Alexitimia: qué es no saber identificar lo que sientes

Escrito por Equipo editorial de Viving. Publicado el 20 de octubre de 2026.

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La alexitimia es la dificultad para identificar, distinguir y poner en palabras las propias emociones, junto con un estilo de pensamiento muy centrado en lo externo y lo concreto. No es un diagnóstico ni una enfermedad: es un rasgo de personalidad que se tiene en mayor o menor grado.

La palabra viene del griego y significa, más o menos, "sin palabras para las emociones". La propuso el psiquiatra Peter Sifneos en los años setenta, después de observar que muchos de sus pacientes con problemas psicosomáticos tenían una dificultad muy concreta: notaban que algo les pasaba, pero no sabían decir qué.

Hoy se llega a ella por caminos muy distintos. Hay quien lee el término y piensa "esto soy yo": siempre le preguntan cómo está y solo sabe responder "bien" o "raro". Y hay quien busca porque su pareja, su padre o su hermano parece no expresar nada y quiere entender si es frialdad, desinterés u otra cosa. La respuesta corta para los dos: no es falta de sentimientos, es falta de mapa para leerlos, y ese mapa se puede ir construyendo.

Cómo se nota y qué no es

Los modelos clásicos, como el de Taylor y Bagby, describen la alexitimia con tres componentes. Ayuda verlos por separado porque no siempre pesan igual:

  • Dificultad para identificar emociones. Algo se mueve por dentro, pero no sabes si es enfado, tristeza, miedo o cansancio. A menudo se confunde con sensaciones físicas: "tengo el estómago revuelto", "estoy tenso", sin conectar eso con lo que ha pasado.
  • Dificultad para describirlas a otros. Aunque intuyas algo, no encuentras las palabras. "No sé, estoy normal" es la respuesta por defecto, también cuando no es verdad.
  • Pensamiento orientado hacia fuera. Te resulta más natural hablar de hechos, planes y tareas que de lo que te pasa por dentro. La introspección se vive como algo poco útil o incómodo.

En el día a día suele verse en cosas como:

  • Te sorprenden tus propias reacciones: un estallido de enfado o de llanto que "no viste venir".
  • Te cuesta saber qué te apetece o qué necesitas cuando alguien te lo pregunta.
  • En las discusiones de pareja te piden que digas cómo te sientes y te quedas en blanco.
  • Notas el malestar en el cuerpo —dolores, tensión, insomnio— antes que en la cabeza.
  • Las películas o las conversaciones muy emocionales te resultan ajenas o te cansan.

Y lo que no es:

  • No es no sentir. Las personas con rasgos alexitímicos sienten, a veces con mucha intensidad física. Lo que falla es reconocer y nombrar.
  • No es falta de empatía ni frialdad. Cuesta más leer las emociones de otros si cuesta leer las propias, pero eso no equivale a que no te importe la gente.
  • No es un diagnóstico. No aparece como trastorno en el DSM-5 ni en la CIE-11. Es un rasgo dimensional: todos tenemos algo, y en algunas personas es más marcado.
  • No es autismo, aunque se ha estudiado su relación. Muchas personas autistas tienen rasgos alexitímicos y muchas no; y hay alexitimia sin autismo. Son cosas distintas.

Los profesionales la valoran con instrumentos como la escala TAS-20 (Toronto Alexithymia Scale), que tiene adaptación al español, y con entrevista. Los tests sueltos de internet no sirven para concluir nada; como mucho, para decidir si te interesa explorarlo.

De dónde viene y por qué importa

No hay una única causa. Lo que se describe en la literatura es una combinación de factores:

  • Lo aprendido en casa. En familias donde las emociones no se nombraban, se minimizaban ("no es para tanto") o se castigaban, es fácil crecer sin vocabulario emocional. No por mala intención: nadie enseña lo que no tiene.
  • Experiencias difíciles. Desconectarse de lo que se siente puede ser una forma de protegerse en situaciones duras. Lo que en su momento fue útil puede quedarse como costumbre.
  • Rasgo de personalidad y temperamento. Hay personas más orientadas a lo práctico y menos a la introspección desde siempre.
  • Factores culturales y de género. Mensajes como "los hombres no lloran" no causan alexitimia por sí solos, pero sí empujan a no practicar la habilidad de nombrar lo que se siente.
  • Situaciones transitorias. Tras una enfermedad grave, un trauma o en plena depresión, la conexión con las emociones puede apagarse durante un tiempo. A esto a veces se le llama alexitimia secundaria o de estado.

¿Por qué importa? Porque las emociones son información. Sirven para saber qué necesitas, qué te molesta, dónde poner límites o qué te importa. Sin esa información, es más difícil:

  • Regular el malestar: si no sabes qué sientes, es difícil saber qué te ayudaría. Por eso la alexitimia se ha relacionado en la investigación con más dificultades en ansiedad, depresión, consumo de sustancias o atracones, usados a veces como forma de calmar algo que no se sabe nombrar.
  • Entender el cuerpo: el malestar emocional sin nombre tiende a expresarse en forma de síntomas físicos, que fue precisamente lo que llamó la atención de Sifneos.
  • Las relaciones: la pareja o los amigos pueden interpretar como desinterés lo que es dificultad. Y pedir lo que necesitas —ser asertivo— exige primero saber qué es.

Hay además un dato útil de la investigación básica: poner palabras a una emoción tiende a reducir su intensidad. Estudios con neuroimagen, como el de Lieberman y colaboradores en 2007, observaron que etiquetar verbalmente lo que se siente se asocia con menos actividad en zonas implicadas en la respuesta emocional. Es una de las razones por las que trabajar el vocabulario emocional no es un ejercicio cosmético.

Qué ayuda y qué no

La buena noticia es que identificar y nombrar emociones es una habilidad, y las habilidades se entrenan. No se trata de convertirse en otra persona ni de hablar de sentimientos todo el día, sino de tener un poco más de mapa. Estas pautas son un buen punto de partida; en consulta se trabajan de forma más estructurada.

Qué hacer

  • Empieza por el cuerpo. Si no sabes qué sientes, pregúntate qué notas: calor en la cara, nudo en el estómago, mandíbula apretada, ganas de irte. El cuerpo suele ir por delante y es una puerta de entrada más fácil.
  • Amplía el vocabulario. Usa una lista o rueda de emociones. Pasar de "mal" a "frustrado", "decepcionado" o "agobiado" cambia mucho lo que puedes hacer después.
  • Haz dos o tres paradas al día. Un minuto para preguntarte: ¿qué noto?, ¿qué ha pasado justo antes?, ¿qué nombre le pondría? No hace falta acertar; hace falta practicar.
  • Escribe después de las situaciones intensas. Qué pasó, qué notaste en el cuerpo, qué hiciste y qué emoción podría haber debajo. Con el tiempo aparecen patrones que en caliente no se ven.
  • Conecta emoción con necesidad. Enfado suele señalar algo que te parece injusto o un límite cruzado; tristeza, una pérdida; miedo, una amenaza. Preguntarte "¿qué necesitaría ahora?" convierte la emoción en algo útil.
  • Apóyate en alguien de confianza. Pedir a tu pareja o a un amigo que te diga qué ve en ti ("te noto tenso") puede ayudar a unir lo que sientes con un nombre, siempre que sea desde la curiosidad y no desde el reproche.
  • Considera la terapia. Un psicólogo puede ayudarte a entrenar esta habilidad de forma ordenada y a trabajar lo que haya debajo, si lo hay. Funciona especialmente bien cuando la alexitimia está afectando a la pareja o al malestar físico.

Qué no hacer

  • No te pongas una etiqueta por un test de internet. La alexitimia es un rasgo que valora un profesional. Un cuestionario suelto puede orientarte, pero no te dice qué tienes.
  • No lo tomes como una condena. Es un rasgo dimensional y modificable. Muchas personas mejoran bastante en su capacidad de reconocer lo que sienten con práctica.
  • No fuerces a otra persona a "abrirse". Si es tu pareja o un familiar, presionar con "dime qué sientes" suele bloquear más. Funciona mejor preguntar por lo concreto y dar tiempo.
  • No confundas alexitimia con no querer. Ni en ti ni en los demás. La dificultad para expresar no mide el cariño ni el compromiso.
  • No tapes el malestar sin mirarlo. Comer, beber, trabajar más o estar siempre ocupado pueden calmar algo que no se sabe nombrar, pero impiden descubrir qué era.
  • No esperes un cambio de un día para otro. Como cualquier vocabulario, el emocional se amplía poco a poco. Los primeros avances suelen ser darte cuenta un poco antes de lo que antes.

Cuándo pedir ayuda

Tener dificultades para expresar emociones no es, por sí solo, un problema que haya que tratar. Estas son señales razonables para consultarlo con un profesional, que es quien puede valorarlo:

  • Te está generando conflictos repetidos en la pareja o en la familia, y sientes que no te entienden ni te entiendes.
  • Tienes molestias físicas frecuentes —dolores, problemas digestivos, insomnio— sin explicación médica clara y sospechas que hay algo emocional detrás.
  • Usas la comida, el alcohol, otras sustancias o el trabajo para apagar un malestar que no sabes nombrar.
  • Tienes reacciones intensas que no ves venir y luego no sabes explicar.
  • Va acompañada de ánimo bajo, ansiedad o de la sensación de estar desconectado de todo.
  • Notas que te has ido desconectando después de una experiencia difícil.

Trabajar la identificación y la expresión emocional forma parte de muchos enfoques terapéuticos, y suele notarse no solo en cómo te entiendes, sino en cómo te relacionas.

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Preguntas frecuentes sobre alexitimia

¿Qué es la alexitimia?

Es la dificultad para identificar, distinguir y expresar con palabras las propias emociones, junto con un estilo de pensamiento centrado en lo externo y lo concreto. El término lo propuso el psiquiatra Peter Sifneos en los años setenta. No es un diagnóstico ni una enfermedad: es un rasgo de personalidad que todas las personas tenemos en mayor o menor grado.

¿La alexitimia es un trastorno?

No. No figura como trastorno en el DSM-5 ni en la CIE-11. Se considera un rasgo dimensional, es decir, algo que se tiene en distinto grado. Puede estar presente junto a otros problemas, como ansiedad, depresión o síntomas físicos sin explicación médica clara, y en esos casos conviene tenerla en cuenta en el tratamiento.

¿Cómo saber si tengo alexitimia?

Algunas pistas son quedarte en blanco cuando te preguntan cómo te sientes, notar el malestar en el cuerpo antes que en la cabeza o sorprenderte con tus propias reacciones. Pero solo un profesional puede valorarlo, con entrevista y con instrumentos como la escala TAS-20. Los tests de internet pueden orientarte sobre si te interesa explorarlo, no confirmar nada.

¿Qué relación hay entre alexitimia y autismo?

Se ha estudiado mucho y los rasgos alexitímicos son más frecuentes en personas autistas que en la población general, pero no son lo mismo. Hay personas autistas sin alexitimia y personas con alexitimia que no son autistas. Algunos investigadores proponen que parte de las dificultades emocionales que se atribuían al autismo se explican mejor por la alexitimia.

¿La alexitimia se puede tratar?

Al ser un rasgo, más que tratarse se trabaja. Reconocer y nombrar emociones es una habilidad que se entrena: atender a las señales del cuerpo, ampliar el vocabulario emocional, escribir sobre situaciones intensas y conectar emociones con necesidades. La terapia psicológica ayuda a hacerlo de forma ordenada y a trabajar lo que pueda haber debajo.

Fuentes

  • Sifneos PE. The prevalence of "alexithymic" characteristics in psychosomatic patients. Psychotherapy and Psychosomatics, 1973.
  • Bagby RM, Parker JDA, Taylor GJ. The twenty-item Toronto Alexithymia Scale-I. Item selection and cross-validation of the factor structure. Journal of Psychosomatic Research, 1994.
  • Taylor GJ, Bagby RM, Parker JDA. Disorders of Affect Regulation: Alexithymia in Medical and Psychiatric Illness. Cambridge University Press, 1997.
  • Martínez-Sánchez F. Adaptación española de la escala de alexitimia de Toronto (TAS-20). Clínica y Salud, 1996.
  • Lieberman MD, Eisenberger NI, Crockett MJ, Tom SM, Pfeifer JH, Way BM. Putting feelings into words: affect labeling disrupts amygdala activity in response to affective stimuli. Psychological Science, 2007.
  • Bird G, Cook R. Mixed emotions: the contribution of alexithymia to the emotional symptoms of autism. Translational Psychiatry, 2013.

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Última actualización: 20 de octubre de 2026.

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