«Me voy a volver loco». Es una de las frases que más se repiten en plena crisis de ansiedad, y también una de las que más se buscan después, a solas, con el móvil en la mano. Llega acompañada de sensaciones raras: notar el mundo como a través de un cristal, pensamientos que no reconoces como tuyos, la cabeza que va demasiado rápido. Y como no sabes qué te está pasando, el miedo a perder el control se suma a todo lo demás. Si te has sentido así, no eres el único: es un temor muy frecuente en personas con ansiedad, y entender de dónde sale suele quitarle buena parte de su fuerza.
Por qué aparece el miedo a volverse loco
La ansiedad es una reacción de alarma. Cuando se dispara con mucha intensidad, el cuerpo y la mente se preparan para un peligro: se acelera el corazón, cambia la respiración, la atención se estrecha y se pone a buscar amenazas. Muchas de esas sensaciones son desconocidas e intensas, y la mente, que necesita explicarlas, salta a la interpretación más temible: «algo grave le pasa a mi cabeza».
Es el mismo mecanismo que lleva a pensar en un infarto durante una crisis de pánico, solo que aplicado a la mente. El miedo a enloquecer no suele aparecer porque estés perdiendo la razón, sino porque la ansiedad está produciendo experiencias tan extrañas que tu cerebro no encuentra otra explicación.
Las sensaciones que lo alimentan
Hay varias experiencias típicas de la ansiedad intensa que suelen estar detrás de este miedo:
- Sentir que nada es real o que te ves desde fuera. Es la despersonalización y la desrealización, una especie de desconexión protectora que el cerebro activa ante el exceso de alarma. Te lo contamos a fondo en despersonalización y desrealización: cuando sientes que nada es real.
- Pensamientos que te asustan. Imágenes o ideas que no quieres tener y que te hacen preguntarte «¿y si soy capaz de esto?». Son pensamientos intrusivos, y precisamente porque te generan rechazo dicen poco de lo que quieres hacer. Lo explicamos en pensamientos intrusivos: cuándo consultar.
- Cabeza acelerada o en blanco. Pensar muy deprisa sin poder parar, o lo contrario, no poder concentrarte ni recordar algo sencillo.
- Sensaciones físicas extrañas. Mareo, visión rara, hormigueos, sensación de irrealidad en el cuerpo. Muchas de ellas pasan desapercibidas como ansiedad; en síntomas físicos de ansiedad que no reconoces tienes una lista.
Ansiedad no es perder la razón
Hay una diferencia importante que conviene tener presente. En la ansiedad, por muy intensa que sea, sabes que algo raro está pasando y te preocupa. Te preguntas si te estás volviendo loco, vigilas tus pensamientos, te asusta lo que sientes. Esa capacidad de darte cuenta y de preocuparte es justamente una señal de que tu juicio sigue funcionando.
Los problemas de salud mental en los que la persona pierde el contacto con la realidad suelen presentarse de otra manera: quien los vive no suele dudar de sus ideas extrañas ni temer estar perdiendo la cabeza, sino que las da por ciertas. Por eso los profesionales no se preocupan por el miedo en sí, sino que lo entienden como algo muy característico de la ansiedad. Esto no significa que tengas que autoevaluarte; si tienes dudas, lo adecuado es consultarlo. Pero sí puede ayudarte a mirar ese miedo con algo más de distancia.
Qué ayuda cuando aparece
Durante una crisis, el objetivo no es convencerte a la fuerza de que estás bien, sino dejar que la ola pase sin alimentarla:
- Ponle nombre. «Esto es ansiedad, y la ansiedad da estas sensaciones». Decirlo, aunque no te lo creas del todo, cambia la forma en que el cerebro lo procesa.
- Vuelve al cuerpo y al presente. Siente los pies en el suelo, nombra cinco cosas que ves, toca algo con textura. Respira algo más despacio, alargando la salida del aire.
- No discutas con cada pensamiento. Intentar demostrarte que no estás loco suele convertirse en un bucle. Observa el pensamiento como algo que pasa, sin entrar a debatirlo.
- Deja que la intensidad baje sola. Las crisis tienen un pico y luego descienden. Si quieres una guía práctica, en qué hacer durante un ataque de pánico: guía paso a paso la tienes completa.
Lo que suele empeorarlo
Algunas estrategias alivian en el momento pero mantienen el miedo a medio plazo. Buscar en internet síntomas de enfermedades mentales es la más habitual: cada búsqueda trae una nueva duda, como ocurre con la ansiedad por la salud y las búsquedas en internet. También preguntar una y otra vez a otras personas si te notan raro, evitar lugares donde tuviste una crisis o vigilar constantemente lo que piensas. Cuanto más compruebas, más importante se vuelve el miedo para tu cerebro.
El consumo de alcohol, cannabis u otras sustancias para calmarte también puede empeorar la sensación de irrealidad y la ansiedad en los días siguientes.
Cuándo puede ayudarte un psicólogo
Merece la pena pedir ayuda si las crisis se repiten, si pasas mucho tiempo con miedo a que vuelvan, si estás dejando de hacer cosas por ello o si los pensamientos y sensaciones te angustian buena parte del día. La terapia cognitivo-conductual tiene mucha experiencia con este tipo de miedos: ayuda a entender el mecanismo, a dejar de luchar contra las sensaciones y a recuperar la confianza en tu propia mente. Si tienes dudas sobre algún síntoma físico, consulta también con tu médico para descartar otras causas.
Si alguna vez notas que tus ideas cambian de forma muy rara y las personas cercanas también lo perciben, o aparecen pensamientos de hacerte daño, busca atención cuanto antes: el 024 (atención a la conducta suicida, gratuito y 24 h) y el 112 están disponibles.
Sentir que te vas a volver loco es aterrador, pero suele ser la ansiedad hablando más alto de lo que debería. Si quieres aprender a bajarle el volumen, en Viving puedes encontrar psicólogos especializados en ataques de pánico y ansiedad que te acompañen paso a paso.