Se habla mucho de la alegría de tener un bebé y bastante menos de todo lo que puede removerse por dentro en las semanas y meses siguientes. Muchas madres esperan, como mucho, unos días de bajón, y se sorprenden al encontrarse con algo distinto: una preocupación constante que no las deja descansar, el corazón acelerado cada vez que el bebé duerme demasiado tranquilo o imágenes que aparecen sin querer y les dan miedo. La ansiedad posparto es frecuente, a menudo pasa desapercibida y, sobre todo, tiene ayuda. En este artículo explicamos en qué se diferencia de la tristeza de los primeros días y de la depresión posparto, y qué hacer si te reconoces en ella.
Tristeza puerperal, depresión y ansiedad: no son lo mismo
Después del parto confluyen cambios hormonales bruscos, falta de sueño, recuperación física y un cambio de vida enorme. No es raro que todo eso se note en el estado de ánimo. Aun así, conviene distinguir tres situaciones:
- Tristeza puerperal: también llamada «baby blues». Aparece en los primeros días tras el parto, con llanto fácil, sensibilidad, cambios de humor y sensación de estar desbordada. Es muy común y suele ir remitiendo por sí sola en poco tiempo, con descanso y apoyo.
- Depresión posparto: el ánimo bajo no mejora o empeora con el paso de las semanas. Aparecen tristeza persistente, pérdida de interés, sensación de no sentir conexión con el bebé, culpa intensa o desesperanza. Puede comenzar semanas o meses después del parto.
- Ansiedad posparto: lo que predomina no es la tristeza, sino la preocupación, la alerta y el miedo. Puede aparecer sola o junto a síntomas depresivos.
Estas etiquetas solo puede valorarlas un profesional, pero conocer la diferencia ayuda a no quedarse esperando a que «se pase» algo que necesita atención.
Cómo se vive la ansiedad posparto
La ansiedad posparto puede tomar muchas formas. Algunas de las más habituales son:
- Preocupación constante por la salud del bebé, por si respira, si come lo suficiente o si le pasa algo.
- Dificultad para dormir incluso cuando el bebé duerme y podrías descansar.
- Necesidad de comprobar una y otra vez, buscar información sin parar o pedir que te tranquilicen.
- Síntomas físicos: tensión muscular, palpitaciones, nudo en el estómago, sensación de ahogo.
- Irritabilidad, sensación de no poder desconectar nunca y miedo a quedarte sola con el bebé.
Muchas mujeres no lo identifican como ansiedad porque lo atribuyen al cansancio o creen que preocuparse tanto es simplemente parte de ser madre. Si la preocupación ocupa casi todo el día y no te deja disfrutar de nada, merece la pena consultarlo.
Pensamientos intrusivos sobre el bebé
Uno de los aspectos más angustiosos, y del que menos se habla, son los pensamientos intrusivos: imágenes o ideas que aparecen de repente, como que el bebé se cae, que se ahoga en la bañera o incluso que tú podrías hacerle daño. Quien los tiene suele vivirlos con horror y vergüenza, y muchas madres no se atreven a contarlo por miedo a que las juzguen o a que les quiten al bebé.
Es importante saber que este tipo de pensamientos son frecuentes en el posparto y que tenerlos no significa que vayas a actuar sobre ellos. Precisamente porque te generan rechazo y angustia, hacen que extremes el cuidado, no al revés. Lo que suele mantenerlos es intentar evitarlos a toda costa, por ejemplo no bañar al bebé o esconder los cuchillos. Si te reconoces aquí, te ayudará leer sobre pensamientos intrusivos y cuándo consultar, y si van acompañados de rituales o comprobaciones constantes, sobre las compulsiones mentales.
Distinto es si aparece confusión, ideas extrañas que se viven como reales, ver u oír cosas que no están o sensación de desconexión de la realidad. En ese caso hay que buscar atención médica urgente ese mismo día.
Qué puede ayudarte en el día a día
- Proteger el sueño: organizar turnos con tu pareja o con alguien de confianza para tener bloques de descanso es una de las medidas más útiles.
- Pedir y aceptar ayuda concreta: que alguien cocine, haga la compra o se quede con el bebé un rato mientras sales a caminar.
- Limitar la búsqueda de información: consultar internet ante cada duda suele alimentar la ansiedad más que calmarla.
- Hablar de lo que sientes: con tu pareja, con otras madres o en grupos de crianza. Descubrir que no eres la única alivia mucho.
- Bajar el listón: la casa, las visitas y las expectativas pueden esperar.
Si la ansiedad aumenta al caer la noche, en ansiedad por la noche encontrarás algunas pautas que también sirven en esta etapa.
El papel de la pareja y del entorno
Las personas cercanas pueden marcar una gran diferencia. Escuchar sin minimizar, sin decir «disfruta, que pasa muy rápido» o «todas las madres se preocupan», y fijarse en señales como que la madre no duerma aunque pueda, no coma, esté siempre en alerta o haya dejado de reír. También la pareja puede vivir su propio malestar después del nacimiento y merece espacio para contarlo.
Cuándo pedir ayuda profesional
No hace falta esperar a estar muy mal. Habla con tu matrona, tu médico de familia o tu ginecóloga si la ansiedad o la tristeza no mejoran con el paso de los días, si te impiden descansar o disfrutar, si los pensamientos intrusivos te angustian mucho o si sientes que no puedes con todo. Son profesionales acostumbrados a estas situaciones y pueden orientarte sobre el apoyo psicológico y, si hace falta, otras opciones de tratamiento compatibles con la lactancia.
Un psicólogo con experiencia en perinatalidad puede ayudarte a entender lo que te pasa, a manejar la preocupación y los pensamientos intrusivos y a recuperar la confianza en ti como madre. La terapia online puede ser especialmente práctica en estos meses, porque evita desplazamientos con el bebé.
Si en algún momento sientes que no puedes más o aparecen pensamientos de hacerte daño, llama al 024 (atención a la conducta suicida, gratuito y 24 h) o al 112 en caso de urgencia.
Sentir ansiedad después de tener un bebé no te hace peor madre: te hace una persona que necesita apoyo en un momento muy exigente. En Viving puedes encontrar psicólogos especializados en acompañamiento en perinatalidad y en ansiedad.