Kilómetros de autovía, la radio de fondo, un bocadillo en un área de servicio y una cabina que durante días es a la vez oficina, comedor y dormitorio. La vida del conductor profesional tiene algo de libertad y de oficio bien hecho, pero también horas y horas de soledad, horarios que cambian según la carga y una familia que muchas veces solo ves por videollamada. Este artículo habla de cómo todo eso puede afectar a la salud mental de transportistas y de qué cosas pueden ayudar, también estando en ruta.
La soledad de la cabina
Pasar muchas horas al volante sin nadie con quien hablar no siempre se vive como un problema. Hay conductores que disfrutan de esa calma. Pero cuando la soledad se alarga durante días o semanas, puede pesar más de lo que parece. Los pensamientos tienen mucho espacio para dar vueltas, las preocupaciones se agrandan y no hay con quién compartir un mal día.
Además, la soledad del transportista no es solo física. Muchas veces es también la sensación de estar al margen: no estar en el cumpleaños de tu hijo, perderte la comida familiar, enterarte tarde de lo que pasa en casa. Esa desconexión puede generar tristeza, culpa o la sensación de no pertenecer del todo a ningún sitio. Es una experiencia que se parece a lo que se describe en el artículo sobre la soledad no deseada, aunque aquí venga marcada por el propio trabajo.
Sueño irregular y cansancio acumulado
Las cargas y descargas no siempre respetan un horario, los descansos dependen de dónde encuentres sitio para aparcar y dormir en una cabina, con ruido, calor o frío, no es lo mismo que dormir en casa. Con el tiempo, este sueño fragmentado pasa factura: más irritabilidad, dificultad para concentrarse, ánimo más bajo y una sensación de cansancio que no se va del todo.
Muchos de los efectos que se describen en el artículo sobre el trabajo a turnos y nocturno se aplican también a la carretera. Algunas cosas que pueden ayudar:
- Intentar mantener cierta regularidad en las horas de sueño cuando la ruta lo permita.
- Oscurecer la cabina y usar tapones o antifaz para dormir mejor.
- Evitar pantallas justo antes de dormir, aunque sea la forma más fácil de pasar el rato.
- No usar cafeína en exceso para aguantar, porque luego dificulta el descanso.
- Tomarse en serio la somnolencia al volante y parar cuando aparece, sin esperar a llegar.
Lejos de la familia: lo que se cuida a distancia
Estar fuera muchos días tensa también la vida familiar. Tu pareja puede sentirse sola sosteniendo la casa, tus hijos pueden echarte de menos o acostumbrarse a tu ausencia, y tú puedes llegar el fin de semana sin saber muy bien cómo encajar en una rutina que ha seguido sin ti. Es frecuente que los primeros días en casa haya roces, porque cada uno trae su cansancio.
Ayuda tener momentos fijos de contacto, aunque sean breves: una llamada a la misma hora, un mensaje de buenas noches, una videollamada para ver los deberes o contar el día. También hablar en pareja de cómo se reparte la carga y de lo que cada uno necesita cuando vuelves. Muchas de las claves de las relaciones a distancia sirven aquí, aunque la distancia sea por trabajo y vaya y venga cada semana.
Comida de carretera y sedentarismo
Pasar el día sentado, comer a deshoras en áreas de servicio y picar para mantenerse despierto son hábitos muy habituales en la profesión. No se trata de culparse por ello, porque las condiciones no lo ponen fácil, pero sí de saber que el cuerpo y la mente están conectados. El sedentarismo y una alimentación desordenada influyen en el ánimo, en la energía y en la calidad del sueño.
Pequeños cambios suman: llevar algo de comida preparada desde casa, beber agua a lo largo del día, aprovechar las paradas para caminar unos minutos o estirar, y reservar el café para cuando de verdad haga falta. Tampoco conviene que el alcohol se convierta en la forma de desconectar al final de la jornada.
Señales de que algo no va bien
Es fácil atribuirlo todo al cansancio del oficio, pero hay señales que conviene no pasar por alto:
- Te sientes triste, apagado o sin ganas de nada durante semanas, también en los días de descanso.
- Estás más irritable con todo el mundo, incluido tu entorno más cercano.
- Te cuesta dormir incluso cuando tienes ocasión de hacerlo bien.
- Notas más tensión o ansiedad al pensar en la siguiente ruta.
- Bebes más que antes para relajarte.
- Te sientes cada vez más desconectado de tu familia y amigos.
Si en algún momento sientes que no puedes más o aparecen pensamientos de hacerte daño, llama al 024 (atención a la conducta suicida, gratuito y 24 h) o al 112 en caso de urgencia.
Terapia online como opción en ruta
Uno de los obstáculos habituales para pedir ayuda en esta profesión es práctico: ¿cómo ir a consulta si nunca sabes dónde vas a estar? La terapia online puede ser una buena alternativa. Puedes hacer la sesión por videollamada desde la cabina durante un descanso, con el camión detenido y aparcado en un lugar seguro, o desde casa los días que estés allí. Lo importante es buscar un momento en el que tengas cierta intimidad y no estés pendiente de la carretera.
Si tienes dudas sobre si este formato encaja contigo, el artículo sobre cuándo ayuda la terapia online y cuándo valorar otra opción puede orientarte.
Cuándo puede ayudarte un psicólogo
Puede ser útil consultar si el malestar dura semanas, si la soledad se ha vuelto pesada, si el sueño no se recupera ni en casa o si sientes que la relación con tu familia se está resintiendo. Un psicólogo puede ayudarte a manejar el estrés de la profesión, a cuidar tus vínculos a distancia y a encontrar formas de descansar mejor dentro de lo que permite tu trabajo. En Viving puedes encontrar psicólogos especializados en estrés con los que hablar desde donde estés.