Hay niños a los que las matemáticas se les dan un poco peor, y hay niños para los que los números son un idioma que no terminan de entender por mucho que lo intenten. Siguen contando con los dedos cuando sus compañeros ya no lo hacen, no saben si 47 es más o menos que 74 sin pararse a pensar, se pierden con las horas o con el cambio en una tienda. A veces detrás hay una dificultad específica del aprendizaje llamada discalculia. Conocerla ayuda a dejar de interpretar ese atasco como pereza o falta de interés, y a acompañar mejor a tu hijo.
Qué es la discalculia
La discalculia es una dificultad específica para aprender y manejar los números y el cálculo, que no se explica por falta de inteligencia, de esfuerzo o de enseñanza. Es a las matemáticas lo que la dislexia es a la lectura: el niño puede ser despierto, curioso y capaz en otras áreas, y aun así tener un atasco persistente con la cantidad, el cálculo o el razonamiento numérico.
No se trata de que no le gusten las matemáticas. Muchos niños con discalculia se esfuerzan muchísimo, estudian más que sus compañeros y aun así olvidan lo aprendido de un día para otro o necesitan mucho más tiempo para operaciones que a otros les salen solas.
Señales que pueden hacerte pensar en ella
Ninguna señal aislada significa nada, pero si varias se repiten durante bastante tiempo, merece la pena fijarse:
- Sigue contando con los dedos para sumas sencillas cuando sus compañeros ya las hacen de memoria.
- Le cuesta estimar cantidades: no sabe a simple vista si hay más elementos en un grupo o en otro, o qué número es mayor.
- Confunde el orden de las cifras o los símbolos de las operaciones.
- No retiene los resultados básicos, como las tablas, aunque los haya repasado muchas veces.
- Tiene dificultades con la vida cotidiana: leer la hora en un reloj de agujas, calcular cuánto falta para algo, manejar dinero, entender un horario o seguir la puntuación en un juego.
- Se pierde en los problemas porque no sabe qué operación tiene que hacer, aunque entienda el texto.
¿Discalculia o simplemente va flojo en mates?
Es una duda muy habitual. Muchos niños tienen rachas malas en matemáticas por un mal curso, un tema que no han entendido, falta de práctica, cansancio o un profesor con el que no conectan. En esos casos, con refuerzo y algo de tiempo, suelen ir avanzando.
En la discalculia, en cambio, la dificultad es persistente, aparece desde las primeras etapas, afecta a las bases (la idea de cantidad, el valor de los números) y no mejora lo esperable aunque haya apoyo y esfuerzo. También hay que tener en cuenta que puede convivir con otras dificultades, como la dislexia o problemas de atención. Si ves señales de inquietud o despiste generalizado, puede interesarte leer sobre el TDAH infantil.
Distinguirlo no es tarea de las familias. Lo importante es no quedarse con la etiqueta de «vago» o «no se esfuerza» cuando lo que ves es un atasco que no cede.
Cómo se valora
El primer paso suele ser hablar con el tutor o la tutora y contar lo que observas en casa. En el colegio pueden comparar con lo que ven en clase y, si lo consideran, pedir una valoración al equipo de orientación del centro. También se puede acudir a un profesional externo especializado en dificultades de aprendizaje, como un psicólogo infantil o un psicopedagogo.
Una evaluación completa no solo mira si hay discalculia. También tiene en cuenta otros aspectos (atención, memoria, lenguaje, estado emocional) para entender bien qué le está pasando y qué apoyos le van a servir. Contar con un informe ayuda a que el colegio pueda hacer adaptaciones y a que en casa sepáis por dónde ir.
El impacto en la autoestima
Para un niño, pasar años sintiendo que no entiende algo que a los demás les sale fácil es duro. Es frecuente que acabe pensando que es tonto, que no vale para estudiar o que haga lo que haga va a suspender. A veces lo esconde con bromas, haciendo el payaso en clase o diciendo que las matemáticas le dan igual.
En casa puedes ayudar mucho si:
- Separas la dificultad de su valor como persona: «a tu cabeza le cuestan los números, pero eres muy bueno explicando cosas, dibujando, inventando historias».
- Valoras el esfuerzo y los avances pequeños, no solo las notas.
- Evitas comparaciones con hermanos o compañeros.
- Cuidas el momento de los deberes para que no se convierta en una batalla diaria. Si os pasa, tienes ideas en el artículo sobre deberes y discusiones en casa.
Es muy parecido a lo que ocurre con la lectura en los niños con dislexia, y puede servirte el enfoque que contamos en dislexia y autoestima.
Cuando aparecen los nervios: la ansiedad ante las matemáticas
Algunos niños, con o sin discalculia, desarrollan mucha ansiedad ante todo lo que tenga que ver con números: dolor de tripa antes de un examen, bloqueo al salir a la pizarra, llanto con los deberes. Esa ansiedad, a su vez, empeora el rendimiento, porque los nervios ocupan la memoria que necesitaría para calcular. Se forma así un círculo difícil de romper.
Bajar la presión ayuda: practicar con juegos de mesa, cocinar midiendo cantidades, contar cosas por la calle, usar apoyos visuales o manipulativos sin vergüenza. En la adolescencia, cuando las notas empiezan a pesar más, esta ansiedad puede intensificarse; te contamos cómo acompañarla en adolescente con ansiedad por las notas.
Cuándo puede ayudar un psicólogo
Merece la pena consultar si:
- Las dificultades con los números se mantienen en el tiempo pese al apoyo y no sabes bien qué pasa.
- Tu hijo o tu hija se siente torpe o inferior, dice cosas muy negativas sobre sí mismo o ha perdido las ganas de ir al colegio.
- Hay ansiedad, bloqueos o malestar físico ante las matemáticas.
- Las tareas escolares están generando conflictos frecuentes en casa.
Un psicólogo infantil puede participar en la evaluación, orientar sobre los apoyos más adecuados, trabajar la ansiedad y ayudar a reconstruir la confianza del niño en sí mismo. También puede acompañar a la familia para que el colegio y la casa vayan en la misma dirección. Si sospechas que su autoestima se está resintiendo en general, más allá de las mates, te puede servir el artículo sobre el niño con baja autoestima.
Una última idea
La discalculia no define lo que tu hijo puede llegar a ser. Con comprensión, apoyos adecuados y un entorno que no le haga sentir menos, muchos niños aprenden estrategias para manejarse con los números y, sobre todo, a no confundir una dificultad con su valor. Si quieres orientación, en Viving puedes encontrar psicólogos especializados en infancia y adolescencia que pueden ayudaros a entender qué está pasando y cómo seguir.