
  • Dar herramientas concretas. Respirar hondo, apretar un cojín, pedir un minuto, dibujar cómo se siente. Mejor si las practicáis cuando está tranquilo.
  • No resolverle todo. Dejar que intente abrir el envase o encajar la pieza antes de intervenir, ofreciendo ayuda si la pide.

Errores frecuentes con la mejor intención

Hay respuestas muy humanas que, sin querer, alargan el problema. Ceder siempre para que se calme le enseña que la explosión funciona. Evitarle cualquier situación en la que pueda perder o fallar le priva de práctica. Castigar la emoción («a tu cuarto hasta que dejes de llorar») le transmite que enfadarse está mal, en lugar de enseñarle qué hacer con el enfado. Y los sermones largos en plena crisis rara vez llegan. No se trata de hacerlo perfecto, sino de ir ajustando: la resiliencia de un niño se construye precisamente atravesando pequeñas frustraciones con un adulto cerca.

El ejemplo de los adultos cuenta mucho

Los niños aprenden a manejar la frustración en buena parte mirando a los adultos. Si te ven resoplar, reconocer «uf, esto me está frustrando» y buscar otra manera de hacerlo, aprenden más que con cualquier explicación. Del mismo modo, si ven explosiones frecuentes en casa, es más difícil que ellos encuentren otra forma. Si sientes que tu propia rabia se te escapa con facilidad, quizá te sirva leer sobre cómo gestionar la ira sin explotar ni callártelo. Nadie lo hace perfecto; reparar después de un mal momento («antes te he gritado y no estuvo bien») también es una enseñanza valiosa.

Cuándo pedir ayuda profesional

Es recomendable consultar si las explosiones son muy frecuentes o muy intensas para su edad, si incluyen conductas en las que el niño se hace daño o se lo hace a otros, si no mejoran a pesar de intentarlo de forma constante, si afectan a su vida en el colegio o con amigos, o si notas que tu hijo se siente mal consigo mismo («soy malo», «siempre lo hago todo mal»). También si el clima en casa se ha vuelto muy tenso y no sabéis cómo salir de ahí.

Un psicólogo infantil puede ayudar a entender qué hay detrás de esa dificultad y a trabajar la regulación emocional con el niño y con la familia, de forma adaptada a su edad. En Viving puedes encontrar psicólogos especializados en psicología infantil y juvenil que os acompañen en ese proceso.

Preguntas frecuentes

¿Qué es la tolerancia a la frustración?

Es la capacidad de atravesar el malestar que aparece cuando algo no sale como queremos sin que nos desborde por completo, y se desarrolla poco a poco durante la infancia.

¿Qué hacer cuando mi hijo se enfada al perder?

En el momento, mantener la calma, poner nombre a lo que siente, frenar las conductas que hacen daño y esperar a que se calme para hablar después.

¿Es bueno dejar ganar siempre a los niños?

Dejarles perder a veces, acompañándoles, les ayuda a aprender que equivocarse o perder se puede tolerar.

¿Cuándo preocuparse por la frustración de un niño?

Si las explosiones son muy frecuentes o intensas para su edad, si hay agresiones, si no mejoran con el tiempo o afectan a su vida en el colegio, conviene consultar.

Ver psicólogos en Viving →

Seguir leyendo