Psicólogos infantiles y juveniles online
La psicología infantil y juvenil acompaña a niños, adolescentes y a sus familias. Aquí encuentras profesionales especializados en TDAH, autismo, altas capacidades, problemas de conducta, rabietas, bullying, ansiedad infantil, depresión en la adolescencia y dificultades de aprendizaje. La terapia online facilita la continuidad sin desplazamientos ni faltar al colegio.
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Quién pide la cita, y qué pasa cuando los padres están separados
La cita la piden los adultos responsables del menor. Cuando la patria potestad es compartida —lo habitual tras una separación, aunque la custodia sea de uno solo—, la atención psicológica de un hijo se considera una decisión que corresponde a ambos progenitores, y por eso la mayoría de profesionales piden el consentimiento de los dos antes de empezar. No es burocracia ni desconfianza: es lo que protege al menor y también al profesional.
Si el otro progenitor no responde o se niega, dilo en la primera llamada en lugar de callarlo. Es una situación frecuente, tiene salidas —desde el acuerdo por escrito hasta la autorización judicial— y lo que no funciona es empezar la terapia y que el problema aparezca en la sesión cuatro. Cuando el menor tiene 16 años o más, la norma general en España es que consienta él mismo la asistencia sanitaria; sigue habiendo excepciones cuando hay riesgo grave, y en ese caso se informa a los padres.
Qué se les cuenta a los padres y qué no
Con niños pequeños los padres están dentro del proceso: buena parte del trabajo consiste en darles pautas, porque el cambio real ocurre en casa y en el colegio, no en los cincuenta minutos de sesión. Con adolescentes el marco cambia. Si un chaval de quince años sabe que todo lo que diga se repite en el salón, no dirá nada que importe, y la terapia se convierte en una hora perdida a la que además le obligan a ir.
Lo que hacen la mayoría de profesionales es acordar el marco al principio, delante de todos: los padres reciben información sobre cómo va el proceso y qué se está trabajando, y el contenido concreto de lo que cuenta el menor se queda en la sesión. Con una excepción que se dice en voz alta desde el primer día, para que nadie se sienta traicionado después: si aparece riesgo para su vida o su integridad, o para la de otra persona, eso se comparte. Si esto no te lo explican, pregúntalo tú.
Cómo funciona la terapia online con un niño y con un adolescente
No funciona igual según la edad, y conviene decirlo sin adornos. Con niños pequeños, la videollamada no sostiene una sesión de juego: lo que sí funciona muy bien en online es el trabajo con los padres —pautas de conducta, rutinas, cómo responder a las rabietas, coordinación con el colegio—, que en muchos casos es donde está la mayor parte del cambio. Con niños en edad escolar, algunos profesionales trabajan online con material compartido y sesiones más cortas.
Con adolescentes la videollamada suele ser una ventaja, no un apaño: es su terreno, se ahorran la sala de espera y el trayecto, y hay chavales que hablan más mirando una pantalla que sentados frente a un adulto. Lo que hace falta es un sitio donde nadie escuche desde el pasillo. Si en casa no lo hay, se puede hacer desde el coche, desde casa de un familiar o con auriculares; merece la pena resolverlo antes de la primera sesión, porque sin intimidad no hay terapia.
Cuando el que necesita ayuda no es el niño
Una parte de las consultas por un hijo termina siendo otra cosa: una separación mal cerrada, un adulto agotado, un conflicto entre los dos progenitores que el niño está expresando por su cuenta. Que aparezca eso no significa que la consulta fuera un error ni que la culpa sea de nadie; significa que se ha encontrado dónde intervenir para que las cosas cambien de verdad.
Tampoco todo lo que preocupa es un trastorno. Hay etapas duras que no necesitan tratamiento, sino orientación y algo de tiempo. Un profesional serio te lo dirá, y a veces la primera consulta acaba en «esto no requiere terapia, haced esto otro y volved si no mejora». Eso también es un buen resultado.
Si tú o alguien de tu entorno estáis en peligro inmediato, llama al 112. Para conducta suicida, el 024 atiende las 24 horas, todos los días, de forma gratuita y confidencial. Esta página no es un servicio de urgencias.
Preguntas frecuentes
¿Hace falta el permiso de los dos progenitores?
Cuando la patria potestad es compartida, lo habitual es que sí: la atención psicológica de un menor se entiende como una decisión de ambos, con independencia de con quién viva. Si el otro progenitor no está localizable o se opone, coméntalo en la primera llamada; hay vías para resolverlo y es mejor abordarlo antes de empezar que a mitad del proceso.
¿A partir de qué edad decide el menor?
La norma general en España sitúa en los 16 años el momento en que el propio menor consiente la asistencia sanitaria. Antes de esa edad se valora también su madurez y se le escucha, aunque el consentimiento lo den los adultos responsables. En situaciones de riesgo grave se informa a los padres con independencia de la edad.
¿Le van a contar a mis padres todo lo que diga?
Lo habitual es que no. Los padres reciben información sobre el proceso y sobre qué se está trabajando, no la transcripción de las sesiones. La excepción, que debe explicarse desde el primer día, es que aparezca riesgo para tu vida o tu integridad, o para la de otra persona. Si nadie te ha aclarado dónde está esa línea, tienes derecho a preguntarlo.
¿Funciona la terapia online con niños pequeños?
Depende de para qué. Para el trabajo con los padres —pautas, rutinas, manejo de conductas, coordinación con el colegio— funciona bien y es donde suele estar la mayor parte del cambio a esas edades. Para sesiones de juego con niños muy pequeños, la presencia física aporta cosas que una pantalla no da. Con adolescentes, la videollamada suele funcionar igual o mejor que el despacho.
¿Y si mi hijo se niega a ir?
Es frecuente, sobre todo en la adolescencia, y no es motivo para descartar la consulta. Muchos profesionales empiezan trabajando solo con los padres: cambiando lo que hacen los adultos cambia bastante el cuadro, y no es raro que el menor acabe queriendo acudir cuando ve que no se trata de que lo arreglen a él. Obligarle a sentarse en una sesión a la que se niega en redondo rara vez sirve de algo.
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Este contenido es divulgativo y no sustituye la valoración de un profesional. No sirve para diagnosticar a nadie, ni a ti ni a otra persona.