«Soy tonto», «no sé hacer nada», «a mí nunca me sale». Escuchar estas frases en boca de tu hijo o de tu hija duele, y es normal que la primera reacción sea llevarle la contraria: «¡Pero qué dices, si eres listísimo!». Sin embargo, las palabras tranquilizadoras no siempre llegan. La autoestima de un niño no se construye con frases bonitas, sino con experiencias en las que se siente capaz, querido y aceptado tal como es. Te contamos cómo detectar una autoestima baja y qué puedes hacer en el día a día para fortalecerla.
Qué es la autoestima en un niño
La autoestima es la valoración que una persona hace de sí misma. En la infancia se va formando a partir de lo que el niño vive: cómo le miran sus padres, qué le dicen sus profesores, cómo le tratan otros niños y qué experiencias tiene de logro o de fracaso. No es un rasgo fijo: puede fortalecerse o debilitarse según la etapa y el entorno.
Tener una buena autoestima no significa creerse el mejor en todo. Significa sentir que uno vale aunque se equivoque, que puede aprender cosas nuevas y que merece cariño también cuando no está a la altura de lo esperado.
Señales de que tu hijo puede tener baja autoestima
Además de las frases negativas sobre sí mismo, hay otros signos a los que conviene prestar atención. Ninguno por sí solo significa que haya un problema, pero si aparecen varios de forma sostenida, merece la pena observar con más detalle:
- Evita probar cosas nuevas por miedo a hacerlo mal o abandona enseguida cuando algo le cuesta.
- Se compara a menudo con otros niños y siempre sale perdiendo.
- Le cuesta aceptar un elogio o lo desmonta («eso lo hace cualquiera»).
- Se enfada o se hunde mucho ante pequeños errores.
- Necesita constantemente que le confirmes que lo ha hecho bien.
- Se deja llevar por otros niños aunque no esté de acuerdo, o se aísla en el grupo.
- Atribuye sus logros a la suerte y sus fallos a que «es malo».
A veces la baja autoestima se mezcla con el perfeccionismo: niños que se exigen tanto que cualquier error les parece una catástrofe. Si te suena, tienes más información en el artículo sobre el niño perfeccionista.
Elogiar el esfuerzo, no la etiqueta
Decirle a un niño que es «listo» o «el mejor» parece una buena forma de reforzarle, pero tiene un efecto curioso: cuando algo le sale mal, la conclusión que saca es que quizá ya no es tan listo. Las etiquetas, incluso las positivas, pesan.
Suele funcionar mejor reconocer lo que ha hecho y cómo lo ha hecho:
- «Has estado mucho rato intentando ese puzle, aunque te costaba».
- «Me ha gustado cómo has ayudado a tu hermana a recoger».
- «Te has equivocado y lo has vuelto a intentar, eso es difícil».
Este tipo de comentarios le enseñan que el valor está en intentarlo, en mejorar y en sus actitudes, y no solo en el resultado. También ayuda que el elogio sea sincero y concreto: los niños detectan enseguida cuando un «¡qué bonito!» es automático.
Darle responsabilidades a su medida
Uno de los caminos más sólidos hacia la autoestima es sentirse útil y capaz. Las pequeñas responsabilidades en casa, adaptadas a su edad, le permiten comprobar por sí mismo que puede hacer cosas: poner la mesa, cuidar una planta, prepararse la mochila, ayudar a cocinar algo sencillo, elegir su ropa.
La clave está en que sean tareas posibles para él, ni tan fáciles que no supongan ningún reto ni tan difíciles que le lleven a fracasar una y otra vez. Y en dejar que las haga a su manera, aunque no queden perfectas. Si cada vez que pone la mesa recolocas los cubiertos, el mensaje que recibe es que no lo hace bien.
Sobreproteger también resta
Por amor, muchos padres intentan evitar que su hijo sufra: le resuelven los conflictos con otros niños, le terminan los deberes difíciles o le apartan de cualquier situación en la que pueda fallar. Es comprensible, pero tiene un coste: el niño no tiene ocasión de comprobar que es capaz de afrontar dificultades, y el mensaje implícito es «no confío en que puedas tú solo».
Acompañar no es hacer por él, sino estar a su lado mientras lo intenta. Sobre este equilibrio tienes un artículo muy completo: padres sobreprotectores: cuando proteger impide crecer. Y si tu hijo tiende a frustrarse mucho cuando algo no sale, te ayudará leer sobre la baja tolerancia a la frustración en niños.
Lo que dices de ti también le enseña
Los niños aprenden mucho de cómo los adultos se tratan a sí mismos. Si te escucha decir a menudo «qué torpe soy» o «yo es que no valgo para esto», interioriza una forma de hablarse. Mostrar que te equivocas, que lo reconoces y que no pasa nada es una de las lecciones más valiosas que puedes darle.
Tampoco ayudan las comparaciones con hermanos, primos o compañeros, ni las bromas sobre sus puntos débiles, aunque sean cariñosas. Y cuidado con el tono en los momentos de enfado: un «eres un desastre» dicho en caliente puede quedarse grabado más de lo que imaginas.
Cuando la autoestima se resiente por algo concreto
A veces detrás de una autoestima baja hay una causa que conviene atender. Dificultades de aprendizaje que hacen que el colegio sea una fuente constante de frustración; si es vuestro caso, puede ayudarte el artículo sobre dislexia y autoestima. También situaciones de rechazo o burlas en el colegio, cambios familiares importantes o un clima en casa con muchas críticas o tensiones.
En estos casos, reforzar la autoestima en casa ayuda, pero también hay que atender el origen del malestar.
Cuándo consultar con un psicólogo infantil
Merece la pena pedir orientación profesional si las frases negativas sobre sí mismo son muy frecuentes o intensas, si notas tristeza persistente, aislamiento, cambios en el sueño o en el apetito, si rechaza ir al colegio o si sospechas que puede estar sufriendo burlas o acoso. También si dice cosas como que no quiere existir o que estaríais mejor sin él: en ese caso conviene consultar cuanto antes, y si sientes que hay un riesgo inmediato puedes llamar al 024 (atención a la conducta suicida, gratuito y 24 h) o al 112.
Un psicólogo infantil puede ayudar a tu hijo a construir una imagen más amable de sí mismo, y a vosotros a encontrar la forma de acompañarle. Si no tienes claro si es el momento, te orienta esta guía sobre señales por edad para pedir ayuda psicológica.
La autoestima de un niño crece cuando siente que le quieren por quien es y no por lo que consigue. Si quieres apoyo para acompañar este proceso, en Viving encontrarás psicólogos especializados en psicología infantil y juvenil que pueden ayudaros.