Descubrir que tu hijo o tu hija adolescente se hace daño a propósito es uno de los momentos más duros que puede vivir una madre o un padre. Quizá has visto unas marcas que no te cuadran, quizá lleva meses con manga larga en pleno verano, quizá te lo ha contado otra persona. Lo normal es sentir miedo, culpa, rabia, tristeza o desconcierto, todo a la vez. Este artículo no pretende darte todas las respuestas, pero sí ayudarte a reaccionar de una forma que proteja a tu hijo y abra la puerta a la ayuda que necesita.
Si crees que tu hijo está en peligro inmediato, tiene una herida que necesita atención médica o ha expresado que quiere quitarse la vida, llama al 112. Si necesitas orientación o apoyo, puedes llamar al 024, la línea de atención a la conducta suicida, gratuita, confidencial y disponible las 24 horas, también para familiares.
Qué son las autolesiones y por qué ocurren
Se habla de autolesiones cuando una persona se causa daño físico de forma intencionada. En la adolescencia no son algo excepcional, aunque se viven en secreto y con mucha vergüenza. Lo más importante que conviene entender es que, en la mayoría de los casos, la autolesión es una forma de intentar manejar un malestar emocional que se vive como insoportable.
Los adolescentes que se autolesionan suelen describirlo como una manera de aliviar la tensión, de sentir algo cuando se sienten vacíos, de castigarse, de expresar lo que no saben decir con palabras o de recuperar una sensación de control. Detrás puede haber ansiedad, tristeza, problemas de autoestima, acoso, conflictos familiares, experiencias traumáticas u otras dificultades.
Las autolesiones no siempre significan que haya intención de morir, pero son una señal de sufrimiento importante y siempre deben tomarse en serio. Además, el riesgo puede cambiar con el tiempo, por eso es imprescindible que un profesional valore la situación.
Tu primera reacción: calma antes que respuestas
Es muy probable que tu primera reacción sea intensa. Es humano. Pero en la medida de lo posible, intenta tomarte un momento antes de hablar con tu hijo. Si lo necesitas, respira, sal un momento de la habitación o habla primero con otro adulto de confianza.
Lo que conviene evitar en ese primer momento:
- Gritar, castigar o amenazar. Aumenta la vergüenza y el aislamiento, y puede llevar a esconderlo mejor.
- Exigir que prometa que no lo volverá a hacer. Para muchos adolescentes es una forma de sobrevivir a emociones muy intensas; sin otras herramientas, una promesa suele ser imposible de cumplir y añade culpa.
- Quitarle importancia o tratarlo como una forma de llamar la atención. Incluso si buscara atención, eso significaría que necesita ayuda.
- Hacer un interrogatorio. Preguntar todo de golpe puede hacer que se cierre.
- Hablarlo delante de otras personas o difundirlo. La intimidad es importante para que confíe en ti.
Cómo hablar con tu hijo
No existe una conversación perfecta, pero sí algunas actitudes que suelen ayudar. Busca un momento tranquilo y un lugar privado. Habla desde la preocupación y el cariño, no desde el reproche. Algo como «He visto que te estás haciendo daño y me preocupa mucho cómo estás. No estoy enfadado contigo, quiero entender y ayudarte» suele abrir más puertas que cualquier sermón.
Escucha más de lo que hablas. Es posible que tu hijo no quiera o no sepa explicarlo, y está bien. No hace falta que lo entiendas todo en una sola conversación. Validar lo que siente, aunque no compartas la forma en que lo gestiona, es clave; en el artículo sobre validar o invalidar lo que siente quien sufre encontrarás ejemplos de frases que ayudan y frases que hieren sin querer.
Pregúntale con calma si alguna vez ha pensado en quitarse la vida. Hablar del suicidio de forma directa y respetuosa no pone la idea en la cabeza; al contrario, permite saber cómo está y le muestra que puede hablar de ello contigo. Si la respuesta te preocupa, busca ayuda ese mismo día.
Primeros pasos prácticos
- Atiende las heridas. Si hay lesiones, asegúrate de que reciben la atención adecuada. Si te parecen importantes o no sabes valorarlas, acude a un centro sanitario o a urgencias.
- Pide cita con el pediatra o el médico de familia. Puede valorar el estado físico y derivar a los servicios de salud mental infantojuvenil. Si no sabes cómo funciona, consulta cómo pedir psicólogo en la sanidad pública.
- Busca un psicólogo con experiencia en adolescentes. El acompañamiento profesional es fundamental para entender qué hay detrás y aprender otras formas de manejar el malestar.
- Haz el entorno más seguro. Sin convertir la casa en una vigilancia constante, reducir el acceso a objetos o medicamentos con los que pueda hacerse daño es una medida de protección razonable, sobre todo en momentos de crisis.
- Valora hablar con el centro educativo. Siempre con cuidado y, en lo posible, contando con tu hijo, sobre todo si sospechas que hay acoso o problemas en el colegio o el instituto.
Señales a las que prestar atención
Muchas familias se enteran tarde porque las autolesiones se ocultan bien. Algunas señales que pueden hacer sospechar son heridas o marcas sin explicación, ropa que tapa brazos o piernas incluso con calor, rechazo a actividades en las que se ve el cuerpo, aislamiento, cambios bruscos de humor, pasar mucho tiempo encerrado o en el baño, y comentarios de desesperanza. Ninguna de ellas por sí sola confirma nada, pero si notas varias, conviene preguntar. El artículo sobre cuándo preocuparse si tu hijo adolescente se encierra en su cuarto y la guía de señales por edad de que tu hijo necesita ayuda psicológica pueden ayudarte a afinar la mirada.
Cuándo pedir ayuda profesional
Siempre. Ante cualquier autolesión, lo recomendable es que un profesional sanitario y un psicólogo valoren la situación, aunque parezca algo puntual o tu hijo le reste importancia. Busca ayuda urgente, llamando al 112 o acudiendo a urgencias, si hay heridas que necesitan atención, si tu hijo habla de querer morir, si ha hecho planes o si notas un cambio brusco que te alarme. Recuerda que el 024 también atiende a familiares que necesitan orientación.
La terapia ayuda al adolescente a identificar qué emociones y situaciones disparan las autolesiones y a construir alternativas más seguras para afrontarlas. A menudo también se trabaja con la familia, para mejorar la comunicación y que el hogar sea un lugar donde se pueda hablar de lo difícil. Si estás valorando el formato a distancia, consulta qué tener en cuenta en la terapia online para adolescentes.
Cuídate tú también
Acompañar a un hijo que se autolesiona es agotador y remueve mucho. Es frecuente sentir culpa o preguntarse qué se hizo mal. Recuerda que las autolesiones suelen tener muchas causas y que lo que importa ahora es lo que haces a partir de este momento. Apóyate en tu pareja, en otros familiares o en un profesional. Pedir ayuda para ti no es un lujo: te permite sostener mejor a tu hijo. En Viving puedes encontrar psicólogos especializados en infancia y adolescencia que pueden acompañaros en este proceso.