Cada vez más personas se reconocen en la palabra asexualidad, y a la vez sigue habiendo mucha confusión a su alrededor. Hay quien la confunde con un problema de deseo, con una etapa, con miedo a la intimidad o con algo que «se arregla» encontrando a la persona adecuada. Ninguna de esas ideas es acertada. En este artículo explicamos qué es la asexualidad, qué no es, en qué se diferencia de un deseo bajo que causa malestar y cómo se puede vivir en pareja cuando una o las dos personas se identifican así.
Qué es la asexualidad
La asexualidad es una orientación sexual que se caracteriza por sentir poca o ninguna atracción sexual hacia otras personas. Igual que otras orientaciones, describe cómo es alguien, no algo que le falte ni algo que le pase. No es un trastorno ni un síntoma, y no necesita ser explicada ni justificada.
Es útil distinguir algunos conceptos que a menudo se mezclan:
- Atracción sexual: el deseo de tener contacto sexual con una persona concreta.
- Atracción romántica: el deseo de tener una relación afectiva, de enamorarse, de compartir vida.
- Conducta sexual: lo que alguien hace o decide hacer, que no siempre coincide con lo que siente.
Una persona asexual puede sentir atracción romántica y desear una pareja, o no sentirla. Puede tener relaciones sexuales por distintos motivos o no tenerlas nunca. Puede sentir deseo de forma autónoma, sin que vaya dirigido a nadie. Por eso se habla a menudo de un espectro: hay quien se identifica como asexual, quien solo siente atracción en circunstancias muy concretas y quien siente atracción únicamente cuando hay un vínculo emocional profundo, lo que se conoce como demisexualidad.
Lo que la asexualidad no es
Algunos mitos frecuentes conviene desmontarlos con claridad:
- No es celibato. El celibato es una decisión de no tener relaciones; la asexualidad tiene que ver con la atracción, no con una elección.
- No es falta de afecto. Muchas personas asexuales son muy cariñosas y valoran mucho la cercanía, los abrazos o la complicidad.
- No es consecuencia de una mala experiencia. Pensar que «algo le habrá pasado» invalida una identidad que muchas personas viven con tranquilidad.
- No es una fase que haya que esperar a que pase. La identidad de cada persona puede evolucionar a lo largo de la vida, como cualquier otra, pero eso no la convierte en algo provisional ni menos válido.
- No se resuelve con la persona adecuada. Este comentario, aunque se diga con buena intención, suele resultar muy doloroso.
Asexualidad y deseo bajo: una diferencia clave
Aquí está una de las confusiones más habituales. La diferencia principal no está en cuánto deseo hay, sino en cómo lo vive la persona. Una persona asexual normalmente no siente que le falte nada: su forma de vivir la atracción encaja con quien es. En cambio, cuando alguien nota que su deseo ha disminuido respecto a como era antes, o cuando esa falta de deseo le genera malestar, preocupación o conflicto interno, puede haber otros factores en juego, como el estrés, el cansancio, la relación, cambios vitales o aspectos de salud.
Si te reconoces más en esta segunda situación, te puede interesar leer sobre el deseo sexual bajo en pareja. Y si sientes dudas, no hace falta resolverlas de golpe ni ponerte una etiqueta: explorar con calma qué sientes ya es un paso valioso.
Cuando llega la duda: cómo explorarla
Muchas personas pasan años pensando que «algo no funciona» en ellas porque no sienten lo que se supone que deberían sentir. Descubrir que existe un nombre para su experiencia puede traer mucho alivio. Si estás en ese momento, algunas preguntas pueden ayudarte, sin buscar respuestas definitivas:
- ¿Cómo te sientes cuando imaginas una relación sin componente sexual? ¿Alivio, indiferencia, tristeza?
- ¿Lo que te preocupa es lo que sientes o lo que crees que deberías sentir?
- ¿Ha cambiado tu forma de vivir la atracción con el tiempo o siempre ha sido así?
Leer testimonios, hablar con personas de confianza o con un profesional respetuoso puede ayudar a ordenar lo que sientes sin presiones.
Asexualidad y pareja
Una persona asexual puede tener relaciones de pareja plenas, tanto con otra persona asexual como con alguien que no lo es. Lo que sí resulta imprescindible es la comunicación. Cuando las expectativas sobre la intimidad son distintas, hay que hablar de ellas sin culpa y sin dar nada por supuesto:
- Qué significa la intimidad para cada uno: puede incluir contacto físico, tiempo de calidad, proyectos compartidos o conversaciones profundas.
- Qué es cómodo, qué no lo es y qué es negociable para cada persona.
- Cómo cuidar el vínculo para que nadie se sienta rechazado ni obligado.
Algunas parejas encuentran acuerdos que les funcionan muy bien; otras descubren que sus necesidades son difíciles de conciliar. Ambas cosas pueden pasar, y ninguna es un fracaso. Lo importante es que ninguna de las dos personas tenga que renunciar a sí misma. Si os cuesta abordar estas conversaciones, puede servir esta guía sobre comunicación asertiva en pareja. Y si estáis valorando fórmulas distintas a la pareja tradicional, también hablamos de acuerdos y comunicación en relaciones abiertas.
El peso de la presión social
Vivimos en una cultura en la que la sexualidad aparece en todas partes y se da por hecho que todo el mundo la desea de la misma manera. Para una persona asexual eso puede traducirse en preguntas incómodas, bromas, sensación de no encajar o presión para tener relaciones que no desea. Esa presión, mantenida en el tiempo, puede afectar a la autoestima y al ánimo, de forma parecida a lo que viven quienes sienten la presión social por tener pareja. No es la orientación lo que genera malestar, sino la falta de comprensión del entorno.
Cuándo puede ayudarte un psicólogo
La asexualidad no necesita tratamiento. Pero puede ser útil hablar con un profesional si te sientes confundido o confundida y quieres explorar tu identidad con calma, si la presión de tu entorno te está afectando, si en tu pareja hay malestar por necesidades diferentes o si notas que tu falta de deseo te preocupa y quieres entender qué hay detrás. Un buen profesional te acompañará sin juzgar ni empujarte hacia ninguna conclusión.
Si quieres un espacio seguro para hablar de tu sexualidad o de tu relación, en Viving puedes encontrar psicólogos especializados en pareja y sexualidad que respetan la diversidad y trabajan a tu ritmo.