Te preguntan cómo estás y contestas «bien» o «normal», no por esquivar la pregunta, sino porque de verdad no sabes qué responder. Notas un nudo en el estómago, el pecho apretado o un cansancio raro, pero no sabes si es tristeza, enfado o miedo. Tu pareja te pide que le digas qué te pasa y te quedas en blanco. Si esto te resulta familiar, quizá te interese conocer la alexitimia: una forma de funcionar en la que reconocer y nombrar las propias emociones cuesta más de lo habitual.
Qué es la alexitimia
La palabra viene del griego y significa, más o menos, «sin palabras para las emociones». No es un trastorno ni un diagnóstico en sí mismo, sino un rasgo de personalidad que se presenta en distintos grados. Todos estamos en algún punto de ese continuo: hay personas que identifican con mucha precisión lo que sienten y otras a las que les cuesta muchísimo.
Quien tiene rasgos alexitímicos suele presentar tres dificultades que se combinan:
- Identificar las emociones: saber si lo que siente es tristeza, rabia, vergüenza o miedo.
- Describirlas a otros: encontrar palabras para contarlo.
- Un estilo de pensamiento muy orientado a lo externo: centrado en hechos, tareas y cosas concretas, con poco interés por explorar lo que pasa por dentro.
Es importante aclarar un malentendido: tener alexitimia no significa no sentir. Las emociones existen y a veces son intensas, pero llegan como una sensación difusa o como un malestar corporal que no se traduce en palabras.
Cómo se nota en el día a día
No hay un perfil único, pero algunas situaciones se repiten mucho:
- Respondes a «¿cómo te sientes?» con lo que has hecho o con lo que piensas, no con lo que sientes.
- Te cuesta saber por qué estás de mal humor; simplemente «estás raro».
- Los conflictos te desconciertan: notas tensión, pero no sabes qué te ha molestado exactamente.
- Ver una película triste o una escena emotiva te deja indiferente, o te remueve sin saber bien qué.
- Te sientes más cómodo resolviendo problemas prácticos que hablando de cómo te afectan.
- A veces explotas de golpe, porque el malestar se ha ido acumulando sin que lo detectaras a tiempo.
La alexitimia puede ser un rasgo estable desde siempre, pero también puede aparecer o acentuarse después de experiencias difíciles, como una forma de protegerse de emociones demasiado intensas. En familias donde no se hablaba de sentimientos o donde expresarlos se castigaba, es frecuente crecer sin ese vocabulario. Si de pequeño escuchaste a menudo «no llores» o «eso no es para tanto», puede que te reconozcas en lo que contamos sobre validar o invalidar lo que siente alguien.
Cuando el cuerpo habla por ti
Una de las características más llamativas es que la emoción se expresa a través del cuerpo. En lugar de «estoy preocupado», aparece dolor de cabeza; en lugar de «estoy triste», un cansancio que no se va. Es frecuente que quien tiene estos rasgos acuda al médico por molestias físicas y le sorprenda descubrir que detrás había tensión emocional. En síntomas físicos de la ansiedad que no reconoces como ansiedad encontrarás ejemplos de esta conexión.
Esto no quiere decir que todo malestar físico sea emocional: si tienes síntomas persistentes, consúltalos con tu médico. Pero sí vale la pena preguntarse qué estaba pasando en tu vida cuando aparecieron.
La alexitimia en la pareja y en las relaciones
Donde más se nota suele ser en las relaciones cercanas. La pareja puede sentir que choca contra un muro, que no sabe qué le pasa al otro o que nunca se habla «de lo importante». Frases como «es que no me cuentas nada» o «parece que te da igual» son habituales, cuando en realidad la persona sí siente, pero no sabe mostrarlo.
También puede costar entender las emociones de los demás, no por falta de interés, sino porque si no reconoces bien las tuyas, leer las ajenas se complica. Por eso la alexitimia está muy relacionada con la empatía y con la inteligencia emocional en general. Si te ocurre, puede ayudar explicarle a tu pareja que no es frialdad, que es algo que estás aprendiendo, y acordar formas sencillas de comunicaros, como avisar con un «no sé qué me pasa, pero algo me pasa».
Ejercicios sencillos para ampliar tu vocabulario emocional
La buena noticia es que identificar emociones es una habilidad que se puede entrenar. Algunas ideas para empezar:
- Empieza por el cuerpo. Varias veces al día, pregúntate: ¿dónde noto algo ahora mismo? ¿Calor, presión, nudo, ligereza? No hace falta interpretarlo aún, solo registrarlo.
- Usa una lista de emociones. En lugar de «bien» o «mal», elige entre palabras más concretas: frustrado, decepcionado, inquieto, aliviado, avergonzado, ilusionado. Tener la lista a mano ayuda mucho al principio.
- Escala del uno al diez. Puntuar la intensidad de lo que notas te ayuda a darte cuenta de matices.
- Diario breve. Al final del día, escribe una situación, lo que notaste en el cuerpo y una posible emoción. Con el tiempo verás patrones.
- Pregúntate qué necesitarías. Si no sabes qué sientes, a veces es más fácil saber qué te apetece: estar solo, hablar, descansar, moverte. La necesidad da pistas sobre la emoción.
- Observa en otros. En series o libros, intenta adivinar qué siente un personaje y por qué. Es un entrenamiento sin presión.
Si a veces la emoción llega de golpe y te desborda, puede servirte también saber cómo calmarte cuando una emoción te desborda.
Cuándo puede ayudarte un psicólogo
La alexitimia no es algo que haya que «arreglar» en sí, pero cuando dificulta tus relaciones, se acompaña de malestar físico frecuente, de ánimo bajo o de ansiedad, o cuando sospechas que tiene que ver con experiencias dolorosas del pasado, merece la pena consultar. En terapia se trabaja de forma gradual: conectar sensaciones con emociones, ampliar el vocabulario, explorar de dónde viene la dificultad y practicar la expresión en un espacio seguro. A muchas personas les sorprende lo mucho que pueden avanzar.
No hace falta saber explicar lo que te pasa para ir al psicólogo: precisamente es algo en lo que te pueden ayudar. Si te cuesta poner nombre a lo que sientes y eso se traduce en tensión o preocupación constante, en Viving puedes encontrar psicólogos especializados en ansiedad y gestión emocional con los que empezar a ponerle palabras.