«¿Y no echarás de menos estar con una mujer?», «¿seguro que no es una fase?», «entonces, ¿tengo que preocuparme por todo el mundo?». Muchas personas bisexuales han escuchado frases así de boca de sus propias parejas, a veces con buena intención y a veces con miedo. La bisexualidad sigue rodeada de mitos que pesan en las relaciones: generan inseguridad en quien está al lado y cansancio en quien tiene que justificarse una y otra vez. En este artículo repasamos esos mitos, hablamos de los celos, de la invisibilidad y de cómo contarlo a una pareja, con el objetivo de construir una relación basada en la confianza.
Qué es la bisexualidad (y qué no es)
De forma sencilla, la bisexualidad es la capacidad de sentir atracción romántica o sexual hacia personas de más de un género. No exige sentir la misma atracción hacia todos los géneros ni en la misma proporción, y puede vivirse de maneras muy distintas a lo largo de la vida. Algunas personas se identifican así desde muy jóvenes y otras lo descubren o lo nombran más tarde, incluso dentro de una relación estable.
Lo que la bisexualidad no es: un paso intermedio, una indecisión, una forma de llamar la atención ni una garantía de nada sobre cómo se comportará alguien en pareja. Es una orientación, y como cualquier otra, convive con valores, compromisos y decisiones personales.
Mitos que pesan en la relación
Estos son algunos de los más frecuentes, y por qué conviene desmontarlos:
- «Es una fase» o «no sabe lo que quiere». La orientación no se demuestra eligiendo a una persona concreta. Que alguien bisexual tenga una pareja de un género no borra su bisexualidad.
- «Las personas bisexuales son más infieles». La fidelidad depende de los acuerdos y de la responsabilidad de cada persona, no de su orientación. Sentir atracción hacia más géneros no implica actuar sobre ella.
- «Nunca estará satisfecho con una sola persona». Este mito confunde orientación con modelo de relación. Hay personas bisexuales monógamas y no monógamas, igual que hay personas heterosexuales y homosexuales de ambos tipos. Si os interesa explorar otros modelos, lo tratamos en relaciones abiertas y poliamor, pero no es algo que venga dado por la bisexualidad.
- «Si estás con un hombre eres hetero, si estás con una mujer eres lesbiana». Etiquetar a alguien según su pareja actual es una forma de invisibilizarle.
Celos: cuando la pareja siente que «todo el mundo» es competencia
Uno de los temores más habituales en la pareja de una persona bisexual es pensar que, al haber más personas que podrían atraerle, hay más riesgo. Es una preocupación comprensible, pero se basa en una idea equivocada: la atracción hacia otras personas existe en cualquier relación, sea cual sea la orientación de cada uno. Lo que sostiene una pareja no es la ausencia de atracción hacia terceros, sino el compromiso, la comunicación y el cuidado mutuo.
También aparece a veces un miedo más concreto: «no puedo darle lo que le daría alguien de otro género». Esta idea suele hacer mucho daño porque coloca a la pareja en una competición imposible. Una persona bisexual no elige pareja buscando cubrir una lista de categorías, sino que se vincula con alguien concreto.
Si los celos se vuelven intensos, conviene mirar de dónde vienen: inseguridades previas, experiencias de infidelidad, miedo al abandono. En el artículo celos: cuándo son una señal y cuándo un problema encontrarás claves para distinguirlo. Y si lo que te inquieta es el pasado sentimental de tu pareja, puede ayudarte leer sobre celos retroactivos.
La invisibilidad también desgasta
Muchas personas bisexuales describen una sensación de no encajar del todo en ningún sitio: en entornos heterosexuales se les presupone heterosexuales y en algunos espacios LGTBI se cuestiona su identidad. Dentro de la pareja, la invisibilidad aparece cuando la orientación se trata como un tema cerrado del que no se habla, o cuando se pide, de forma explícita o implícita, que no se mencione delante de la familia o de los amigos.
No hace falta hablar de ello todo el tiempo, pero sí que la persona bisexual sienta que puede ser ella misma en casa. Pequeños gestos, como no hacer bromas sobre «elegir bando» o respetar cómo quiere presentarse ante los demás, marcan diferencia.
Cómo contárselo a tu pareja
Si ya tienes pareja y todavía no le has hablado de tu bisexualidad, es normal sentir miedo a su reacción. Algunas ideas que pueden ayudarte:
- Elige un momento tranquilo y sin prisas, no en medio de una discusión.
- Explica qué significa para ti, porque la palabra puede evocar ideas distintas en cada persona.
- Aclara qué cambia y qué no. Contarlo no implica querer cambiar los acuerdos de la relación, salvo que sea así; si lo es, dilo con claridad.
- Deja espacio a sus preguntas, incluso a las torpes. Responder con paciencia no significa aceptar faltas de respeto.
- Date tiempo y dáselo. A veces la primera reacción no es la definitiva.
Si además estás pensando en contarlo a tu familia, encontrarás pautas en salir del armario con tu familia: cómo prepararte.
Si eres la pareja: cómo acompañar
Si tu pareja te ha contado que es bisexual y te ha removido, es lícito tener dudas. Lo que ayuda es hablar de ellas con curiosidad y no como acusación: preguntar qué significa para tu pareja, compartir tus miedos sin convertirlos en exigencias y recordar que la persona que tienes delante es la misma que conocías. Si alguna fantasía o pensamiento sobre la orientación te genera culpa a ti, puede interesarte el artículo sobre fantasías sexuales que generan culpa.
Cuándo puede ayudaros un psicólogo
Puede ser útil consultar si los celos se han vuelto constantes, si hay control del móvil o de las amistades, si la persona bisexual siente que tiene que esconderse en su propia relación o si el tema genera discusiones que no avanzan. También si eres tú quien está explorando su orientación y te genera angustia. Un psicólogo con experiencia en diversidad sexual y en pareja puede ayudaros a hablar con más calma, a desmontar creencias heredadas y a construir acuerdos que os sirvan a los dos.
La bisexualidad no es una amenaza para una relación; los mitos y el silencio, a veces, sí. Si queréis trabajarlo, en Viving puedes encontrar psicólogos especializados en pareja y sexualidad que os acompañen desde el respeto.