Ser asertivo: qué significa y cómo entrenarlo en el día a día
La asertividad es la capacidad de expresar lo que uno piensa, necesita o siente de forma directa y respetuosa, sin ceder por sistema ni imponerse al otro. Es una habilidad de comunicación aprendida, no un rasgo de carácter, y se sitúa entre la pasividad y la agresividad.
Casi todo lo que se escribe sobre asertividad se queda en la definición, y la definición es la parte fácil. Lo difícil es el martes a las cinco, cuando tu jefe te pide una cosa más y tú dices que sí mientras piensas que no.
Así que aquí la definición ocupa dos párrafos y el resto va a lo otro: las técnicas concretas, con nombre, y qué frase decir. La asertividad se entrena como se entrena cualquier habilidad, y eso significa que se puede ser asertivo en el trabajo y no con tu madre, o al revés. Es normal, y también es la razón por la que se entrena por situaciones y no en general.
Los tres estilos, y por qué el pasivo-agresivo es el cuarto
La forma más rápida de entender la asertividad es verla junto a lo que no es. Los tres estilos clásicos se distinguen por a quién tienen en cuenta:
- Pasivo. Tiene en cuenta al otro y no a sí mismo. Cede, no dice, se justifica mucho, pide perdón por pedir. Evita el conflicto de hoy a costa del resentimiento de dentro de tres meses.
- Agresivo. Se tiene en cuenta a sí mismo y no al otro. Impone, sube el tono, descalifica, gana la discusión. Consigue la cosa concreta y va gastando la relación.
- Asertivo. Tiene en cuenta a los dos. Dice lo que necesita, sin adorno y sin ataque, y acepta que el otro también tiene su parte. No garantiza conseguir lo que pides: garantiza haberlo pedido.
Y hay un cuarto que suele añadirse porque es el más común de todos: el pasivo-agresivo. Por fuera cede y por debajo pasa factura: el sí que luego no se cumple, la ironía, el silencio de tres días, el "no, si no pasa nada" que quiere decir lo contrario. Es lo que aparece cuando alguien tiene el malestar del estilo agresivo y las herramientas del pasivo.
La señal más práctica para reconocer tu estilo por defecto no está en cómo hablas: está en qué haces después. Si sales de las conversaciones con la sensación de haber cedido otra vez, o repasando lo que deberías haber dicho, hay un patrón pasivo. Si sales con la razón y con mal cuerpo, hay uno agresivo.
Y de paso, la duda ortográfica que trae a mucha gente aquí: se escribe asertivo, con ese. "Acertivo" no existe. No viene de acertar, viene del latín assertus, afirmar.
Por qué cuesta tanto, aunque sepas perfectamente qué decir
El concepto viene de la terapia de conducta de los años cincuenta —Andrew Salter, y sobre todo Joseph Wolpe, que acuñó el término assertive training— y ahí ya estaba la clave que la divulgación posterior perdió: la falta de asertividad se trató desde el principio como un problema de ansiedad, no de desconocimiento.
Es la explicación de algo que desconcierta a mucha gente: sabes exactamente lo que tendrías que decir, lo has ensayado, y aun así dices que sí. No falta información. Lo que hay es una respuesta de ansiedad ante el conflicto anticipado —que se enfade, que me juzgue, que se rompa algo— y ceder la apaga al instante.
Y ahí está el bucle, que es el mismo que en cualquier evitación. Ceder alivia hoy. Cada vez que alivia, confirma que decir que no era peligroso. Y como nunca compruebas que no lo era, la próxima vez cuesta un poco más. Por eso la asertividad no se entrena leyendo frases: se entrena diciéndolas y comprobando lo que pasa, que casi siempre es mucho menos de lo previsto.
Hay dos ideas más que conviene desmontar. La primera: ser asertivo no consiste en conseguir lo que quieres. Consiste en haberlo planteado. Si mides el resultado por si el otro cede, has cambiado una dependencia por otra. La segunda: la asertividad no es universalmente rentable. Hay contextos —una jerarquía muy rígida, una relación con desequilibrio de poder, una situación de maltrato— donde plantear las cosas de frente tiene coste real, y en algunos de ellos la prioridad no es ser asertivo, es estar a salvo. Es una habilidad, y como toda habilidad se elige cuándo usarla.
Las técnicas asertivas, una a una
Son de las pocas herramientas de psicología que se pueden aprender de una lectura y usar el mismo día. Van con la frase concreta.
Disco rayado
Repetir tu posición con calma, sin subir el tono y sin añadir argumentos nuevos, tantas veces como haga falta. Sirve frente a la insistencia y frente a quien discute cada razón que das.
"Entiendo que te venga mal, y aun así no voy a poder." — "Ya, pero es que…" — "Lo entiendo. No voy a poder."
La clave es no dar argumentos nuevos: cada argumento nuevo es material para seguir negociando.
Banco de niebla
Dar la razón en lo que la tenga —o en lo posible— sin ceder en el fondo. Desactiva la crítica sin entrar a pelearla.
"Puede que tengas razón en que soy demasiado estricto con esto. Aun así, el viernes no lo entrego."
Aserción negativa
Aceptar un error propio con naturalidad, sin hundirte ni justificarte durante cinco minutos.
"Sí, me he equivocado con esa cifra. La corrijo y te la paso." Y punto. La coletilla larga de disculpa es lo que convierte un error pequeño en un tema.
Interrogación negativa
Pedir más información sobre una crítica en vez de defenderte. Separa la crítica útil de la que solo era un golpe.
"¿Qué es exactamente lo que no te ha funcionado del informe?" Si hay algo concreto, lo tienes. Si no lo había, se nota solo.
Mensajes en primera persona
Describir el hecho, tu reacción y lo que pides, sin adjetivar al otro. La estructura es: cuando pasa esto, a mí me pasa esto, y te pido esto.
"Cuando me lo pides a última hora, me desorganiza la tarde. Te pido que me avises por la mañana." Frente a "eres un desorganizado", que garantiza que la conversación pase a ser sobre si lo es o no.
Aplazamiento asertivo
La más útil de todas si tu patrón es decir que sí y arrepentirte. No responder en caliente.
"Lo miro y te digo esta tarde." Compra el tiempo suficiente para decidir con criterio, y casi nadie la discute.
Compromiso viable
Cuando el fondo no es innegociable, ofrecer una alternativa concreta en vez de un no seco.
"El informe entero para mañana no puedo. Te paso la parte de datos mañana y el resto el jueves."
Cómo entrenarlo
Como cualquier habilidad con ansiedad detrás, esto se entrena de menos a más, y en situaciones reales.
Qué hacer
- Empieza por situaciones de bajo coste. Devolver algo en una tienda, pedir que te cambien la mesa en un restaurante, decir que no a un plan que no te apetece. Practicar directamente con tu jefe o con tu madre es empezar por el examen final.
- Prepara la primera frase, no el discurso. Escribe literalmente cómo vas a abrir: "quería comentarte una cosa del reparto de turnos". Lo que bloquea casi siempre es arrancar; a partir de ahí la conversación se sostiene sola.
- Di que no sin inventar excusas. "No voy a poder" es una frase completa. Las excusas invitan a que te resuelvan el problema —"pues te cambio el día"— y te dejan sin salida. Si te sale la coletilla, córtala.
- Aplaza cualquier petición que te pille en caliente. "Lo miro y te digo" es la técnica más rentable para quien dice que sí por defecto. La mayoría de los síes de los que uno se arrepiente se dan en los tres primeros segundos.
- Comprueba lo que pasa después, y anótalo. La ansiedad predice consecuencias que casi nunca llegan. Escribe qué esperabas que pasara y qué pasó de verdad. Ese registro es lo que de verdad cambia la respuesta, más que cualquier técnica.
- Trabaja el cuerpo tanto como la frase. Mirar a los ojos, no encogerte, no acabar las frases hacia arriba como si preguntaras. Una frase asertiva dicha en tono de disculpa se lee como una petición de permiso.
- Cuenta con que al principio siente mal. Poner un límite después de años de ceder produce culpa, y la culpa no es señal de haberte pasado. Es lo que aparece cuando cambias una norma que llevaba mucho tiempo funcionando.
Qué no hacer
- No confundas asertividad con decirlo todo. No hay ninguna obligación de compartir cada opinión. Ser asertivo incluye elegir qué conversaciones merecen tenerse.
- No lo midas por si el otro cede. El objetivo es haberlo planteado bien, no haber ganado. Si el criterio es que el otro acepte, sigues dependiendo de su respuesta.
- No empieces por la conversación más difícil. La que llevas cinco años posponiendo es la que peor sale sin entrenamiento previo, y un mal resultado ahí retrasa el resto meses.
- No uses la asertividad como envoltorio de un reproche. "Yo siento que eres un impresentable" no es un mensaje en primera persona. Si detrás hay un ataque, la fórmula no lo disimula.
- No la fuerces donde tengas algo real que perder. En una relación con desequilibrio de poder, con un jefe que toma represalias o en una situación de maltrato, la prioridad no es plantear las cosas de frente: es tu seguridad y tener a alguien de tu lado.
Cuándo pedir ayuda
Costarle a uno decir que no es de lo más común que hay, y no requiere terapia. Estas son señales razonables de que conviene una consulta —ninguna es un diagnóstico, eso solo puede hacerlo un profesional que te valore:
- Cedes de forma sistemática y ya te está pasando factura: carga de trabajo, agotamiento, resentimiento acumulado.
- Evitas conversaciones necesarias hasta que la situación revienta sola.
- La ansiedad anticipatoria es lo que manda: llevas días dándole vueltas a una conversación de cinco minutos.
- Te pasa en todos los ámbitos, no solo con una persona concreta.
- Cuando por fin dices algo, sale de golpe y con más fuerza de la que querías.
- Has intentado ponerlo en práctica varias veces y no consigues sostenerlo.
- La culpa después de poner un límite es tan intensa que acabas retirándolo.
El entrenamiento en habilidades sociales y asertividad es una de las intervenciones más establecidas y más breves de la psicología: se trabaja con ensayo de conducta y tareas concretas entre sesiones, y suele notarse pronto.
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Preguntas frecuentes sobre asertividad
¿Qué quiere decir ser asertivo?
Ser capaz de decir lo que piensas, necesitas o sientes de forma directa y respetuosa, sin ceder por sistema ni pasar por encima del otro. Se sitúa entre el estilo pasivo, que tiene en cuenta al otro y no a uno mismo, y el agresivo, que hace lo contrario. No implica conseguir lo que pides: implica haberlo pedido.
¿Cuáles son las 7 técnicas asertivas?
Las que más se enseñan son el disco rayado (repetir tu posición sin añadir argumentos), el banco de niebla (dar la razón en lo posible sin ceder en el fondo), la aserción negativa (aceptar un error sin justificarte), la interrogación negativa (pedir detalles de una crítica en vez de defenderte), los mensajes en primera persona, el aplazamiento asertivo ("lo miro y te digo") y el compromiso viable. Las tienes desarrolladas con ejemplos más arriba.
¿Cuáles son los 4 tipos de asertividad?
La pregunta suele referirse a los estilos de comunicación, no a tipos de asertividad: pasivo, agresivo, pasivo-agresivo y asertivo. Solo el último tiene en cuenta a las dos partes. El pasivo-agresivo es el más frecuente de los tres primeros y el más difícil de detectar en uno mismo: por fuera cede y por debajo pasa factura, con ironía, silencios o síes que no se cumplen.
¿Se escribe asertivo o acertivo?
Asertivo, con ese. "Acertivo" no existe y el error viene de asociarlo con acertar. La palabra procede del latín assertus, participio de asserere, afirmar. Está recogida en el Diccionario de la lengua española.
¿La asertividad se puede aprender o se nace con ella?
Se aprende, y esa es la premisa desde la que se formuló el concepto en los años cincuenta. Se trabaja con ensayo de conducta y práctica progresiva, empezando por situaciones de bajo coste. Además es específica de contexto: es habitual ser asertivo en el trabajo y no con la familia, y cada ámbito se entrena por separado.
Fuentes
- Wolpe J. Psychotherapy by Reciprocal Inhibition. Stanford University Press, 1958.
- Alberti RE, Emmons ML. Your Perfect Right: Assertiveness and Equality in Your Life and Relationships. 1970.
- Smith MJ. When I Say No, I Feel Guilty. 1975.
- Speed BC, Goldstein BL, Goldfried MR. Assertiveness training: a forgotten evidence-based treatment. Clinical Psychology: Science and Practice, 2018.
- Real Academia Española. Diccionario de la lengua española, entrada "asertivo, va".