Multitarea y concentración: por qué no rindes más haciendo varias cosas

Vista cenital de una mesa de madera oscura con unas gafas, una taza de café, una maceta pequeña, la esquina de un portátil y una tableta
Cuando todo reclama tu atención a la vez, la sensación de no acabar nada se vuelve constante.

Empiezas a redactar un informe, suena una notificación, contestas un mensaje rápido, vuelves al informe, te llaman a una reunión, abres el correo «solo un momento» y, cuando miras el reloj, ha pasado la mañana. Tienes la sensación de haber estado ocupado sin parar, pero no has terminado nada importante. Si te reconoces, no es falta de voluntad. Nuestra atención no está hecha para saltar de tarea en tarea sin coste, y entender cómo funciona es el primer paso para recuperar la concentración.

El mito de la multitarea

Solemos presumir de hacer varias cosas a la vez, pero en tareas que exigen pensar, lo que hacemos en realidad es alternar muy rápido entre ellas. Cada cambio tiene un pequeño coste: hay que soltar lo que estabas haciendo, situarse en lo nuevo y, al volver, recordar dónde lo habías dejado. Ese «retomar el hilo» consume energía y tiempo, aunque no lo notemos.

Por eso, una jornada llena de saltos deja dos efectos muy reconocibles: cansancio mental desproporcionado para lo que has producido y errores tontos que no cometerías con la cabeza centrada. Hay tareas automáticas que sí combinan bien, como doblar ropa mientras escuchas música. Pero escribir, analizar o decidir requieren atención plena, y ahí la multitarea juega en contra.

Interrupciones y notificaciones: el ladrón silencioso

No todas las interrupciones vienen de fuera. A veces es el propio impulso de mirar el móvil o el correo cada pocos minutos, por si acaso. Las notificaciones están diseñadas para captar tu atención y lo consiguen muy bien. Cada aviso, aunque no lo abras, te saca un momento de lo que estabas haciendo.

Otras interrupciones son humanas: el compañero que pregunta algo «rápido», el mensaje del grupo de trabajo, la reunión que se alarga. En entornos donde se espera respuesta inmediata, es fácil sentir que concentrarse es casi un lujo. Y si los mensajes siguen llegando cuando terminas la jornada, el problema se extiende a tu descanso; en desconexión digital hablamos de cómo poner límites a eso.

La sensación de no acabar nada

Quizá lo más frustrante de trabajar a saltos es el final del día: muchas cosas empezadas, pocas cerradas. Esa sensación alimenta la culpa y la idea de que eres poco eficiente, lo que a su vez aumenta la tensión y hace que te cueste más concentrarte. Es un círculo.

A esto se suma el agotamiento de elegir constantemente qué atender primero. Decidir una y otra vez entre urgencias también cansa, y lo explicamos en fatiga de decisión. Cuando la cabeza va saturada, aparecen además los despistes: dejar la llave puesta, olvidar una cita o perder el hilo de una conversación, algo que tratamos en olvidos y despistes por estrés.

Trabajar por bloques: una alternativa realista

No se trata de aislarte del mundo, sino de proteger algunos ratos para lo que de verdad necesita tu cabeza. Algunas ideas que funcionan para mucha gente:

  • Bloques de concentración. Reserva franjas de 45 a 90 minutos para una sola tarea. Durante ese tiempo, silencia el móvil y cierra el correo.
  • Agrupa lo pequeño. Contesta mensajes y correos en dos o tres momentos fijos del día, en lugar de hacerlo a demanda.
  • Empieza por lo que más pesa. Muchas personas tienen más claridad a primera hora; úsala para lo importante, no para vaciar la bandeja de entrada.
  • Apunta lo que surge. Si en mitad de una tarea te acuerdas de otra cosa, anótala en una libreta y sigue. Así la cabeza no tiene que retenerla.
  • Cierra con una nota. Antes de cambiar de tarea, escribe en una línea dónde lo dejas. Retomar será mucho más fácil.
  • Pausas de verdad. Levantarte, estirar o mirar por la ventana unos minutos ayuda más que «descansar» mirando el móvil.

Si trabajas en equipo, habla de ello. Acordar franjas sin reuniones o un canal para lo realmente urgente beneficia a todos, no solo a ti.

Piensa en un ejemplo cotidiano: Marta tiene que preparar una propuesta para un cliente. Antes la escribía con el correo abierto y el móvil en la mesa, y tardaba toda la mañana entre interrupciones. Un día decide dejar el móvil en otra habitación, avisar al equipo de que estará concentrada hasta las once y cerrar el correo. Le cuesta los primeros minutos, porque siente el impulso de comprobar si ha llegado algo. Pero termina la propuesta en menos tiempo y con menos errores. Después responde todos los mensajes de golpe y descubre que ninguno era urgente. No siempre será tan sencillo, pero pequeños experimentos así te ayudan a comprobar por ti mismo qué te funciona.

Y recuerda que la concentración también depende de lo básico: dormir lo suficiente, comer a horas razonables y moverte un poco a lo largo del día. Cuando el cuerpo va en reserva, cualquier técnica de organización rinde menos.

Cuando puede haber algo más

A veces la dificultad para concentrarse no se explica solo por el entorno. Si te cuesta mantener la atención desde siempre, también fuera del trabajo, si dejas a medias proyectos personales, pierdes objetos con frecuencia o sientes una inquietud interna difícil de frenar, puede tener sentido valorar un posible TDAH en la edad adulta. En TDAH en adultos repasamos las señales frecuentes y cuándo pedir una evaluación.

La ansiedad también interfiere mucho en la concentración. Cuando la mente está ocupada anticipando problemas, queda poco espacio para la tarea que tienes delante. Lo mismo ocurre con el bajo estado de ánimo, la falta de sueño o una etapa de duelo. En esos casos, mejorar tu organización ayuda, pero no basta: conviene atender lo que está debajo.

Cuándo pedir ayuda profesional

Plantéate consultar si, a pesar de cambiar tus hábitos, sigues sin poder concentrarte; si el problema te está causando errores importantes o conflictos en el trabajo; si sientes que siempre fue así y te ha afectado en los estudios o en tus relaciones; o si la dificultad para centrarte viene acompañada de ansiedad, insomnio o tristeza persistente. Un psicólogo puede ayudarte a entender qué está pasando, orientarte hacia una evaluación si hace falta y darte estrategias adaptadas a tu forma de funcionar.

Si sientes que el ritmo de trabajo te está desbordando y quieres recuperar la calma y la concentración, en Viving puedes hablar con psicólogos especializados en estrés en sesiones online.

Preguntas frecuentes

¿Por qué la multitarea no funciona?

En tareas que exigen pensar no hacemos dos cosas a la vez, sino que alternamos entre ellas. Cada cambio tiene un coste de atención que se traduce en cansancio y errores.

¿Cómo puedo concentrarme mejor en el trabajo?

Prueba a trabajar por bloques con el móvil en silencio, agrupar correos y mensajes en momentos fijos y anotar lo que surge para no interrumpir la tarea.

¿Mi falta de concentración puede ser TDAH?

Puede tener sentido valorarlo si las dificultades vienen de siempre y aparecen también fuera del trabajo. Solo una evaluación profesional puede aclararlo.

¿La ansiedad afecta a la concentración?

Sí. Cuando la mente está ocupada anticipando problemas, cuesta centrarse en la tarea. Si te pasa a menudo, conviene atender esa ansiedad además de mejorar tu organización.

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