Entras a media mañana, sales tras el servicio de comidas, vuelves por la tarde y cierras pasada la medianoche. En verano encadenas semanas sin un día libre y en invierno, si trabajas en una zona turística, te preguntas si habrá contrato el año que viene. Trabajar en hostelería tiene cosas buenas, como el ritmo, el trato con la gente o el compañerismo del equipo, pero también un nivel de exigencia que pocas veces se reconoce. Si trabajas en un bar, un restaurante, un hotel o un chiringuito y notas que el cansancio se te está acumulando, este artículo es para ti.
Qué hace que la hostelería sea tan exigente
No es un trabajo duro por un solo motivo, sino por la suma de varios. Hay esfuerzo físico, muchas horas de pie, calor en cocina, prisas constantes. Hay presión emocional, porque tienes que mantener la sonrisa aunque el día vaya mal. Y hay una organización del tiempo que choca con la de la mayoría de la gente: trabajas cuando los demás descansan y descansas cuando los demás trabajan.
Todo eso, mantenido en el tiempo, puede pasar factura a la salud mental aunque te guste lo que haces.
La temporada alta: meses a todo gas
En muchas zonas de España el trabajo se concentra en unos pocos meses. Durante la temporada se trabaja a un ritmo muy intenso, con pocos descansos y la sensación de que hay que aprovechar porque después vendrá la calma o el paro. Al terminar, muchas personas cuentan una especie de bajón: el cuerpo, que ha aguantado gracias a la adrenalina, se desploma, y aparecen el cansancio, la apatía o la preocupación económica por los meses sin ingresos.
Ayuda planificar ese después durante la propia temporada: pensar cómo vas a descansar, cómo vas a organizar el dinero y qué actividades te gustaría retomar. Así el final no llega como un vacío.
Horarios partidos, sueño y descanso
El horario partido, con un hueco de varias horas entre turnos, parece que da tiempo libre, pero a menudo no es suficiente para descansar de verdad ni para hacer otras cosas. Y el cierre a altas horas hace que el cuerpo siga activado cuando llegas a casa: cuesta dormirse, te despiertas pronto y el sueño se vuelve irregular.
Algunas pautas que pueden ayudar:
- Crear un pequeño ritual al terminar el turno para pasar del modo trabajo al modo descanso: una ducha, ropa cómoda, luz tenue.
- Mantener horarios de sueño lo más estables posible, también en los días libres.
- Aprovechar el hueco del horario partido para algo que te recargue de verdad, no solo para mirar el móvil.
- Cuidar la alimentación en lugar de picar lo que hay a mano entre comandas.
Si tus turnos incluyen noches o rotan con frecuencia, en el artículo sobre el trabajo a turnos y nocturno profundizamos en cómo afecta y qué ayuda. Y si el problema principal es que no consigues dormir, puedes leer sobre el insomnio por estrés.
Clientes difíciles y desgaste emocional
El cliente que grita porque el plato tarda, el que trata con desprecio o el que exige lo imposible. En hostelería se gestiona mucho malestar ajeno, y además hay que hacerlo con buena cara. Ese esfuerzo de contener lo que sientes para mostrar otra cosa se llama trabajo emocional y, acumulado, cansa tanto o más que el esfuerzo físico.
Algunas ideas para que no se te quede dentro:
- Recordar que el enfado de un cliente rara vez es algo personal; suele tener que ver con su día, no contigo.
- Apoyarte en el equipo: comentar lo que ha pasado con un compañero ayuda a descargar.
- Tener claro qué comportamientos no tienes por qué tolerar y a quién puedes acudir cuando se cruza un límite.
Los roces dentro del propio equipo también pesan en un ambiente de mucha presión. Si es tu caso, te puede servir el artículo sobre cómo convivir con un compañero difícil.
Una vida social que se desplaza
Cuando tus amigos quedan el viernes por la noche, tú estás trabajando. Cuando tú libras un martes, ellos están en la oficina. Con el tiempo, el ocio se va desplazando: te relacionas sobre todo con gente del sector, pierdes contacto con otras amistades o te cuesta mantener una relación de pareja con horarios opuestos. Muchas personas en hostelería describen una sensación de vivir a contrapié del resto.
Cuidar esos vínculos requiere algo de intención: buscar planes en tus días libres, proponer actividades de mañana, explicar a tu gente cómo son tus horarios para que entiendan tus ausencias.
El alcohol como vía de escape
En un sector donde el alcohol está siempre cerca y donde es habitual tomar algo al cerrar para bajar revoluciones, es fácil que una costumbre social se convierta en la principal forma de desconectar. Una copa después de un servicio agotador parece inofensiva, pero cuando se vuelve imprescindible para relajarte o para dormir, conviene mirarlo con atención.
Si te reconoces en esto, el artículo sobre beber para relajarte explica por qué a corto plazo parece que funciona y por qué a la larga suele empeorar la ansiedad y el sueño.
Cuándo puede ayudarte un psicólogo
Puede ser buen momento para consultar si el cansancio no se va ni en los días libres, si estás irritable o apagado la mayor parte del tiempo, si duermes mal de forma continuada, si el final de cada temporada te deja hundido, si necesitas alcohol u otras sustancias para desconectar o si sientes que tu trabajo se ha comido el resto de tu vida.
En terapia se puede trabajar la gestión del estrés y del desgaste emocional, la organización del descanso y la búsqueda de formas de desconectar que no te pasen factura. Hacerlo en línea facilita encajar las sesiones en horarios poco convencionales.
Si tu trabajo en hostelería te está desgastando más de la cuenta, puedes hablar con uno de nuestros psicólogos especializados en estrés en el horario que mejor te encaje.