«Mamá, papá, tengo que contaros algo». Cuando tu hijo o tu hija te dice que es gay, lesbiana o bisexual, te está confiando algo muy importante de sí mismo. Probablemente lleva tiempo pensándolo, preparando las palabras y temiendo tu reacción. Tú, en cambio, quizá no lo esperabas, o lo intuías pero no sabías cómo abordarlo. Este artículo está escrito para ti, madre o padre, para ayudarte a gestionar esos primeros momentos y a acompañar a tu hijo con cariño, también en tus propias dudas.
Lo que significa que te lo haya contado
Antes de pensar en qué decir, merece la pena detenerse en un hecho: tu hijo ha decidido contártelo. Muchos jóvenes tardan en dar este paso o lo hacen primero con amigos, por miedo a decepcionar, a ser rechazados o a cambiar la relación con su familia. Que te lo diga a ti es una muestra de confianza, aunque llegue con nervios, a destiempo o en medio de una discusión.
Si quieres entender cómo se vive desde el otro lado, el artículo salir del armario con tu familia está escrito para quien da el paso, y puede ayudarte a ponerte en su lugar.
La primera reacción: qué ayuda en ese momento
No hace falta tener el discurso perfecto. Lo que tu hijo necesita, sobre todo, es saber que le sigues queriendo igual. Algunas frases sencillas que suelen ayudar:
- «Gracias por contármelo».
- «Te quiero igual que antes, eso no cambia».
- «Me alegra que confíes en mí».
- «¿Cómo estás tú? ¿Cuánto tiempo llevas dándole vueltas?».
Si la noticia te ha removido y no sabes qué decir, también puedes ser honesto: «Necesito un poco de tiempo para asimilarlo, pero quiero que sepas que te quiero y que estoy contigo». Lo importante es que ese tiempo no se convierta en silencio frío. Retoma la conversación tú, en los días siguientes, para que no se quede con la duda de qué piensas.
Lo que conviene no decir
Hay frases que se dicen sin mala intención, desde el desconcierto, pero que pueden doler mucho:
- «Es una fase» o «ya se te pasará». Le transmite que no le crees y que esperas que deje de ser como es.
- «¿Estás seguro?», en tono de duda o de reproche. Si tiene dudas, ya las explorará; tu papel no es examinarle.
- «¿Qué hemos hecho mal?». La orientación sexual no es consecuencia de la crianza ni algo que se haga mal.
- «No se lo digas a nadie» o «a tu abuelo ni se te ocurra». Puede vivirlo como vergüenza ajena.
- «Lo acepto, pero no quiero verlo». Aceptar a medias también se percibe.
Si alguna de estas frases se te escapó, no está todo perdido. Puedes volver sobre ello: «El otro día te dije que era una fase y no estuvo bien. Lo siento. Quiero entenderte mejor». Reparar es posible y tiene mucho valor.
Tus propios miedos también cuentan
Es frecuente que, junto al cariño, aparezcan miedos: que sufra discriminación, que lo pase mal en el colegio o en el trabajo, qué dirán otros familiares, o incluso un duelo por el futuro que habías imaginado. Sentir esto no te convierte en mal padre o mala madre. La mayoría de esos miedos nacen del deseo de protegerle.
Lo importante es que esos miedos no recaigan sobre tu hijo. Puedes hablarlos con tu pareja, con amigos de confianza o con otras familias que hayan pasado por lo mismo. Informarte sobre la diversidad sexual también ayuda a desmontar ideas que quizá traías sin cuestionar. Y recuerda que tu hijo no es menos feliz ni menos capaz de construir una vida plena por su orientación; lo que más pesa en su bienestar es sentirse aceptado, sobre todo en casa. Cuando no se siente así, puede acabar interiorizando el rechazo, algo que explicamos en el artículo sobre homofobia interiorizada.
El resto de la familia
Una de las dudas más habituales es qué hacer con hermanos, abuelos, tíos o la otra figura parental, si no estaba presente. La regla de oro es sencilla: es tu hijo quien decide a quién se lo cuenta y cuándo. No le corresponde a nadie más sacar del armario a otra persona. Pregúntale qué quiere que hagas: si prefiere contarlo él, si quiere que estés a su lado o si le gustaría que lo hicieras tú.
Si algún familiar reacciona mal, tu papel es dejar clara tu postura. No hace falta convertir cada comida en un enfrentamiento, pero sí que tu hijo vea que no vas a permitir burlas ni desprecios hacia él. Para él es muy reparador comprobar que estás de su lado, aunque eso incomode a otros.
Protegerle del acoso
Por desgracia, muchos jóvenes LGTBI sufren insultos, burlas o exclusión en el colegio, en el instituto o en internet. Pregúntale de vez en cuando cómo le va, con quién se relaciona y si alguien le está haciendo daño. Presta atención a cambios como no querer ir a clase, aislarse, tristeza o irritabilidad sin motivo aparente. Si hay acoso, actúa con el centro educativo; puedes repasar cómo en el artículo sobre acoso escolar, y si ocurre en redes, en el de ciberacoso en adolescentes.
Este artículo trata de la orientación sexual. Si lo que tu hijo te ha contado tiene que ver con su identidad de género, es una experiencia distinta, y te puede orientar mejor el artículo sobre identidad de género en adolescentes.
Cuándo puede ayudar un psicólogo
La orientación sexual de tu hijo no es un problema que haya que tratar ni algo que se pueda o se deba cambiar. Las llamadas «terapias de conversión» no tienen aval científico, pueden causar un daño serio y están rechazadas por la psicología profesional. La ayuda psicológica tiene sentido para otras cosas:
- Si tu hijo está sufriendo por rechazo familiar, acoso o discriminación.
- Si notas tristeza persistente, ansiedad, aislamiento o conductas de riesgo.
- Si tú o tu pareja estáis teniendo dificultades para aceptar la noticia y eso está afectando a la relación con vuestro hijo.
- Si en la familia hay posturas enfrentadas que generan tensión constante.
Si en algún momento tu hijo dice que no puede más o habla de hacerse daño, tómalo en serio y busca ayuda de inmediato: puedes llamar al 024 (atención a la conducta suicida, gratuito y 24 h) o al 112 en caso de urgencia.
Acompañar a un hijo en este momento puede remover mucho. Si te ayudaría hablarlo con alguien, en Viving encontrarás psicólogos especializados en apego y vínculo familiar que pueden ayudaros a cuidar la relación y a que tu hijo se sienta seguro en casa.