De repente se va la luz. No solo en tu casa, sino en todo el barrio, en la ciudad o en buena parte del país. El móvil apenas tiene cobertura, los semáforos no funcionan, no sabes cuánto va a durar ni qué está pasando. O quizá es un corte de agua prolongado, una alerta que suena a la vez en todos los móviles o una emergencia que paraliza la rutina de miles de personas. Aunque la situación se resuelva en unas horas, es frecuente que después quede un poso de inquietud: una sensación de fragilidad que antes no estaba ahí. Este artículo trata de esa ansiedad posterior y de cómo manejarla sin quedarte atrapado en ella.
Por qué una emergencia colectiva deja huella
Vivimos rodeados de sistemas que funcionan sin que pensemos en ellos: la electricidad, el agua, internet, el transporte. Cuando fallan todos a la vez, aunque sea por poco tiempo, se rompe algo más que la rutina. Se rompe la sensación de que el mundo es previsible y está bajo control.
Hay varios elementos que hacen que este tipo de situaciones afecten tanto:
- La incertidumbre. No saber qué ha pasado ni cuánto va a durar suele generar más ansiedad que la situación en sí.
- La desconexión. No poder hablar con tus seres queridos ni informarte multiplica la preocupación.
- La falta de control. No hay nada que puedas hacer para que vuelva la luz o el agua; solo esperar.
- El contagio emocional. Ver a otras personas nerviosas, rumores en la calle o colas en los supermercados alimenta la sensación de peligro.
Qué es normal sentir después
Una vez superada la emergencia, muchas personas notan durante días una mezcla de reacciones que puede sorprenderles:
- Pendiente constante de si la luz parpadea o de si el móvil tiene cobertura.
- Pensamientos del tipo «¿y si vuelve a pasar?» o «¿y si la próxima vez es peor?».
- Dificultad para dormir o sensación de alerta por la noche.
- Necesidad de revisar las noticias una y otra vez buscando explicaciones.
- Impulso de comprar y almacenar cosas «por si acaso».
Estas reacciones son comprensibles y, en la mayoría de los casos, se van suavizando a medida que la vida recupera su ritmo. El problema aparece cuando se mantienen en el tiempo y empiezan a condicionar tu día a día. Gran parte de esa inquietud tiene que ver con la ansiedad anticipatoria: la mente intenta prepararse para algo que todavía no ha ocurrido.
Prepararse con sensatez frente a acumular por miedo
Tras una emergencia, es razonable revisar si tienes en casa algunas cosas básicas para afrontar unas horas o un par de días sin suministros. Tenerlas puede dar tranquilidad. Por ejemplo:
- Una linterna y pilas de repuesto.
- Una radio que funcione a pilas, para poder informarte sin internet.
- Una batería externa cargada para el móvil.
- Algo de agua embotellada y alimentos que no necesiten cocinarse.
- Los medicamentos que tomas habitualmente y algo de dinero en efectivo.
- Los teléfonos importantes apuntados en papel.
La diferencia entre preparación y ansiedad no está tanto en lo que compras como en para qué lo haces y cómo te sientes después. Prepararse con sensatez es hacer una lista, completarla y seguir con tu vida. La ansiedad, en cambio, empuja a comprar cada vez más, a revisar una y otra vez lo que tienes y a sentir que nunca es suficiente. Si notas que el armario de emergencia no te tranquiliza, sino que alimenta el miedo, es una señal para parar y mirar qué está pasando por dentro.
Cómo frenar la espiral de información
Después de una emergencia es lógico querer entender qué ocurrió. Pero leer sin parar teorías, opiniones y titulares alarmistas suele aumentar la ansiedad en lugar de calmarla. Algunas ideas:
- Informarte en fuentes oficiales y en medios fiables, en momentos concretos del día.
- Desconfiar de los mensajes reenviados en cadena que no indican su origen.
- Preguntarte, antes de abrir otra noticia, si te va a ayudar a hacer algo o solo a preocuparte más.
Si te reconoces enganchado a las noticias, te puede interesar este artículo sobre el doomscrolling.
Hablar con los niños de lo que ha pasado
Los niños viven estas situaciones a su manera. Para algunos un apagón puede ser casi una aventura; otros se asustan con la oscuridad, el silencio o el nerviosismo de los adultos. Lo que más les ayuda es:
- Explicarles con palabras sencillas qué ha ocurrido y que ya se ha solucionado.
- Transmitir calma, aunque tú también estés nervioso. Puedes reconocer que te asustaste un poco, sin cargarles con tus preocupaciones.
- Implicarles en la preparación de forma tranquila, como un juego: dónde está la linterna, qué hacemos si se va la luz.
- Evitar que escuchen conversaciones adultas cargadas de catastrofismo.
Si tras la emergencia aparecen miedos nuevos que no ceden, como no querer dormir solo o pedir la luz encendida toda la noche, dales tiempo y paciencia, y consulta si se mantienen durante semanas.
Qué hacer si la ansiedad aparece de golpe
Algunas personas sienten una ansiedad muy intensa en el momento del apagón o cuando algo se lo recuerda: el corazón acelerado, sensación de ahogo, miedo a perder el control. Si te ocurre, puede ayudarte conocer qué hacer durante un ataque de pánico y algunas pautas para calmarte cuando una emoción te desborda. Respirar despacio alargando la salida del aire, centrarte en lo que ves y oyes a tu alrededor y recordarte que la sensación es intensa pero pasajera son recursos sencillos que suelen funcionar.
Si la emergencia fue más grave, con daños, heridos o pérdidas, la huella puede ser mayor. En ese caso, este artículo sobre catástrofes naturales y trauma puede serte útil.
Cuándo pedir ayuda profesional
Conviene consultar si, pasadas unas semanas, la preocupación por que vuelva a ocurrir sigue ocupando gran parte de tu día, si te cuesta dormir, si has empezado a evitar situaciones (salir de casa, usar el ascensor, alejarte de ciertos lugares) o si las compras y revisiones «por si acaso» se han convertido en algo que no puedes controlar. A veces una emergencia colectiva despierta una ansiedad que ya estaba ahí de fondo. Un psicólogo puede ayudarte a entender qué ha removido esa experiencia y a recuperar una sensación de seguridad más realista.
Sentirse vulnerable tras una emergencia es humano; quedarse atrapado en el miedo no tiene por qué ser inevitable. Si necesitas apoyo, en Viving puedes contactar con psicólogos especializados en ansiedad.