La llegada de un bebé es una alegría para la familia, pero para el hermano mayor puede ser también un pequeño terremoto. De repente, el centro de atención se desplaza, los tiempos cambian y las personas a las que más quiere están cansadas y pendientes de alguien que llora y no juega. No es raro que el niño que hasta ayer parecía mayor vuelva a pedir el chupete, se enfade por todo o diga que quiere devolver al bebé al hospital. Los celos entre hermanos son una reacción esperable, y entenderlos ayuda mucho a acompañarlos.

Por qué aparecen los celos
Para un niño pequeño, el vínculo con sus figuras de referencia lo es todo. La llegada de un hermano supone, desde su mirada, una amenaza real: menos tiempo, menos brazos, menos exclusividad. No tiene todavía las palabras ni la madurez para explicar lo que siente, así que lo expresa como puede: con la conducta.
Los celos no indican que el niño sea egoísta ni que lo estéis haciendo mal. Indican que el vínculo le importa y que necesita comprobar que sigue teniendo su sitio. La intensidad varía según la edad, el temperamento, la diferencia de años con el bebé y los cambios que coincidan, como empezar el colegio o mudarse.
Cómo se manifiestan
Algunas formas frecuentes son:
- Regresiones: volver a hacerse pis cuando ya controlaba, querer biberón, hablar como un bebé, pedir que le lleven en brazos o despertarse más por la noche.
- Rabietas y enfados: más frecuentes o más intensos, a menudo por cosas que antes no le molestaban.
- Conductas hacia el bebé: apretones demasiado fuertes, empujones o juegos bruscos, a veces mezclados con besos y cariño.
- Demanda de atención: portarse mal justo cuando estáis dando el pecho o cambiando al bebé.
- Retraimiento: algunos niños, en lugar de protestar, se vuelven más callados, tristes o pegados a uno de los padres.
Estas reacciones suelen ser pasajeras. Si quieres distinguir una rabieta normal de algo que necesita más atención, puede ayudarte este artículo sobre rabietas o algo más.
Cómo preparar al hermano mayor
La preparación empieza antes del parto, adaptada a la edad del niño:
- Contarle que va a venir un hermano con tiempo, pero no demasiado pronto si es muy pequeño, porque los meses de espera se le harán eternos.
- Hablarle de cómo será un bebé de verdad: que llora, que duerme mucho, que no puede jugar enseguida. Los cuentos ayudan.
- Hacer los cambios que le afecten, como pasar a otra cama o empezar la escuela infantil, con cierta antelación para que no los asocie con el bebé.
- Implicarle sin obligarle: elegir un juguete para el bebé, ayudar a preparar su ropa, si le apetece.
- Organizar quién le cuidará durante el parto y avisarle para que no le pille por sorpresa.
Qué ayuda una vez que el bebé está en casa
Las primeras semanas son las más delicadas. Algunas pautas sencillas marcan la diferencia:
- Tiempo exclusivo: reservar cada día un rato breve solo para él, sin el bebé, aunque sean quince minutos de juego o un cuento antes de dormir.
- Validar lo que siente: «A veces estás enfadado porque el bebé ocupa mucho tiempo. Lo entiendo». Poner nombre a la emoción no la aumenta; la calma.
- Poner límites a la conducta, no a la emoción: puede estar enfadado, pero no puede hacer daño al bebé. Ambas cosas a la vez.
- Darle un papel de mayor, sin exagerar: que ayude si quiere, pero sin cargarle con responsabilidades que no le corresponden.
- Aceptar las regresiones: si pide brazos o mimos de bebé, dárselos sin ridiculizarle suele hacer que pasen antes.
- Contar con la red: abuelos u otras figuras cercanas pueden dedicarle atención especial durante esta etapa.
Qué conviene evitar
Hay frases y gestos que, con la mejor intención, alimentan los celos. Conviene evitar compararlos («mira qué bien se porta tu hermana»), exigirle que quiera al bebé desde el primer día, repetir que «ya eres mayor» cada vez que pide algo, castigar las regresiones o reñirle por expresar que no le gusta el bebé. Tampoco ayuda que todas las visitas vayan directas al recién nacido sin saludarle a él; avisar a familiares y amigos de este detalle puede evitar muchos disgustos.
Y algo que se olvida a menudo: los padres también estáis cansados. No hace falta hacerlo perfecto. Habrá días en que no lleguéis a todo, y eso no daña a vuestro hijo si en conjunto se siente querido y tenido en cuenta.
Cuándo consultar con un psicólogo infantil
Los celos suelen suavizarse a lo largo de los meses, a medida que el hermano mayor comprueba que su lugar no ha desaparecido y que el bebé empieza a ser un compañero de juego. Puede ser buena idea consultar si las conductas agresivas hacia el bebé son frecuentes o intensas, si las regresiones se mantienen mucho tiempo o se extienden a otros ámbitos, si el niño se muestra triste o apagado de forma persistente, si aparecen miedos nuevos o una gran dificultad para separarse de vosotros, o si sentís que la situación os desborda. Este artículo sobre señales de que un hijo necesita ayuda psicológica según la edad puede orientaros, igual que el dedicado a la ansiedad por separación en niños.
Si el posparto está siendo especialmente duro para vosotros, también es importante cuidaros: en Viving hay profesionales de acompañamiento en perinatalidad que trabajan esta etapa con la familia.
La llegada de un hermano es una de las primeras grandes lecciones sobre compartir, esperar y querer a alguien distinto. Con paciencia y presencia, la mayoría de los niños la atraviesan bien. Si tenéis dudas o la convivencia se ha complicado, podéis contactar con psicólogos especializados en psicología infantil y juvenil que os orienten.