Llegas a la oficina, abres el correo y en una hora has terminado lo poco que tenías pendiente. El resto del día lo pasas buscando algo que hacer, alargando tareas sencillas o con varias ventanas abiertas para parecer ocupado. Al salir, curiosamente, estás agotado. Si te pasa algo así, no es que seas raro ni desagradecido por «tener un trabajo tranquilo». Este fenómeno tiene nombre: boreout, el desgaste por aburrimiento e infraocupación. Se habla menos de él que del burnout, pero también afecta al ánimo y a la autoestima. En este artículo te explicamos qué es, cómo se manifiesta y qué opciones tienes.
Qué es el boreout
El término se usa para describir un malestar que aparece cuando el trabajo, durante un tiempo prolongado, ofrece muy poca carga, muy poco reto o muy poco sentido. No es un diagnóstico clínico, sino una forma de nombrar una experiencia que muchas personas reconocen. Suele combinar tres elementos:
- Infraocupación: tienes mucho menos trabajo del que podrías asumir.
- Falta de reto: las tareas están muy por debajo de tus capacidades o son siempre las mismas.
- Falta de sentido: no ves para qué sirve lo que haces ni a quién le importa.
Puede parecer un problema menor comparado con la sobrecarga, pero el aburrimiento sostenido también cansa. La mente necesita cierta estimulación, y pasar ocho horas sin ella resulta sorprendentemente agotador.
Fingir estar ocupado: el esfuerzo invisible
Uno de los rasgos más característicos del boreout es la necesidad de aparentar. Muchas personas en esta situación desarrollan estrategias para que no se note que no tienen nada que hacer: estirar tareas, mantener abiertos documentos que no tocan, responder correos despacio, asistir a reuniones innecesarias. Lo hacen por miedo a que se piense que sobran, a que les recorten el puesto o a quedar mal.
Ese teatro diario tiene un coste. Exige vigilancia constante, genera la sensación de estar engañando y a menudo se vive con vergüenza. Es difícil quejarse de tener poco trabajo cuando tantos compañeros o amigos están desbordados, así que el malestar se calla.
Cómo afecta al ánimo
El boreout no se queda en el horario laboral. Es frecuente notar:
- Cansancio y apatía que se arrastran también a la tarde y al fin de semana. La apatía puede hacer que te cueste incluso disfrutar del tiempo libre.
- Irritabilidad y una sensación de frustración difícil de explicar.
- Baja autoestima: empiezas a dudar de tus capacidades, sientes que te estás oxidando o que ya no sabrías desenvolverte en un puesto exigente.
- Culpa: por no estar contento con algo que «otros desearían».
- Sensación de vida estancada: los días se parecen mucho entre sí y te preguntas hacia dónde vas.
Es curioso, pero muchos de estos síntomas recuerdan a los del agotamiento por exceso de trabajo. Si quieres entender en qué se parecen y en qué se diferencian estos malestares, puede ayudarte leer sobre las diferencias entre burnout y estrés laboral.
Por qué aparece
Las causas suelen estar más en la organización que en la persona: puestos mal definidos, reestructuraciones que dejan tareas vacías, sobrecualificación para el puesto, jefes que no delegan, procesos tan automatizados que queda poco margen o empresas que mantienen a alguien «aparcado» sin decirlo. También influye la propia situación vital: a veces se acepta un trabajo por debajo de tus capacidades por estabilidad, por conciliación o porque no había otra opción, y con el tiempo esa decisión empieza a pesar.
Conviene desmontar una idea muy extendida: el boreout no es pereza. Las personas que lo sufren suelen querer hacer más y sentirse útiles; lo que falta es la oportunidad. Por eso es tan frustrante, y por eso la solución rara vez pasa por «tomárselo con filosofía» y disfrutar de la calma. Un poco de tranquilidad puntual se agradece; meses sin nada que aportar, no.
Si además sientes que llevas años en el mismo sitio sin crecer, es probable que te identifiques con el artículo sobre sentirte estancado en el trabajo.
Qué opciones tienes
No hay una única salida, y no todas pasan por cambiar de empleo. Algunas posibilidades:
- Ponerle nombre: reconocer que lo que sientes es real y tiene una causa ya alivia la culpa.
- Hablar con tu responsable: plantear que tienes capacidad para asumir más, proponer proyectos o pedir formación. Muchas veces quien gestiona no es consciente de la situación. Hacerlo en términos de aportar más, y no de queja, suele facilitar la conversación.
- Buscar sentido dentro del puesto: mejorar un proceso, documentar algo que nadie ha ordenado o ayudar a compañeros puede dar algo de estímulo mientras valoras otras opciones.
- Formarte: usar parte de ese tiempo, si tu empresa lo permite, o del tuyo para aprender algo que te interese puede abrir puertas y devolverte sensación de avance.
- Cuidar la vida fuera del trabajo: aficiones, deporte, relaciones o proyectos personales compensan, aunque no sustituyen, un trabajo sin estímulo.
- Plantearte un cambio: si nada de lo anterior es posible, quizá sea momento de pensar en otro puesto, otra empresa u otro sector, sin precipitarte y con un plan.
A veces el boreout se confunde con desmotivación o con una decisión consciente de implicarse menos. Si te interesa esa diferencia, puedes leer sobre el quiet quitting. Y si en tu caso no hay aburrimiento pero sí la sensación de no poder faltar aunque estés mal, te puede interesar el artículo sobre el presentismo.
Cuándo puede ayudarte un psicólogo
Puede ser buen momento para consultar si el aburrimiento en el trabajo ha empezado a afectar a tu ánimo fuera de él, si notas apatía o tristeza que no se van, si tu autoestima ha caído, si te sientes atrapado y no ves salida o si llevas tiempo queriendo hacer un cambio pero el miedo te frena. En terapia puedes entender qué necesitas de tu trabajo, recuperar la confianza en tus capacidades y tomar decisiones con más claridad.
Aburrirse en el trabajo no es un capricho: cuando se alarga, desgasta. Si te reconoces en este artículo, en Viving puedes encontrar psicólogos especializados en psicología del trabajo que te ayuden a recuperar el sentido y el rumbo.