Puede que hace tiempo que sepas quién eres y a quién quieres, que tengas amigos que te aceptan e incluso que hayas salido del armario. Y, aun así, hay algo que no termina de encajar: un nudo cuando ves a una pareja del mismo sexo besarse en público, una incomodidad al hablar de tu vida con naturalidad, una voz interior que dice que eres «demasiado» o que nunca serás del todo válido. Muchas personas LGTBI cargan con mensajes de rechazo que escucharon durante años y que, sin darse cuenta, acabaron haciendo suyos. Es lo que se conoce como homofobia interiorizada (o, de forma más amplia, LGTBIfobia interiorizada). En este artículo vemos cómo se manifiesta, por qué no es culpa tuya y cómo se puede trabajar.
Qué es la homofobia interiorizada
Crecemos rodeados de mensajes sobre lo que es «normal»: chistes en el colegio, insultos en el patio, silencios en casa, personajes ridiculizados en televisión, comentarios en la familia. Cuando una persona LGTBI recibe esos mensajes desde pequeña, antes incluso de saber cómo se siente, es muy fácil que los absorba. Después, aunque racionalmente sepa que no hay nada malo en ser quien es, una parte de ella sigue funcionando con esas creencias antiguas.
No es un defecto ni una contradicción vergonzosa: es la huella lógica de haber crecido en un entorno que, de forma más o menos explícita, transmitía rechazo. Reconocerlo es el primer paso para que deje de dirigir tu vida desde las sombras.
Cómo se manifiesta en el día a día
La homofobia interiorizada no siempre es evidente. A menudo aparece de formas sutiles:
- Vergüenza difusa al pensar en tu orientación, o incomodidad cuando el tema sale en una conversación.
- Ocultarte más de lo que necesitas: cambiar pronombres al hablar de tu pareja, evitar fotos juntos, controlar gestos o forma de vestir para no «parecer demasiado».
- Rechazo hacia otras personas LGTBI, sobre todo hacia quienes son más visibles, como si su forma de ser te pusiera en evidencia.
- Autoexigencia extrema, como si tuvieras que compensar algo siendo el mejor en el trabajo, el hijo perfecto o la persona que nunca da problemas.
- Baja autoestima y sensación de no merecer una relación sana o una vida plena.
- Ansiedad en situaciones sociales, en el trabajo o en reuniones familiares, por miedo a ser descubierto o juzgado.
Si te reconoces en la parte de la autoestima, puede ayudarte el artículo con ejercicios prácticos para la autoestima baja.
El impacto en las relaciones de pareja
Los mensajes de rechazo interiorizados también se cuelan en las relaciones. Algunas personas sienten que su relación es menos «real» o menos legítima que la de otras parejas, les cuesta mostrar afecto en público o evitan presentar a su pareja a la familia y a los compañeros. Otras se enganchan a relaciones que no les hacen bien porque, en el fondo, no creen merecer algo mejor. También puede aparecer desconfianza, miedo al compromiso o una sensación de vivir el amor a escondidas incluso cuando ya no hace falta.
Estos conflictos no tienen que ver con la orientación en sí, sino con la vergüenza que se arrastra. Cuando se trabaja esa vergüenza, muchas parejas ganan en tranquilidad y en libertad para mostrarse tal como son.
Salir del armario no siempre basta
Salir del armario es un paso enorme y, para muchas personas, liberador. Pero no borra de golpe todo lo aprendido. Es frecuente que alguien que ya ha hablado con su familia siga sintiendo incomodidad o culpa en determinados momentos. Si estás preparando esa conversación, te puede orientar el artículo sobre salir del armario con tu familia.
Además, la homofobia interiorizada puede reactivarse en distintas etapas de la vida: al formar una familia, al cambiar de trabajo, al envejecer. Las generaciones mayores, que crecieron en contextos de mayor represión, suelen cargar con capas de silencio aún más profundas, como contamos en el artículo sobre las personas LGTBI mayores.
Cómo se trabaja: terapia afirmativa
La terapia afirmativa parte de una premisa clara: ser lesbiana, gay, bisexual, trans o de cualquier otra identidad u orientación no es un problema que haya que corregir. Lo que se trabaja es el malestar que genera el rechazo, tanto el que viene de fuera como el que se ha instalado dentro. En terapia se suele:
- Identificar los mensajes interiorizados: de dónde vienen, cuándo aparecen y qué te dicen.
- Cuestionarlos con calma, sin forzar: no se trata de obligarte a sentir orgullo de un día para otro, sino de ir desmontando creencias que te hacen daño.
- Trabajar la vergüenza y la culpa, que a menudo son las emociones más difíciles de nombrar.
- Cuidar la relación con tu historia: experiencias de acoso, rechazo familiar o pérdidas que quizá nunca se han hablado.
- Construir red: contactar con otras personas LGTBI, colectivos o espacios donde sentirte parte de algo.
- Decidir con libertad cuánto quieres mostrarte en cada ámbito, desde la elección y no desde el miedo.
Es importante buscar un profesional que trabaje desde este enfoque y con el que te sientas seguro. Dar el paso cuesta, y es normal; si te ocurre, quizá te ayude leer sobre la vergüenza de ir al psicólogo.
Cuándo pedir ayuda profesional
Conviene buscar apoyo si la vergüenza o el miedo te impiden vivir con tranquilidad, si te ocultas en ámbitos donde no quieres hacerlo, si tus relaciones se resienten, si sientes ansiedad o tristeza persistentes, o si has vivido experiencias de rechazo que siguen pesando. No hace falta tenerlo todo claro para empezar: basta con notar que algo duele. Si en algún momento sientes que no puedes más o aparecen pensamientos de hacerte daño, llama al 024 (atención a la conducta suicida, gratuito y 24 h) o al 112 en caso de urgencia.
Si sientes que el rechazo que viviste se ha quedado dentro, en Viving puedes hablar con psicólogos especializados en ansiedad que trabajan desde el respeto y la diversidad, y que pueden acompañarte a vivir con más libertad.