Te levantas de la silla y notas que el suelo se mueve un poco. Vas por la calle y tienes la sensación de flotar, como si la cabeza fuera algo separada del cuerpo. O estás en un supermercado lleno de gente y de repente todo parece inestable. La ansiedad puede producir mareos y sensación de inestabilidad, y son de los síntomas que más miedo dan, porque es fácil pensar en algo grave. Precisamente por eso, el orden importa: primero se descartan las causas médicas y, después, se trabaja la parte emocional.
Lo primero: descartar causas médicas
El mareo es un síntoma muy inespecífico. Puede deberse a la tensión baja, a levantarse demasiado deprisa, a no haber comido, a deshidratación, a anemia, a problemas del oído interno, a efectos de algún medicamento, a alteraciones del ritmo cardiaco y a muchas otras causas. Ninguna lista leída en internet sustituye la valoración de un médico, así que si los mareos son nuevos, frecuentes o te preocupan, pide cita con tu médico de cabecera antes de dar por hecho que es ansiedad.
Conviene distinguir, además, entre tipos de mareo. La sensación de que todo gira a tu alrededor (vértigo) suele tener un origen diferente al de la inestabilidad difusa o la cabeza «hueca» que se asocia con la ansiedad. Explicárselo a tu médico con detalle (cuándo aparece, cuánto dura, qué lo empeora) ayuda a orientar la consulta.
Señales de urgencia: cuándo llamar al 112
Hay situaciones en las que no se debe esperar ni intentar calmarse a solas. Llama al 112 o acude a urgencias si el mareo llega de forma brusca y se acompaña de alguno de estos signos:
- Pérdida de fuerza o adormecimiento en un lado del cuerpo, la cara torcida o dificultad para hablar o entender.
- Visión doble o pérdida de visión repentina.
- Dolor de cabeza muy intenso y súbito, distinto a los habituales.
- Dolor u opresión en el pecho, falta de aire importante o palpitaciones muy irregulares.
- Desmayo o pérdida de conocimiento, sobre todo si te has golpeado la cabeza.
- Mareo tras un traumatismo o con fiebre alta y rigidez de cuello.
Aunque tengas antecedentes de ansiedad, ante cualquiera de estas señales lo prudente es pedir ayuda médica inmediata. Si después resulta que era ansiedad, no habrás hecho nada mal: habrás hecho lo correcto. En el artículo ataque de pánico o problema de corazón: cómo saber desarrollamos esta misma idea para el dolor en el pecho.
Por qué la ansiedad puede marearte
Cuando ya se han descartado otras causas, hay varios mecanismos que explican por qué la ansiedad se nota como mareo:
- La respiración acelerada. En momentos de tensión es habitual respirar más rápido o más profundo de lo que el cuerpo necesita, a menudo sin darte cuenta. Esa hiperventilación cambia el equilibrio de gases en la sangre y puede dar mareo, hormigueo en manos o labios, sensación de irrealidad o de falta de aire, aunque en realidad estés tomando aire de sobra.
- La tensión muscular. El cuello y los hombros contraídos durante horas pueden contribuir a la sensación de cabeza pesada o inestable.
- La hipervigilancia. Cuando estás pendiente de tu cuerpo, notas pequeñas oscilaciones normales del equilibrio que en otro momento pasarían desapercibidas, y las interpretas como algo peligroso. Lo explicamos en el artículo sobre hipervigilancia.
- El cansancio y el sueño escaso. Las temporadas de estrés suelen ir de la mano de dormir mal y comer a deshoras, dos factores que por sí solos ya favorecen el mareo.
El círculo del miedo al mareo
Lo que mantiene el problema suele ser menos el mareo en sí que el miedo a él. Notas una ligera inestabilidad, piensas «me voy a desmayar» o «me está pasando algo malo», te asustas, respiras más deprisa y el mareo aumenta. Ese aumento confirma la sospecha y el ciclo se refuerza. Es uno de los motores habituales de las crisis de pánico, que tratamos en qué hacer durante un ataque de pánico.
Con el tiempo pueden aparecer conductas de seguridad: ir siempre agarrado a algo, no salir sin compañía, evitar supermercados, transporte público o espacios abiertos, llevar agua o caramelos «por si acaso». Son comprensibles, pero si se extienden pueden ir cerrando tu vida y acercarse a lo que se conoce como agorafobia. Detectarlo pronto facilita mucho darle la vuelta.
Qué puede ayudarte cuando aparece
Una vez que tu médico ha descartado otras causas, estas pautas suelen ayudar a que el episodio pase antes y con menos miedo:
- Bajar el ritmo de la respiración. No se trata de coger más aire, sino de soltarlo despacio. Exhalar con calma, como si soplaras una vela sin apagarla, ayuda a compensar la hiperventilación.
- Apoyarte en el suelo. Siéntate o pon los pies bien firmes, nota el contacto con la silla y fija la vista en un punto estable.
- Nombrar lo que pasa. Decirte «esto es la ansiedad, es desagradable, pero pasa» en lugar de «me voy a caer» reduce la escalada.
- No huir de inmediato. Si puedes, quédate un momento en la situación hasta que la intensidad baje. Así el cerebro aprende que el mareo no termina en catástrofe.
- Cuidar lo básico. Comer a horas regulares, hidratarte, dormir lo suficiente y moderar el café y el alcohol reduce el terreno para los mareos.
Cuándo pedir ayuda profesional
Conviene consultar con un psicólogo si los mareos por ansiedad se repiten, si vives pendiente de cuándo llegará el siguiente, si has empezado a evitar lugares o actividades por miedo a marearte o si la preocupación por tu salud ocupa gran parte del día. En terapia se trabaja con las interpretaciones catastróficas, con la respiración y con la exposición gradual a las sensaciones y situaciones temidas, siempre a tu ritmo y una vez descartado el origen médico.
Recuerda que la coordinación con tu médico sigue siendo importante: si aparecen síntomas nuevos o diferentes, vuelve a consultar. Trabajar la ansiedad no significa ignorar el cuerpo, sino aprender a escucharlo sin que el miedo decida por ti.
Si los mareos han empezado a condicionar tu día a día, en Viving puedes encontrar psicólogos especializados en ataques de pánico que te ayudarán a romper el círculo del miedo y a recuperar la seguridad para moverte con libertad.