Mi hijo dice que es tonto o feo: cómo responder y cuidar su autoestima

Lápices de colores alineados en abanico sobre una superficie brillante en la que se reflejan sus puntas
Cada niño tiene su propia mezcla de colores; ayudarle a verla es parte de cuidar cómo se habla a sí mismo.

«Soy tonto». «Soy feo». «Todo me sale mal». «Nadie me quiere». Escuchar a tu hijo hablar así de sí mismo duele, y la reacción instintiva suele ser corregirle enseguida: «¡Pero qué dices, si eres guapísimo y listísimo!». Es comprensible, pero a menudo no funciona: el niño insiste, se enfada o deja de contarlo. En este artículo nos centramos en ese momento concreto, cuando tu hijo se insulta a sí mismo: de dónde pueden venir esas frases, cómo responder sin negar lo que siente ni dramatizar, qué tipo de elogio le ayuda y cuándo conviene consultar.

De dónde vienen frases como «soy tonto»

No todas estas frases significan lo mismo. A veces son una forma rápida de expresar frustración: no le sale un ejercicio y, en vez de decir «esto me cuesta y me agobia», dice «soy tonto». Otras veces repiten algo que han oído, a un compañero, en una serie o incluso en casa, cuando un adulto dice de sí mismo «qué torpe soy». Y en ocasiones reflejan una imagen negativa más asentada, construida a partir de comparaciones, burlas o dificultades que se repiten.

Algunos factores que pueden influir:

  • Comparaciones constantes con hermanos, primos o compañeros, aunque sean bienintencionadas.
  • Dificultades de aprendizaje que hacen que el colegio le cueste más que a otros; por ejemplo, ocurre a menudo con la dislexia.
  • Comentarios sobre su cuerpo, de otros niños o de adultos, que se quedan grabados.
  • Una exigencia muy alta, propia o del entorno.
  • Situaciones de exclusión o burla en el colegio o en sus actividades.

Cómo responder en el momento: ni negar ni dramatizar

Cuando un niño dice «soy tonto», negar en bloque («no es verdad») suele cerrar la conversación, porque él siente que no le entiendes. Alarmarse en exceso («¡no vuelvas a decir eso!») puede hacer que aprenda a callarlo. Lo que suele funcionar mejor es algo intermedio:

  • Acoge la emoción que hay debajo: «Parece que estás muy frustrado con estos deberes».
  • Separa la acción de la persona: «Este problema de mates te está costando; eso no significa que seas tonto».
  • Pregunta con curiosidad: «¿Qué te ha hecho pensar eso hoy?». Puede que descubras un comentario de clase o una situación concreta.
  • Ofrece otra forma de decirlo: «En vez de "soy tonto", ¿qué tal "esto todavía no me sale"?».
  • No discutas su percepción en caliente: espera a que esté más tranquilo para hablar con calma.

La idea no es convencerle de que es maravilloso, sino que se sienta escuchado y vaya aprendiendo a hablarse de manera más justa. En el artículo sobre validar o invalidar a quien sufre encontrarás más ejemplos de frases que ayudan y frases que, sin querer, alejan.

Cuando la frase es «soy feo»

Las frases sobre el aspecto físico merecen un cuidado especial. Responder solo con «eres guapísimo» puede reforzar la idea de que lo importante es cómo se ve. Ayuda más reconocer lo que siente («parece que hoy no te gusta cómo te ves») y, poco a poco, ampliar la mirada: lo que su cuerpo le permite hacer, lo que le gusta de sí mismo más allá del espejo, las cualidades que los demás valoran en él.

Conviene revisar también cómo se habla del cuerpo en casa: comentarios sobre dietas, sobre el peso de otros o sobre los propios «defectos». Los niños toman nota. Si la preocupación está relacionada con el peso, puede servirte el artículo sobre cómo hablar de un hijo con sobrepeso sin dañar su autoestima.

El elogio que ayuda: esfuerzo y proceso

No todos los elogios tienen el mismo efecto. Los que se centran en rasgos fijos («qué listo eres») pueden generar presión: si no le sale algo, quizá concluya que ya no es listo. Los que se centran en el esfuerzo, la estrategia y el progreso le transmiten que puede mejorar:

  • «Has probado tres maneras distintas hasta que te ha salido.»
  • «Te ha costado, pero no lo has dejado.»
  • «Fíjate en cómo dibujabas al principio de curso y cómo dibujas ahora.»

También ayuda que el elogio sea sincero y concreto, en lugar de repetir «muy bien» por todo. Y que tu hijo vea que los adultos también se equivocan y lo afrontan sin insultarse: decir en voz alta «me he equivocado, voy a intentarlo otra vez» enseña más que muchas charlas.

No es lo mismo que el perfeccionismo

A veces el «soy tonto» aparece en niños muy exigentes consigo mismos, que se frustran si algo no sale perfecto. Si tu hijo borra una y otra vez, rompe dibujos o no quiere intentar nada en lo que no destaque, te puede ayudar el artículo sobre el niño perfeccionista; y si lo que más le bloquea es fallar delante de otros, el de miedo a equivocarse en clase. Para una visión más amplia de cómo se construye la autoestima infantil en el día a día, puedes leer cómo ayudar a un niño con baja autoestima.

Cuándo prestar más atención

Que un niño diga alguna vez «soy tonto» cuando algo le sale mal es bastante habitual. Conviene observar con más detalle si:

  • Las frases negativas sobre sí mismo son muy frecuentes o cada vez más duras.
  • Evita intentar cosas nuevas por miedo a «hacer el ridículo».
  • Está más triste, irritable o retraído, o ha perdido interés por lo que le gustaba.
  • Hay indicios de burlas o exclusión en el colegio, como cuando no le invitan a los cumpleaños de clase de forma repetida.
  • Dice cosas como que preferiría no existir o que todo sería mejor sin él.

Este último punto merece consulta sin esperar, aunque lo diga en un momento de enfado: habla con su pediatra o con un profesional de la salud mental infantil. Si en algún momento te preocupa que pueda hacerse daño, puedes llamar al 024 (atención a la conducta suicida, gratuito y 24 h) o al 112 en caso de urgencia.

Si la forma en que tu hijo habla de sí mismo te preocupa, si dura semanas o afecta a su día a día, un psicólogo infantil puede ayudarle a entender lo que siente y a construir una visión más amable de sí mismo, y orientaros a vosotros sobre cómo acompañarle desde casa y en coordinación con el colegio.

En Viving puedes encontrar psicólogos especializados en psicología infantil y juvenil que trabajan online con niños y familias.

Preguntas frecuentes

¿Es normal que un niño diga que es tonto?

Es bastante habitual que lo diga alguna vez cuando algo le sale mal, como forma de expresar frustración. Conviene prestar más atención si es muy frecuente o cada vez más duro.

¿Qué le respondo cuando dice que es tonto o feo?

Mejor no negarlo en bloque ni alarmarse. Acoge la emoción, separa la dificultad concreta de su valía como persona y pregunta con curiosidad qué le ha hecho pensarlo.

¿Es malo decirle que es muy listo?

No es malo, pero el elogio centrado en el esfuerzo, la estrategia y el progreso suele ayudar más, porque le transmite que puede mejorar cuando algo le cuesta.

¿Cuándo consultar con un psicólogo?

Si las frases negativas duran semanas, evita intentar cosas nuevas, está más triste o aislado, o dice que preferiría no existir, conviene consultar sin esperar.

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