Cada vez se habla con más naturalidad de relaciones abiertas, poliamor y otras formas de no monogamia consensuada. Hay parejas que se lo plantean después de muchos años juntas, personas que siempre han sentido que la exclusividad no encajaba con ellas y otras que simplemente sienten curiosidad. Sea cual sea tu caso, abrir una relación no es ni una solución mágica ni un fracaso anunciado: es un modelo que exige mucha comunicación, acuerdos claros y una buena dosis de honestidad con uno mismo. En este artículo repasamos qué conviene tener en cuenta antes y durante, cómo manejar los celos y cuándo puede ser útil una terapia sin juicios.
Qué entendemos por no monogamia consensuada
Bajo esta expresión caben formas muy distintas de vincularse. En una relación abierta, una pareja mantiene su vínculo principal y acuerda que cada miembro puede tener encuentros sexuales o afectivos con otras personas. El poliamor se refiere a la posibilidad de mantener varias relaciones amorosas a la vez, con el conocimiento de todas las partes. Hay muchas variantes intermedias, y cada pareja o grupo define las suyas.
Lo que tienen en común, y lo que las diferencia de una infidelidad, es el consentimiento informado: todas las personas implicadas saben lo que ocurre y lo aceptan. No es un detalle menor. Es la base sobre la que se construye todo lo demás.
Por qué se plantea abrir una pareja
Los motivos son variados, y conviene mirarlos con honestidad porque condicionan mucho cómo saldrá la experiencia:
- Una forma de entender el amor. Hay personas que sienten que pueden querer a más de una persona y que la exclusividad no refleja cómo son.
- Curiosidad o deseo de explorar dentro de una relación que funciona bien y en la que hay confianza.
- Diferencias en el deseo sexual que la pareja quiere gestionar sin romper el vínculo.
- Intento de salvar una relación en crisis. Este es el motivo que más conviene revisar, porque abrir la pareja rara vez arregla problemas de base y a menudo los amplifica.
Cuándo puede ser una huida
A veces la propuesta de abrir la relación esconde otra cosa: una forma de evitar una conversación difícil, de no tomar la decisión de separarse o de legitimar una relación paralela que ya existía. También ocurre que uno de los dos acepta por miedo a perder al otro, no porque lo desee. Algunas preguntas que ayudan a detectarlo:
- ¿Lo proponemos desde la estabilidad o desde la crisis?
- ¿Los dos lo queremos, o uno cede para no perder la relación?
- ¿Hay problemas de comunicación, desconfianza o resentimiento que no hemos hablado?
- ¿Estamos buscando algo nuevo o huyendo de algo que no queremos mirar?
Si aceptar se parece más a no atreverte a decir que no, puede ser útil leer sobre qué es la dependencia emocional, porque ceder por miedo a quedarte solo suele traer mucho sufrimiento.
Los acuerdos: concretos, revisables y compartidos
Uno de los errores frecuentes es dar por hecho que «ya lo hablaremos sobre la marcha». Los acuerdos funcionan mejor cuando se concretan. Algunos temas que suele ser útil hablar:
- Qué está permitido y qué no: encuentros puntuales, relaciones afectivas estables, personas del entorno cercano.
- Cuánta información queréis compartir. Hay parejas que prefieren saberlo todo y otras que prefieren no conocer detalles.
- Tiempo y prioridades: cómo se reparten las noches, las vacaciones o las fechas importantes.
- Salud sexual: métodos de protección y revisiones médicas periódicas.
- Cómo se revisan los acuerdos y qué pasa si alguien necesita parar o cambiar algo.
Los acuerdos no son contratos rígidos. Lo que hoy os parece bien puede no parecéroslo dentro de unos meses, y poder decirlo sin que suene a traición es parte de una buena comunicación.
Los celos no desaparecen por elegir este modelo
Existe la idea de que las personas poliamorosas no sienten celos, o que sentirlos significa que no están hechas para ello. No es así. Los celos son una emoción humana y pueden aparecer en cualquier tipo de relación. La diferencia está en cómo se gestionan.
En lugar de intentar eliminarlos, suele ayudar preguntarse qué están señalando: miedo a ser sustituido, necesidad de más atención, inseguridad con el propio cuerpo, una sensación de que un acuerdo no se está respetando. A veces basta con expresar esa necesidad («esta semana me he sentido apartado, ¿podemos reservar una noche para nosotros?»). Otras veces revelan algo más profundo. El artículo sobre cuándo los celos son una señal y cuándo un problema puede ayudarte a distinguirlo.
Comunicación: lo que más se pone a prueba
La no monogamia exige hablar de temas que en muchas parejas se dan por sobrentendidos. Algunas pautas que ayudan:
- Habla de lo que sientes en primera persona, sin acusar.
- Elige buenos momentos para las conversaciones importantes, no a la salida de una cita.
- Pide lo que necesitas de forma concreta, con asertividad.
- Escucha también lo que tu pareja siente, aunque no te guste.
Si notáis que cada conversación termina en la misma discusión, quizá os sirvan las ideas sobre cómo romper el bucle de las discusiones repetidas.
Cuándo puede ayudaros un psicólogo
Puede ser útil consultar si estáis valorando abrir la relación y queréis hacerlo con más claridad, si uno de los dos se siente presionado, si los celos o la inseguridad os están desbordando o si los acuerdos se rompen con frecuencia. También si estás viviendo una relación no monógama y simplemente quieres un espacio para pensar en lo que te pasa.
Es importante que el profesional trabaje sin juicios sobre tu modelo de relación: su papel no es decirte cómo deberías amar, sino ayudarte a hacerlo de una forma más consciente y cuidada. Puede ser una terapia de pareja o individual, según lo que necesitéis.
Cada relación tiene sus propias reglas, y lo importante es que sean elegidas y cuiden a quienes participan en ella. En Viving puedes encontrar psicólogos especializados en pareja y sexualidad que te acompañen desde el respeto, sea cual sea tu forma de vincularte.